La elección de Dios incondicional para Salvación. |Spurgeon| Parte II
En el versículo 29 y siguientes, dice: “Porque a los que antes conoció,
también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen
de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y
a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos
también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué,
pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios?” Tampoco sería necesario leer todo el capítulo 9 de Romanos. En tanto que ese capítulo permanezca en la Biblia, ningún hombre será capaz de probar el arminianismo; mientras eso esté escrito allí, ni las más violentas contorsiones de esos textos podrán exterminar de la Escritura, la doctrina de la elección.
“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.” 2 Tesalonicenses 2: 13, 14
Para mí es claro que Jesús nos dio las bienaventuranzas en una secuencia lógica y no al azar. Cada una sugiere la siguiente y lleva a ella. Jesús empieza diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu que es la primera condición para entrar en el reino celestial. Es ser totalmente, espiritualmente destituido y saberlo. Es reconocer que el verdadero estado espiritual ante Dios es severamente careciente.
Es muy deleitable ver cuán familiarmente nuestro Señor Jesús hablaba con sus discípulos. Él era grandioso, y sin embargo, estaba entre ellos como el que servía; Él era muy sabio, pero era tierno como lo es una niñera con los niños a su cuidado; Él era muy santo, y muy por encima de las debilidades cargadas de pecado de ellos, pero condescendía con los hombres de baja condición; Él era su Dios y Señor, pero era también su amigo y su siervo.
Queridos compañeros de milicia: somos pocos y tenemos ante nosotros una lucha desesperada; de consiguiente, urge que cada uno de nosotros sea lo más útil posible y se esfuerce al grado más alto posible. Es cosa de desear que los ministros del Señor sean lo más escogido de la Iglesia, sí, lo más escogido del universo entero, porque tal es la demanda del siglo, por tanto, respecto a vuestras personas y talentos individuales, os encargo la divisa: ¡Adelante, adelante! Adelante en cualidades personales, adelante en dones y gracias, adelante en la conformidad a la imagen de Cristo. Los puntos que trataré empiezan en la base y ascienden.