Publicado en Noviazgo el 9 Abril 2008
Antes de casarme estuve de novia con un muchacho que era toda mi vida, pero por oposición de mi familia tuve que casarme con el que actualmente es mi esposo.
Tengo treinta años, doce de casada y dos hijos. No amo a mi esposo, pero nunca se lo he hecho notar. El es muy celoso, pero como no lo quiero, he decidido no reclamarle nada.
Yo sigo amando a mi ex-novio, que se encuentra en el exterior. Cuando se fue, me pidió que me fuera con él, incluso con mis hijos. Pero soy muy cobarde y no quise hacerlo.
Quisiera olvidarlo pero no puedo, siempre está en mi pensamiento. A veces me pongo a llorar porque no hice nada por salvar mi amor; ese amor que no he conocido todavía y que seguro no he de conocer.
Hasta me he enfermado del corazón. Estoy convencida de que sin amor la vida no tiene sentido. Ayúdeme por favor.
RESPUESTA
Sus padres cometieron un error, pero eso ya quedó en el pasado.
Señora, con recordar a su ex-novio no resuelve sus problemas actuales. Al poner su atención en su ex-novio, usted paraliza su vida, su voluntad y cualquier posibilidad de encontrar amor y paz. Usted tiene que madurar, analizando toda la situación en forma imparcial.
Recordar a su ex-novio es un sueño irresponsable que está arruinando su vida, la de su esposo y de sus hijos; es precisamente lo que la está alejando a usted más y más de su marido. Por fijar su atención en él, ni siquiera se ha dado cuenta de las cualidades de su marido.
Un hogar sin amor, confianza, armonía y familiaridad deja de llamarse hogar y sus hijos se convierten en las mayores víctimas de su obstinación.
¿Por qué vivir en la desilusión y la amargura, cuando puede proyectar su mente y voluntad a una vida optimista y armoniosa, haciéndose buena amiga de su esposo, tratando de descubrir sus sentimientos, sus planes, sus ideales?
Su actitud ha sido una constante acusación para con su esposo, y lógicamente él tiene que reaccionar con celos.
Recordar a su ex-novio es, además, infidelidad de corazón. Jesús dijo:
“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo, que cualquiera que mira a una persona del sexo opuesto para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (San Mateo capítulo 5).
Me duele decírselo, señora, pero este soñar con su ex-novio, de acuerdo con Dios, es adulterio en su corazón. Pero usted puede llegar a conocer el verdadero amor. Primeramente, deben perdonarse mutuamente. La Biblia, que es el mejor consejero siquiátrico de todo el mundo, porque proviene de nuestro Creador quien nos conoce a fondo, dice:
“Soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguno tuviere queja contra el otro. De la manera que Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes” (Colosenses capítulo 3).
Y la clave para encontrar el verdadero amor comienza al conocer a Cristo como nuestro Salvador personal. El es el único que puede lavar nuestra mente de todo lo negativo, llenándonos de amor y esperanza. En Romanos capítulo 5, dice:
“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.
Ponga su vida en las manos de Cristo, y luego hable sinceramente con su esposo; explíquele su deseo de comenzar otra vez. Si así lo hacen, su hogar será renovado con Cristo como centro de la familia.
El hogar perfecto ante los ojos de Dios, es aquel donde se cumplen las palabras de 1a. Corintios capítulo 11:
“Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”.
Luis Palau
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Publicado en Noviazgo el 9 Abril 2008
Mi novio está por divorciarse de su esposa para casarse conmigo. Yo sé que no está bien ante los ojos de Dios, pero mi novio me dice que entonces porqué Dios permitió que nos conociéramos y nos enamoremos. ¿Qué me aconseja?
En primer lugar, le voy a contestar, señorita, diciéndole que “su novio” ya tiene la responsabilidad legal de una familia ante la ley de su país, y también ante la ley de Dios.
En segundo lugar, los argumentos que este hombre utiliza para convencerla a usted que se case con él demuestran su enorme inmadurez. Cuando un hombre, ya casado y con hijos, le pregunta a una joven “por qué Dios permitió conocernos y enamorarnos”, demuestra que de corazón es un niño, y usted, aunque él hubiera sido soltero todavía, jamás debiera pensar en casarse con un hombre tan inmaduro como él.
En tercer lugar, lo que usted debe hacer señorita, es terminar totalmente con este hombre, aunque le duela mucho. Siendo que usted me ha hecho la pregunta, yo le hago la demanda en el nombre de la esposa de este hombre, en el nombre de la sociedad y en el nombre de Dios, que usted termine con él.
Usted lo llama “mi novio”. ¿Cómo le dice “novio” a un hombre que está casado, atrayéndolo y provocando el divorcio de su esposa? Esto es un pecado de parte tanto suya como de él. Es algo despreciable y pecaminoso cuando una mujer hace sus vueltitas y miradas y sabiendo que el hombre es casado persiste en la amistad con él.
En cuarto lugar, señorita, le tengo que decir que Dios tiene un hombre para usted; un hombre que concuerda perfectamente con su necesidad. La Biblia dice en el libro de Proverbios capítulo 3:
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus veredas”.
En el Salmo 32 Dios dice:
“Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. No seas como el caballo, como el mulo, sin entendimiento”.
Y en último lugar, señorita, si usted es cristiana, es decir que ha recibido a Cristo en su corazón como Salvador personal, debe saber que casarse con unincrédulo es pecado. La Biblia dice:
“No os juntéis en yugo desigual con los incrédulos” (2 Corintios capítulo6). Así que, rompa con este “noviazgo”. Pida perdón a Dios. Pídale perdón aeste hombre y dígale que regrese con su mujer y que sea un marido fiel.
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Publicado en Consejería el 7 Abril 2008
Para algunos, la palabra familia trae pensamientos de rechazo, desencanto, abandono, dolor o abuso; una lluvia de emociones negativas. Para algunos es un álbum familiar lleno de recuerdos alegres y rostros sonrientes de la niñez; un padre, una madre y los hermanos, al igual que los tíos, tías y primos, disfrutando tiempos especiales juntos.
