¿Quién tiene la culpa?
Desde muy pequeña, Catrina se soñaba con el día en que podría ser madre. Siempre, cuando alzaba un bebé, se imaginaba que era suyo propio, y se llenaba de esa misteriosa emoción materna. Ahora, al fin se realizaban sus sueños. Había dado a luz a una niña.
A su bebecita le puso por nombre Dana. La estrechaba amorosamente y le susurraba palabras de cariño: «Cuánto te amo, hijita. Te cuidaré bien, y siempre te daré lo mejor». A su madre la bebé le parecía tan tierna, tan bella y tan inocente.
El noviazgo como se practica en la actualidad es realmente una invención humana. En la Palabra de Dios no se menciona la palabra «noviazgo», ni hay alguna referencia a una relación entre hombre y mujer o dinámica similar al noviazgo tal como se entiende ahora. Las palabras «Novia» y «Novio» aparecen en el Antiguo Testamento para referirse a quienes contraen nupcias en una boda. En el libro de Cantares se usa la palabra «amiga», pero no es una «girlfriend» como se conoce ahora, sino que se refiere a la esposa.
Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él
Un libro muy vendido hace unos años atrás alababa la filosofía de que «para criar bien a un niño, lo único que se necesita es una aldea».