¿Qué provoca tu alabanza?
“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían”. (HECHOS 16:25)
Ellos estaban encarcelados, pero no se sentían presos.
Sus almas se encontraban en plena libertad.
Sus corazones le adoraban con más devoción que nunca.
Sus mentes meditaban solo en las grandezas de Dios.
Ellos sabían que estaban allí con un propósito específico.
Por eso mientras las cadenas trataban de atarlos, ellos podían cantar hermosas melodías para Dios y los demás prisioneros los escuchaban.
LAS MADRES NECESITAN ESTÍMULO. UNA MADRE ES DIRECTORA, SIRVIENTA Y TODO LO DEMÁS. Si se queda en casa con sus hijos, atiende todo el día sus necesidades. Si trabaja, hace un trabajo doble. Muchas madres trabajan fuera del hogar para ayudar a sus esposos con los gastos, y ésa es una responsabilidad agotadora, especialmente para una mujer que tenga varios hijos. Estas mujeres llevan a sus hijos al colegio, trabajan todo el día; luego regresan a casa en la noche y con gran esfuerzo dan a sus hijos la influencia cristiana que necesitan, en muchos casos con la oposición de maestros ateos.
Su devoción por Dios comenzó a temprana edad. Entre sus muchas peticiones infantiles resaltaba: «Por favor, Dios, dame ojos azules.» No le gustaban sus ojos cafés. Sin embargo, una de las primeras lecciones que Dios le enseñó fue: «´No´ también es una respuesta.» Amy ignoraba que muchos años después sería aceptada en la India, entre otras cosas, por sus ojos marrones.
Las creencias tradicionales nos han llevado a considerar la prosperidad como algo antibíblico. Sin embargo, inspirado por el Espíritu Santo, Juan dice que su deseo es que prosperemos y tengamos salud. Más adelante, en el versículo 11 de 3 Juan, nos indica: «Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios». Si la prosperidad fuera algo antibíblico, ¿por qué Él desea que prosperemos? Como ve, la prosperidad en sí no es mala.