Para otros, la palabra familia trae pensamientos de rechazo, desencanto, abandono, dolor o abuso; una lluvia de emociones negativas. Pero ya sea bueno, malo o indiferente, tu familia es posiblemente la principal influencia que moldea el tipo de persona que tú eres.
Nosotros encontramos uno de nuestros mayores gozos en las relaciones familiares. En tiempo de dolor o pérdida, su apoyo amoroso provee fuerza y consuelo. Pero, trae consigo, una de las pruebas más profundas que podamos experimentar en cuanto a crisis con nuestros familiares, o en cuanto a conflictos dentro de la familia.
El trato de Dios con la humanidad parece estar siempre dentro del contexto de la familia. Él envió a Jesús a la tierra para convertirse en uno de nosotros y experimentar el sufrimiento, para que nosotros pudiéramos tener la oportunidad de reconciliarnos con nuestro Padre Celestial.
“Pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (He.2:18).
Aprendiendo a confiar en Dios
“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo soy el Señor tu Dios…” (Is.43:2-3)“-Señor, estaré agradecida por lo que me des, pero me encantaría tener una niña– oró Myrna mientras esperaba el nacimiento de su segundo hijo.
A medida que continuaba orando a través del embarazo, ella sintió un día que Dios le habló: “Este bebé será una respuesta a tu oración”. Ella interpretó que tendría una hija saludable, justo como lo había deseado. No tenía idea del sufrimiento que le esperaba.
Melinda nació con un peso normal y buen color, y no hubo dificultades en el parto. Pero Myrna y su esposo Charles, vieron a su hermosa y pequeña bebé por poco tiempo, luego los dejaron esperando en el salón de parto durante seis horas. Cuando Myrna le pidió a las enfermeras que le trajeran el bebé, recibió respuestas evasivas que la dejaron dudando en cuanto a lo que había sucedido.
Al fin un médico entró y le explicó que veinte minutos después del parto, Melinda había dejado de respirar. Una enfermera, de casualidad, notó que el bebé se estaba tornando azul y tomó acción inmediata para hacerla volver a respirar de nuevo.
Debido a que el bebé había tenido una convulsión, ellos supieron que había ocurrido algún grado de daño cerebral durante aquellos pocos segundos y tendría que quedarse en cuidados intensivos para observación y tratamiento.
Myrna apenas podía creer que el médico se estaba refiriendo a su bebé, que se había visto tan normal y saludable al nacer. Ella y Charles comenzaron de inmediato a clamar a Dios por la sanidad de su bebé. Después de dos semanas, el médico le dio el alta a Melinda con el siguiente diagnóstico: Caso leve de parálisis cerebral con tendencia epiléptica.
Myrna nos contó que una enfermera vino a enseñarle cómo administrar el medicamento bajo un horario muy estricto para prevenir que Melinda tuviera más convulsiones. Con temor de que fuera a dejar de respirar de nuevo, Myrna quedó despierta las primeras dos noches para vigilarla, y no podía hablar con nadie sin dejar de llorar.
La tercera noche Charles finalmente dijo: “Querida, tendremos simplemente que confiar en Dios para el cuidado de Melinda”. La oración se convirtió en el centro de su vida, mientras se volvía hacia Dios para que le ayudara a cuidar a su bebé.
Por causa de que su lado izquierdo fue afectado por el daño cerebral, Melinda necesitaba aparatos en los pies para aprender a caminar. En respuesta a la oración, Myrna encontró una institución preescolar judía para niños minusválidos. A la edad de tres años, Melinda estaba caminando. Entonces vino el reto de en qué colegio matricularla.
Tuvo que ser examinada minuciosamente antes de ser aceptada en la escuela pública. Sus padres oraron para que pudiera pasar los exámenes y ella pudo aprobar cada uno de ellos.
Melinda tiene ahora doce años. Está en séptimo año y nunca ha tenido que repetir un grado. Cuando su mamá le dice que ella siempre tiene la opción de asistir a una educación especial para hacerle las cosas más fáciles, ella dice: “No mami, yo deseo tratar un poco más”.
Reflexionando en su caminar con el Señor, Myrna se dio cuenta que estos difíciles años han fortalecido en gran manera su vida de oración y aumentado su fe. “Cuando yo acepté al Señor antes de casarme, recuerdo haberle pedido al Señor que me hiciera una mujer de gran fe nos dijo. No tenía idea lo que sería necesario sufrir para que esa oración fuese contestada. Deseo gritar desde los terrados, dándole gracias al Señor, por todo lo que Él ha hecho”.
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Publicado en Consejería el 7 Abril 2008
El despertador toca, usted se soba los ojos para quitar la somnolencia de su cerebro. Preparado o no, está presto a iniciar otro día de trabajo.
En esos rápidos momentos que preceden a su salida de la cama, ¿qué lo motiva? ¿Qué factor o factores le dan energía para enfrentar las oportunidades y los desafíos del día?
¿Será ganar dinero, cerrar una gran venta con un cliente importante y recibir una buena comisión o dar un enorme paso rumbo a la conquista del tan soñado ascenso? ¿Será el cumplimiento de una meta grandiosa que ha exigido lo máximo de su atención y energía en las últimas semanas? o ¿Tener el reconocimiento de su empresa por su arduo trabajo y su diligencia, ser valorado por sus superiores y compañeros de trabajo?
En su libro “Leadership is an Art” (El Liderazgo es un Arte), el ejecutivo Max DePree, a partir de su propia experiencia, examina el impacto de un buen liderazgo – y de aquel que no es tan bueno – en el mundo de los negocios.
Con relación a la motivación personal en el trabajo él escribe: “Metas y recompensas son solo partes diferentes de la actividad humana. Cuando las recompensas se tornan nuestra meta, estamos empeñados solo en alcanzar parte de nuestro trabajo”.
Al leer esta afirmación es posible que usted esté rascándose la cabeza y preguntándose: “¿Qué quiere decir con eso: si las recompensas se transforman en metas, estamos buscando solo parte nuestro trabajo? ¿No es éste el propósito del trabajo – recibir el pago y alcanzar realizaciones dignas de reconocimiento? Si entendemos correctamente a DePree, su respuesta a eso es un enfático “no”.
