Requisitos para integrar el ministerio de Alabanza y Adoración
Vivimos en tiempos donde todo es muy acelerado, la globalización, celulares, televisión, Internet, etc. Nos invitan al famoso: llame ya, adelgace ya. Creo que éstas corrientes tal vez han ingresado en nuestras iglesias buscando cierta celeridad en distintos procesos que a veces desemboca en “ministre ya”, olvidando la esencia de cada actividad.
La música tiene un poder tan grande en nuestras vidas que puede despertar los sentimientos mas sublimes, como también impulsar a la violencia y hasta todo tipo de pasiones carnales.
Si ha seguido esta serie de artículos, habrá visto que el Orden Divino en la alabanza y la adoración a Dios está prefigurado en el Antiguo Testamento en el Altar del Incienso del Tabernáculo y que nos exige santidad en sus tres elementos ministeriales: 1) el incienso (correspondiente a la letra de nuestra alabanza que siempre debe estar acorde con la Palabra de Dios); 2) el fuego (la música, que debe ser espiritual); 3) el sacerdote (el intérprete o el adorador que debe tener un corazón correcto). Dios no acepta incienso, fuego ni sacerdote extraños, lo que significa que hay una letra correcta, una música correcta y un adorador correcto que al Señor le agrada (al final del artículo están las ligas a los artículos anteriores de esta serie).
El tercer elemento que encontramos con respecto a la santidad del Altar del Incienso es quién ministra la adoración. Solo los descendientes de Aarón (tribu de Leví) podían ofrecer sahumerio en el altar. Cuando Coré, sin ser sacerdote levita, quiso usurpar el sacerdocio de Aarón, y ofrecer su propio sacrificio fue tragado por la tierra con toda su familia; y los hombres que le siguieron fueron consumidos por el fuego de Dios (Num. 16). Esto nos habla que solo la alabanza de un hijo de Dios, de un espíritu redimido, es aceptable delante del Señor. Por eso Pr. 15:8 dice que el sacrificio de los impíos es abominación a Jehová.
¿Cómo reconocer la música espiritual? ¿Cómo saber si la música utilizada en nuestras iglesias es correcta para alabar a Dios? Algunos piensan que la música es amoral, que por tratarse de un arte no es posible calificarla como mala o buena, pero esto es en realidad un error. La música es una expresión del espíritu de quien la crea y ministra directamente al espíritu de quien la escucha. Por esa razón Saúl recibía refrigerio en su espíritu cuando David tocaba el arpa (1° S. 16:23). Por eso es muy importante aprender a distinguir el fuego extraño en nuestra alabanza (ver entrega anterior).
El segundo elemento que encontramos referente a la santidad del Altar del Incienso es el fuego de Dios que quema el incienso para elevar el aroma correcto. El fuego debía tomarse del altar de los sacrificios y ser depositado en el incensario del sacerdote para que éste lo pudiera mecer y así llenar toda la casa del Señor con un aroma delicado. El fuego del altar, es figura de la música que proviene de Dios. La música es un catalizador que eleva la adoración de los santos. El fuego es muy importante y Dios se refiere en tres ocasiones al “fuego extraño” que los hijos de Aarón ofrecieron a Jehová (Lev. 10:11; Num. 4:4; 26:61).
El Altar del Incienso del Tabernáculo de Moisés nos muestra el orden divino para la adoración (Ex. 30:1-10). Aunque no estaba dentro del lugar santísimo, donde se encontraba el Arca del Pacto y donde descendía la presencia de Dios, era el mueble más cercano a ese lugar, solo separado por un velo (He. 9:4, se refiere a él como un mueble perteneciente al lugar santísimo). Cuando Jehová le ordena a Moisés que construya ese altar, le da instrucciones precisas sobre sus dimensiones y los materiales con los que debía estar fabricado. El Altar del Incienso, situado frente al Arca del Pacto, es una figura de nuestra adoración dirigida a nuestro Señor Jesucristo.
Un día, un amigo de la familia nos visitó en la casa de mis padres. Después de disfrutar de la comida tomó una guitarra y nos enseñó una bonita canción en zapoteco (una lengua indígena de la región del Istmo de Tehuantepec, muy antigua, de sonidos suaves y musicales). Sin entender en absoluto lo que decía la letra, pude percibir que había tristeza y dolor en la melodía. Después nos explicó que esa canción se titulaba en español “Última Palabra” y que en Oaxaca, su tierra natal, se cantaba durante los funerales de un ser querido. Me llamó especialmente la atención porque me recordó un himno que se cantaba en la iglesia desde hace años, que aunque no tenía exactamente la misma melodía, sí era la misma idea musical.
El modelo perfecto que Dios nos ha dado para todos los ministerios es el Señor Jesucristo. Él vino a enseñarnos con su ejemplo a ser hijos obedientes, así como él lo fue. En la función del Líder de Alabanza, una de las cosas más importantes que podemos aprender es expresarnos como hijos, ante un Padre bueno y perfecto. Yo creo que esa es la razón por la que el Señor Jesús indica que es el Padre el que busca adoradores.
Texto: Lucas 2.10-14
Han pasado alrededor de dos décadas desde que la llamada restauración de la alabanza comenzó aquí en México y su impacto fue sentido alrededor del mundo. La frescura del sonido de la alabanza con estilos musicales nuevos fue una gran herramienta para enseñar a la gente a adorar a Dios con pasión y alegría, para algunos fue motivo de escándalo, para otros una forma innovadora de expresar alabanza y adoración a través de música nunca usada antes por las iglesias cristianas.