Él no está sugiriendo que metas y recompensas no sean partes válidas del trabajo, sino que inclusive cuando las metas permanecen distantes y no hay recompensa o reconocimiento significativos a la vista, el trabajo todavía tiene valor intrínseco para nosotros mismos y para otras personas.
En busca de una perspectiva desafiadora sobre el trabajo, y por qué lo desempeñamos, vamos a consultar una fuente no común: ¡La Biblia!
. El trabajo es una institución divina. En el relato de la creación, Dios ordenó a los primeros seres humanos: “…Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla…He aquí que os he dado toda hierba que da simiente, que está sobre la faz de toda la tierra; y todo árbol en que hay fruto de árbol que da simiente, seros ha para comer” (Génesis 1:28-29).
. El trabajo refleja el carácter y la naturaleza de Dios. El primer capítulo de Génesis relata todo lo que Dios hizo y el segundo comienza afirmando: “Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo, y santificó, porque en él reposó de toda su obra que había Dios creado y hecho.” (Génesis 2:2-3)
. El trabajo debe tener un enfoque divino. Si creemos que Dios nos dio talentos y habilidades únicas, dándonos también un lugar específico donde utilizarlos, debemos esforzarnos para usarlos de una manera que lo honremos y agrademos. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no a los hombres” (Colosenses 3:23).
. El trabajo disminuye nuestra dependencia de otros. En la vida nos necesitamos unos a otros. Y la mayoría de nosotros admite que necesita de Dios. Pero a través del trabajo encontramos realización, dignidad y medios para suplir nuestras necesidades cotidianas. “Y que procuréis tener quietud, y hacer vuestros negocios, y obréis de vuestras manos de la manera que os hemos mandado…y no necesitéis de nada. (I Tesalonicenses 4:11-12).
. El trabajo es responsabilidad de todos. Alguien dijo: “Amo el trabajo; ¡podría quedarme mirando a las personas trabajar el día entero!” Pero nadie está libre de la responsabilidad – y del privilegio – de trabajar, sirviéndose a sí mismo y a otros. “Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma.” (II Tesalonicenses 3:10).
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Publicado en Estudios Bíblicos el 2 Abril 2008
El éxito de su vida como cristiano depende de cuánto de la Palabra (la Biblia) ponga dentro de sí en forma regular y de lo obediente a ella que usted sea.
1. La Biblia fue escrita para la gente
1. 12 Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. 13 Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. 14 Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno (1 Juan 2:12–14)
1. “Hijitos” = nuevos creyentes
2. “Jóvenes” = creyentes que han crecido en la fe lo suficiente como para ya no ser derrotados por el pecado y la tentación
3. “Padres” = creyentes maduros
2. Este pasaje nos muestra que aun los nuevos cristianos pueden comprender la Biblia
3. Habrá cosas que no comprenderá, pero es mucho más lo que usted puede comprender de la Biblia que lo que no puede comprender
2. El éxito de su vida como cristiano depende de cuánto de la Palabra (la Biblia) ponga dentro de sí en forma regular y de lo obediente a ella que usted sea
1. Jesús nos dio la fórmula del éxito cuando, en dijo en Juan 13:17: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”
1. También se encuentra en Josué 1:8 “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”
2. “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22)
2. El éxito es, entonces, resultado de conocer y hacer la voluntad de Dios tal como la ha revelado en la Biblia
3. Una de las decisiones más productivas que puede tomar es la de leer su Biblia todos los días
1. El hacer esto ha sido decisivo en las vidas de muchos cristianos
2. A excepción de una incapacidad física, nada debería impedir haga esto
3. Puede que no sea muy interesante o que los resultados no sean muy alentadores al principio; pero si lo sigue haciendo fielmente, pronto verá los resultados en su conocimiento de la Biblia y su efecto sobre su vida
4. Sin embargo, tan sólo abrir su Biblia y leerla no va a darle el conocimiento que necesita o desea
1. En ocasiones, usted necesita releer un versículo una y otra vez antes de hallar su significado para su vida
2. 2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. 3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará (Salmos 1:2,3)
3. En Josué 1:8, el versículo que leímos hace un momento, vemos que el éxito viene al meditar la Palabra de día y de noche
1. Entonces, bendito y exitoso es aquel que medita en la Palabra de día y de noche
2. Dar un rápido vistazo a versículos y aun capítulos no es meditar
4. Meditar significa pensar acerca de algo de manera profunda y continua
4. Para ser un siervo y un vaso de Dios en forma eficaz, no sólo debe leer la Biblia a diario, sino que debe, además, estudiar la Biblia por sí mismo
1. Es sabio que asista a los servicios de su iglesia y a las reuniones donde se enseñe la Palabra de Dios tan frecuentemente como sea posible
2. Es bueno aprender de otros la revelación que Dios les ha dado a ellos
3. Pero si nunca estudia la Palabra por sí mismo no obtendrá las revelaciones personales de la Palabra que Dios quiere darle
4. Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos (Jeremías 15:16)
1. No hay nada que sea más importante al comer el alimento natural que masticar la comida
2. Masticar la comida hace que sea fácil digerirla
3. Es igual con el alimento espiritual
4. No permita que nadie mastique su alimento espiritual por usted
5. Usted puede volverse experto en casi cualquier cosa dedicándole 15 minutos al día, si es que lo hace durante el tiempo suficiente
1. Si lee la Biblia 15 minutos al día y la estudia 15 minutos al día, fielmente, durante tres años, usted puede:
1. Leer toda la Biblia
2. Leer libros clave de la Biblia varias veces
3. Adquirir conocimiento de principios, promesas y mandamientos importantes de la Biblia
4. Estudiar a profundidad los capítulos más importantes de la Biblia
5. Aprender varios versículos clave
6. Adquirir un conocimiento práctico de toda la Biblia
7. Formarse un hábito de estudio bíblico
6. Este curso ha sido diseñado para formar tal hábito en su vida
1. Yo solamente puedo ayudarlo a comenzar con los hábitos correctos y las formas de estudiar la Biblia
2. Dependerá de usted el continuar aplicando estos principios después que termine este curso
7. En este curso usted aprenderá
1. Cómo se originó y por qué existe la Biblia
2. Claves para leer la Biblia
3. Cómo Llevar un Diario Espiritual
4. Herramientas Útiles para el Estudio de la Biblia
5. Cómo hacer todos los tipos básicos de estudio de la Biblia:
1. Cómo hacer un estudio de un libro de la Biblia
2. Cómo analizar un capítulo de la Biblia
3. Cómo hacer un estudio temático
4. Cómo hacer el análisis de un personaje
5. Cómo hacer el estudio de una palabra
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Publicado en Finanzas el 2 Abril 2008
¿Es dadivoso o miserable? ¿Agradecido o envidia a los demás? ¿El dinero es una bendición o una maldición? ¿Es sabio o descuidado con lo que tiene? ¿Está de acuerdo contigo en cómo debe gastarse el dinero, o tu matrimonio presenta problemas financieros?Nada pone más presión en un matrimonio que la responsabilidad financiera, falta de dinero o grandes deudas.
Solo cuando reconocemos que todo lo que tenemos proviene de Dios y busquemos hacerlo Señor en todo, es que podemos evitar los problemas que el dinero, o la falta del mismo, nos trae.
Aunque mi esposo siempre nos ha dado buena vida, la naturaleza de su negocio es abundancia o escasez de acuerdo a cuándo entra el dinero y cuánto. Un año hubo una recesión en el negocio de la música y todo el mundo lo sintió. Incluso las compañías que eran dueñas de la nuestra retuvieron pagos debido a su falta de efectivo. Fue un momento aterrador, pero hubiera sido mucho peor si no hubiésemos tenido la fe en el Señor y dedicado nuestras finanzas a Él.
Nuestra confianza vino en saber que habíamos obedecido a Dios en diezmar de nuestro dinero a la iglesia. “Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto, dice el Señor Todopoderoso, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
Nosotros también habíamos sido fieles en dar a los pobres y aquellos en necesidad. “Dichoso el que piensa en el débil; el Señor lo librará en el día de la desgracia. El Señor lo protegerá y lo mantendrá con vida; lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará al capricho de sus adversarios” (Salmo 41:1,2). Nosotros también sabíamos que la Biblia promete que aquellos “…que buscan al Señor nada les falta” (Salmo 34:10). Por supuesto, nosotros estábamos buscando del Señor y creímos que al buscar de Dios como nuestro proveedor y vivir en obediencia a sus caminos, Él nos proveería y tendríamos todo lo que necesitáramos. Él lo hizo y nosotros lo hacemos.
Muchos problemas de dinero se pueden resolver al poner todas las finanzas bajo la cubierta de Dios y hacer lo que Él dice que debemos hacer con el mismo. Esto significa, dar cuando Él dice que demos. Cuando tú lo haces, Dios promete librarte, protegerte, bendecirte, sanarte, y mantenerte con vida.
Cuando no lo haces, vas a experimentar la misma desolación que experimentan los pobres. “Quien cierra sus oídos al clamor del pobre, llorará también sin que nadie le responda” (Proverbios 21:13). El no dar, corta tus habilidades para disfrutar lo que tienes y te lleva a toda una vida de dificultades. Puedo asegurarte que hay personas pudientes que no dan.
Pero si revisaras de cerca sus vidas, descubrirías que están perdiéndose muchas de las bendiciones del Señor. Las bendiciones de buena salud, protección, amor, paz, y satisfacción de continuo les evaden, y no saben el por qué. Ellos tienen riquezas pero pierden la habilidad de disfrutarla, todo porque no saben que la clave para la vida es conocer al Señor y vivir a su manera. Esto significa dar tiempo, energía, amor, talento y finanzas de acuerdo a sus instrucciones.
Ora para que tu esposo entienda esta clave para la vida y comprenda la voluntad de Dios para sus finanzas, y se convierta en una persona dadivosa que está contenta con vivir de acuerdo a sus medios y no está siempre luchando por tener más. No estoy diciendo que nunca debe tratar de aumentar sus ganancias, todo lo contrario. El hombre se merece ganar lo que valga su trabajo y su esposa debe orar para que así sea. No debiera aceptarse como estilo de vida el trabajo agotador y monótono que lleva a una pobreza extrema que trae amargura, angustia, enfermedades y envidia.
De todas formas ora para que el depósito de bendiciones se derrame sobre él, pero ora para que todo ello proceda de la mano de Dios. “La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse” (Proverbios 10:22). Puede que no sea posible el usar las oraciones para evitar todo problema financiero, porque Dios en ocasiones usa las finanzas para llamar nuestra atención y enseñarnos cosas. Pero tus oraciones con seguridad ayudarán a proteger a tu esposo de luchas y pérdidas innecesarias.
El deseo de Dios es bendecir a aquellos que tienen corazones obedientes, agradecidos y dadivosos, cuyo verdadero tesoro está en el Señor. “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo 6:21). Dios desea que tu esposo encuentre su tesoro en Él, no en sus finanzas.
Oración
Señor, te entrego nuestras finanzas. Te ruego que estés en control de ellas y que las uses para tus propósitos. Que ambos seamos buenos administradores de todo lo que tú nos has dado, y que estemos completamente de acuerdo en cómo debe gastarse. Oro para que aprendamos a vivir libres de la opresión de las deudas. Donde no hemos sido sabios, trae restauración y danos dirección. Muéstrame cómo puedo ayudar a aumentar nuestras finanzas y no a disminuirlas neciamente. Ayúdanos a recordar que todo lo que tenemos te pertenece, y a ser agradecidos por ello.
Tomado con permiso del libro: El poder de la esposa que ora
Autor: Stormie Omartian
Editorial: UNILIT
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Publicado en Finanzas el 2 Abril 2008
El orador se detuvo en una pausa que flotó en el escenario provocando que su audiencia lo mire con atención. Luego, con una voz pausada, serena, casi íntima comenzó el cierre de su idea frente a un público en expectativa: Recuerdo la vez que un pastor vino a mi consultorio financiero.
Quería que le ayudáramos. Su salario era tan bajo que había perdido su casa y estaba al borde de la bancarrota. Tenía tantas deudas encima que no podía ni siquiera alimentar a su familia.” Hizo una pausa más, y entonces agregó: “¿Qué quieren que les diga? Yo no creo que Dios quiera que Sus hijos vivan en esta pobreza.” Y entonces, con una chispa de picardía que pasó desde sus ojos a su voz comentó: “Es cierto que el dinero no hace la felicidad, ¡pero ayuda!” A lo que todos nosotros asentimos con aplausos, silvidos y risas.
Mientras la conferencia económica continuaba, yo escribí en un pequeño papelito: “Dios, dinero, felicidad”. Una interesante trilogía. Sin embargo, había algo en la propuesta que no tenía sentido, que no encajaba bien. Decidí entonces que alguna vez iba a escribir algo con respecto al tema.
¿Será que Dios nos quiere ricos o nos quiere pobres?
Yo creo que Dios nos quiere ricos… y también nos quiere pobres. La Biblia nos dice claramente que Dios tiene un plan para nuestras vidas. Un plan de paz y no de mal. Un plan que incluye un bienestar especial para cada uno de nosotros (Juan 10:10; 14:27; 16:33).
En Deuteronomio 28 Dios hace una serie de promesas de prosperidad económica a Su pueblo si ellos están dispuestos a obedecerle. El Salmo 1 expresa claramente que el hombre íntegro es un hombre bajo la bendición de Dios y que todo lo que hace ha de prosperar. En Jeremías 29:11 Dios le dice al pueblo de Israel: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros… pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”.
Abraham era un hombre decididamente rico. También lo eran Isaac y Jacob. José fue uno de los hombres más ricos e influyentes de la antiguedad, lo mismo que Moisés, Salomón y la reina Ester. Otros personajes económicamente establecidos fueron Nehemías, Daniel (profundamente respetado aún en estos días en muchas naciones orientales), Mateo, Zaqueo, Nicodemo, Teófilo, Filemón y muchos otros más tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
Sin embargo, afirmar que los planes de Dios para nuestra vida pasan con certeza por el ámbito del éxito económico es, por un lado, ignorar las Escrituras y, por el otro, caer víctimas de uno de los sistemas de pensamiento del mundo de hoy. El apóstol Pablo en Romanos 12:2 nos advierte claramente de que no debemos “tomar la forma” de la sociedad que nos rodea, sino que debemos transformar nuestra visión del mundo cambiando la manera en la que pensamos.
El creer que Dios siempre quiere que seamos ricos significa haber caído en la trampa de una filosofía no-cristiana que ha ganado una increíble popularidad desde el final de la guerra fría: la filosofía del materialismo.
Es cierto que Job fue un hombre rico. Pero también por un tiempo fue pobre. Es cierto que Jacob fue un empleador de muchos siervos, pero también fue empleado de su suegro. Es cierto que Moisés se crió en la casa de Faraón, pero también fue pastor de ovejas por 40 años. Es cierto que José y Daniel fueron hombres ricos e influyentes, pero también fueron pobres y esclavos en su época.
Si alguno de los “maestros económicos” que viajan por latinoamérica en estos días hubieran visto a José ser encerrado en lo profundo del calabozo de Faraón, probablemente hubieran meneado la cabeza y hubieran dicho que José era, de seguro, un “perdedor”. Además, hubieran concluído que, seguramente, se encontraba allí por algún pecado cometido (después de todo, “cuando el río suena, agua trae” ¿no?), y hubieran enseñado a sus seguidores que la voluntad de Dios no era que José estuviera viviendo tan pobre y tan miserable.
Sin embargo esa conclusión se opone diametralmente a la de las Sagradas Escrituras, que, en Génesis 45:5-8, nos enseñan que la miseria de José y todos sus sufrimientos ¡eran parte del plan de Dios para su vida! Lo mismo ocurrió con Job (que nunca se enteró por qué le pasó lo que lo pasó), con Mardoqueo, con Daniel, con Jacob, con Moisés. Hombres que, en algún momento de sus vidas, tuvieron que pasar por la pobreza, la persecución y la miseria para cumplir con lo que Dios les tenía preparado.
Por otro lado, puede que Dios no sólo llame a alguien a pasar por la pobreza para vivir en la riqueza, pero también puede ser que llame a alguien que está viviendo en la riqueza a dejar su situación de holgura económica para vivir en la pobreza. Ese es el caso de Moisés, que tuvo que dejar los lujos del palacio de Faraón para guiar al pueblo de Israel a través del desierto; o el caso de Nehemías, que dejó la corte de Artajerjes para reconstruir la ciudad de Jerusalén.
En el Nuevo Testamento encontramos a un “jóven rico” al que Jesucristo le pide que deje todas sus posesiones económicas antes de seguirle, también encontramos a un Mateo dejandolo todo y siguiendo a Jesús hasta la muerte, a un Saulo de Tarso, abandonando un futuro prometedor por las persecuciones, la cárcel y el patíbulo, o a un grupo de creyentes que en Hechos 2 que venden sus propiedades para repartirlas a aquellos que están en necesidad.
Finalmente, puede que Dios tenga en mente llamar a alguien que está en la pobreza a vivir pobre el resto de su vida. Ese es el caso de Isaías, Jeremías, los profetas menores, la gran mayoría de los apóstoles y los discípulos del Señor Jesucristo del primer siglo. También es el caso de la gran mayoría de los mártires de la Iglesia de nuestros días.
El hecho de que el apóstol Pedro, el apóstol Juan o San Pablo hayan muerto pobres, perseguidos y enfermos no quiere decir que hayan estado bajo una maldición de Dios ni que hubieran estado fuera de la voluntad de Dios para sus vidas. Todo lo contrario. Ellos la estaban cumpliendo al pié de la letra, aún cuando no disfrutaban de prosperidad económica.
Entonces, basados en estos ejemplos bíblicos, parece obvio que los planes de Dios para nosotros, los “pensamientos de paz y no de mal”, no implican necesariamente abundancia financiera. Puede que si, puede que no. Puede que Dios quiera que seas rico con un propósito determinado, puede que El quiera que seas pobre con un propósito determinado.
El sincretismo evangélico
El problema en las iglesias latinoamericanas de hoy que han sido afectadas por la filosofía secular del materialismo es que siempre se define el concepto de “bendición” en términos materiales y positivos.
La felicidad, entonces, se queda pegada a la idea de que la voluntad de Dios para nuestra vida tiene que ver, de alguna manera, con nuestra capacidad de compra y con las cosas “buenas” que nos pasan a diario. Este es un buen ejemplo de sincretismo en la iglesia evangélica de nuestros días.
Como resultado de la conquista, el catolicismo se asoció con las religiones paganas de nuestros pueblos para incorporar, por ejemplo, a la “pacha-mama” a su vida religiosa. Hoy, los evangélicos nos hemos asociado al capitalismo para incorporar el culto a la “money-mama” a nuestra vida religiosa!
Sin embargo, Jesucristo expresó claramente que los valores trascendentes son mucho más importantes que los intrascendentes, que no debemos sacrificar las cosas eternas en pos de lo pasajero. El mismo nos da el principio de vida que nos debe llevar hacia la felicidad. Nuestro Señor dice en el capítulo seis de San Mateo: “¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?”
¿Qué hace la felicidad?
Un importante principio para recordar, entonces, sería que la tarea más importante en la vida es, justamente, vivir. Donde “vivir” significa mucho más que meramente existir. Significa parar de correr detrás de las cosas materiales y superficiales y comenzar a perseguir las cosas más profundas de la vida.
Aqui va un exámen para probar sus conocimientos del tema:
En un interesante estudio realizado recientemente por la televisión educacional norteamericana sobre el consumismo en el país y publicado en la internet (http://www.pbs.org/kcts/affluenza/diag/what.html), se descubrió que el porcentaje de norteamericanos que respondieron al estudio diciendo tener vidas “muy felices” llegó a su punto más alto en el año… (usted elige):
(1) 1957 (2) 1967 (3) 1977 (4) 1987
La respuesta correcta es la uno. La cantidad de gente que se percibía a sí misma como “muy felíz” llegó a su pico máximo en 1957 y se ha mantenido bastante estable o a declinado un poco desde entonces. Es interesante notar que la sociedad norteamericana de nuestros días consume el doble de bienes materiales de los que consumía la sociedad de los ’50. Sin embargo, y a pesar de tener menos bienes materiales, se sentían igualmente felices.
Aprender a “vivir”, entonces, significa aprender a cumplir con la voluntad de Dios, poner en práctica los talentos y dones que El nos ha dado, concentrarnos en las cosas trascendentes como: servir y enriquecer la vida de nuestro cónyuge, amar y enseñar a nuestros hijos, desarrollar nuestra vida personal y profundizar nuestra relación con el Señor.
Jesucristo dijo: “…la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Vivir nuestra vida, y vivirla en abundancia, significa aprender a disfrutar el ver a nuestros niños jugar en el fondo de la casa. Significa la lágrima derramada después de orar y darles el besito de las buenas noches. Significa preocuparnos por la vida de la gente, ayudar a pintar la casa del necesitado, arreglarle el auto a una madre sin esposo, y escuchar en silencio hasta cualquier hora de la noche el corazón del amigo herido.
Vivir en abundancia significa predicar las buenas nuevas a los pobres y a los ricos, pregonar el año agradable del Señor a los vecinos, aprender a restaurar al caído y a sanar al herido. Significa, para los varones, poder mirar a nuestra esposa a los ojos y decirle “te amo”. Poder llegar a ser un modelo de líder-siervo para nuestros niños. Significa dejar una marca más allá de nuestra propia existencia.
Ese, creo yo, es el concepto bíblico de vivir en abundancia. Ese es el tipo de vida que Dios quiere de nosotros. Ese es el oro, la plata y las piedras preciosas con las que Jesucristo quiere que construyamos nuestras mansiones en el cielo. Esa es la idea de ser “rico para con Dios” que surge de Lucas 12:21.
Poco tiene que ver este concepto de la felicidad y la satisfacción personal con las enseñanzas del evangelio de la seguridad económica”. Poco tiene que ver con lo que se enseña en los círculos afectados por el materialismo de hoy. Si en algo estoy de acuerdo con el orador de la otra noche es que el dinero no hace la felicidad, y, sinceramente, no se hasta cuánto ayuda.
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Publicado en Ellas el 2 Abril 2008
Creo que podemos vivir libres del estrés en un mundo estresante, pero eso requiere de ciertas decisiones -algunas son decisiones radicales. “En el mundo tendréis aflicción; Pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16.33)
El estrés está aumentando en el mundo de hoy. Las buenas noticias son que, aunque los cristianos estamos en el mundo, no somos del mundo (Juan 17.11,14). No tenemos que funcionar de acuerdo con el sistema del mundo -pensar, hablar, o actuar como el mundo-, y no lo debemos hacer. De hecho, nuestra actitud y nuestro enfoque acerca de las situaciones de la vida deben ser muy distintos a los del mundo.
La fuente de nuestro estrés no son nuestras dificultades, circunstancias, Y situaciones, sino nuestra actitud y nuestro enfoque, acerca de ellas.Jesús dijo que las dificultades vendrían, pero no tienen que afligirnos. No debemos aceptar el estrés que nos ofrecen. Tenemos el privilegio de mirar los desafíos de la vida diaria desde una perspectiva calmada y tranquila.
Creo que podemos vivir libres del estrés en un mundo estresante, pero eso requiere de ciertas decisiones -algunas son decisiones radicales.
Permite que el Espíritu de Dios te guíe desde una vida caracterizada por el estrés a una vida de paz Y gozo. Cambia tu actitud y enfoque, y Dios cambiará tus circunstancias en el tiempo debido.
Di esto:
“Decido recibir la gracia (le Dios hoy para ayudarme a vivir libre del estrés, aun en medio de un mundo lleno de estrés.”
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Publicado en Ellas el 2 Abril 2008
El hogar que sigue ansiando con todo su corazón, ¡es el hogar que Dios está preparando para usted!. Todos tenemos sueños sobre en qué hogar nos gustaría estar. ¿Sueña con un hogar al que nunca va a regresar o con el hogar que nunca va a tener? ¿Sueña con un hogar con amor, risa, lealtad, con una familia, diversión y libertad? ¿Sueña con un hogar en el que lo acepten, lo estimulan y retan, perdonan, comprenden y consuelan?
El hogar que sigue ansiando con todo su corazón, ¡es el hogar que Dios está preparando para usted! Mientras el apóstol Juan continuaba mirando con fijeza la visión de la gloria de Jesucristo que Dios le revelaba, debió haber permanecido en un asombroso sobrecogimiento ante un “cielo nuevo y una tierra nueva”. Apocalipsis 21:1. Lo que vió quedó confirmado por las palabras del Único que está sentado en el trono:”Yo hago nuevas todas las cosas”. Apocalipsis 21:5. Imagine esto: Un día, en el hogar soñado de la casa de mi Padre, ¡todas las cosas serán nuevas!
Sin separación:
Después que los terroristas atacaron el Centro de Comercio Mundial en la ciudad de Nueva York y en el Pentágono en Washington, D.C., nuestra nación se quedó prendida por las desgarradoras escenas de miles de individuos deambulando por las calles del bajo Manhattan que llevaban fotos de sus amigos y miembros de su familia que estaban perdidos.
Una cerca recubriendo uno de los parques cercanos vino a ser un muro de recordación a medida que se fijaban cientos de fotos con descripciones detalladas de lo que sus seres queridos perdidos llevaban puesto, de dónde trabajaban, de cuándo fue la última vez que los vieron… todo con la esperanza de encontrar a esas personas perdidas. Mientras los días se convertían en semanas, vino a ser obvio que no había más sobrevivientes.
Justo cuando nuestra nación pensó que no tenía más lágrimas que derramar, llorábamos sin consuelo mientras comenzó la separación entre amigos y seres queridos. Cada corazón dolorido y despedida llorosa me hicieron anhelar la casa de mi Padre. Allí, nunca nada nos separará en la casa de mi Padre.
El apóstol Juan dijo que se le instruyó lo siguiente: “Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza”. Apocalipsis 21:5. Usted y yo podemos mirar hacia adelante con esperanza segura: ¡nuestro hogar celestial será perfecto!
Sin dejar marcas.
Dios enjugará toda lágrima y borrará todo recuerdo de pecado y mal trato. Todas las cosas, incluyendo el corazón, la mente, las emociones, el alma y los recuerdos pasados, presentes y futuros, se harán nuevos. No obstante, hasta entonces Dios nos dá ánimo. Esa certeza se ilustra con esta historia verídica que tuvo lugar hace unos años en las tierras altas de Escocia. Un grupo de pescadores, sentados alrededor de una mesa en una pequeña taberna, contabas sus historias. Uno de los hombres movió con violencia sus brazos para describir vívidamente la pesca que tuvo, golpeando por accidente la bandeja de bebidas que el joven tabernero traía a la mesa. La bandeja y las bebidas volaron por el aire, estrellándose contra la recientemente pared blanqueada. Cuando el sonido de los vidrios rotos y de las salpicaduras de cerveza llenó el local, la taberna quedó en silencio mientras todos los ojos se volvían a la fea mancha marrón que se formó en la pared.
Antes que nadie pudiera recuperarse de la sorprendente interrupción, un visitante que había estado sentado en silencio en un rincón, saltó, sacó un pedazo de carbón de su bolsillo y comenzó rápidamente a dibujar alrededor de la fea mancha marrón. Para asombro de todos los presentes, justo ante sus ojos la mancha se transformó en un magnífico ciervo con sus astas extendidas, corriendo a través de un prado en una región montañosa. Entonces el visitante firmó su improvisada obra de arte. Su nombre era Sir Edwin Land Seer, el principal artista de la fauna silvestre.
Dios transforma vidas como Sir Edwin Lan Seer transformó la horrible suciedad en la pared de la taberna. ¿Cuán fea mancha marrón lleva en su vida? Cuando lleguemos al cielo, allí no habrá más cicatrices, ni sufrimientos de ningún tipo, inclusive de la clase que le causó la herida que ha marcado su vida.
Sin sufrimientos.
El cielo no solo se verá flamante y nuevo, ¡se sentirá flamante y nuevo! El apóstol Juan no solamente nos da una visión de la resplandeciente belleza del cielo, sino un sentimiento de la serenidad del cielo, la cual impregna la atmósfera porque Dios esta allí: “Oí una potente voz que provenía del trono y decía: ¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Ël enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir”. Apocalipsis 21:3-4
Un día, Dios mismo tomará su rostro en sus manos y con delicadeza enjugará sus lágrimas mientras le asegura que no habrá sufrimiento en la casa de mi Padre. No más dolor, ni hospitales, ni muerte, ni funerales, ni pesar, ni sillas de rudas. No habrá más hogares destrozados ni corazones quebrantados, bombardeos suicidas ni ardientes infiernos, vidas destruidas ni sueños rotos. No habrá retraso mental ni minusvalía múltiple. No habrá más enfermedades. No más cáncer ni derrames cerebrales, ni sida. No más armas en las escuelas, ni auto bombas, ni terroristas, ni misiles, ni ataques aéreos. ¡No más guerra! Usted puede mirar al futuro con esperanza porque un día no habrá separación. No más cicatrices, ni más sufrimiento en la casa de mi Padre. ¡Ese es el hogar de sus sueños!
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Este artículo ha sido tomado del libro:
El cielo
por Anne Graham Lotz
Editorial Unilit
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Publicado en Alabanza y Adoración el 2 Abril 2008
No podemos permitirnos el lujo de decidir nosotros quién puede y quién no puede ministrar, no podemos entregar la dirección de la adoración congregacional, que es el punto más culminante de nuestro culto a Dios, a quién “no tiene dedos para el piano”.
Todavía existen ideas muy tergiversadas a la hora de nominar a aquellas personas que nos ayudarán en la ministración de las alabanzas congregacionales, pues lo que prima en quienes deben nombrar o elegir a los designados es más bien un sentimiento de amistad que mas bien el buscar o reconocer dones o habilidades innatas que algunos hermanos tienen, y que obviamente, son los que Dios de antemano ya ha designado. Digo esto pues tengo la certeza de que cada paso que estamos dando en esta maravillosa renovación de la alabanza y adoración musical, es Dios mismo quién está interesado en restaurarla, es Dios mismo el que se ha estado dando el tiempo para preparar personas idóneas para este ministerio, Él no desea que se improvise, Él no desea que se haga solo lo mejor posible, Él no desea usar a personas a las cuales Él no ha ungido, Él no desea ser ministrado por personas que no saben hacerlo, Él no desea que ministren aquellos que no están aptos, Él no desea que ministren personas que han sido capacitadas para otros ministerios, lo que el corazón de Dios desea y anhela es escuchar a aquellos que Él ha preparado, a aquellos que Él ha nominado, a aquellos en quién Él ha confiado esta labor: a sus Levitas. Por lo cual, quienes estamos directamente involucrados en este ministerio de la alabanza, debemos tener muy claro qué espera Dios de nosotros, como personas, como ministros suyos, como siervos al servicio del sacerdocio en bien de la congregación, pues si Dios ha de derramar su unción o una bendición especial sobre su pueblo, si Dios ha de desatar un avivamiento en medio nuestro, nosotros, los Levitas de este tiempo, debemos ser los primeros receptores de su intención y debemos ser capaces de ser el cauce necesario y santo que Dios utilizará para el derramamiento de su bendición.
En 2ª de Crónicas 25:1 leemos que los Levitas fueron designados para “profetizar” al pueblo, por tanto si de profetizar se trata, si se trata de entregar un mensaje de parte de nuestro Dios a su pueblo, Él lo hará a través de nosotros, pero para que así suceda nosotros debemos estar lo suficientemente capacitados para poder ministrar a su pueblo acerca de lo que Él quiere dar a su pueblo y no de lo que a nosotros nos parece lo apropiado, o lo que nosotros, en obediencia a la autoridad que nos confirió esta misión, hemos preparado para entregar al pueblo. Por muy excelente que nos parezca a veces el hacer algo diferente en la ministración musical que nos ha tocado hacer, lo que primero tenemos que considerar es la opinión del Señor, y no esperar los resultados para ver si era o no era del Señor. No podemos darnos el lujo de jugar con nuestros ministerios; en cualquier Empresa, Industria o Corporación, los empleadores llenan las vacantes de acuerdo a las necesidades propias de cada cargo en particular y nadie, en su sano juicio, empleará a un carpintero para labores de electricidad ni a un mecánico para llenar la vacante de dibujante. Es lógico y normal, que todas las personas tengamos un oficio, una profesión o una habilidad especial, y es en la cual nos desempeñamos profesionalmente, a menos que nos capacitemos especialmente para ocupar otro cargo, por lo mismo en nuestras congregaciones es imperativo el emplear a las personas adecuadas para desempeñar los oficios, cargos o ministerios para el cual Dios nos ha capacitado. Dios jamás improvisa, Él tiene todo bajo su control, Él tiene todo planificado y nada se escapa a su voluntad, a menos que nosotros queramos hacer lo que bien nos parezca y no tengamos la sensibilidad adecuada para hacer lo que a El le agrada y no sepamos cómo se adora en espíritu y en verdad.
No podemos permitirnos el lujo de decidir nosotros quién puede y quién no puede ministrar, no podemos entregar la dir
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ección de la adoración congregacional, que es el punto más culminante de nuestro culto a Dios, a quién “no tiene dedos para el piano”, solo por el hecho de que es un hermano fiel a las reuniones, ni porque es el único en quién podemos confiar porque es antiguo en la congregación, ni porque es el más simpático, ni porque es el que “no sabe mucho pero harto empeño que le hace”, no hermano, no es por esfuerzo personal que Dios ha elegido a sus ministros, les reitero que Dios no eligió a los Levitas en tiempos de Moisés porque estos eran los con más aptitudes musicales o de servicio, Dios los eligió porque quería ordenar este ministerio y requería a toda una tribu, Él requería todo un grupo de personas con una misma visión, con los mismos objetivos: servir y guiar al pueblo hasta la presencia misma del Dios Altísimo. Y Él no ha cambiado, ni cambiará nunca, ni su anhelo de formar un pueblo de adoradores ha menguado, Él sigue siendo el mismo, su infinita paciencia y misericordia aún nos acompaña, y no podemos desperdiciar el tiempo dedicado a la alabanza y adoración musical congregacional, estableciendo a pseudos directores de canto, que jamás han tenido habilidades, que jamás han estudiado, que jamás se han preparado, y creen que cualquiera puede hacerlo, creen que es llegar y subir al púlpito y establecer un contacto con el Espíritu Santo para que santifique a su pueblo y llevarlos hasta la presencia de Dios.
Marcos Witt, en una de sus enseñanzas, nos hizo pensar en que un director de cantos debe tener ojos por delante, ojos por detrás, y ojos por dentro, haciendo una comparación con lo descrito en el capítulo 4 de Apocalipsis. Ojos por delante sería la sensibilidad del director para detectar la necesidad del pueblo que está siendo dirigido, ojos por detrás serían los músicos y cantores que le acompañan en la ministración, y los ojos por dentro lo asemeja al Espíritu Santo que es quien nos va dirigiendo a nosotros revelando lo que Dios desea para el pueblo. En otras palabras quien dirige debe estar de tal forma comprometido con el quehacer de la meta de la ministración, que es la de guiar al pueblo hasta la presencia misma de Dios, tal como los Levitas de antaño, para que el Espíritu Santo pueda obrar en completa libertad, sabiendo que todos estamos en un mismo sentir, en una misma dirección, en un mismo objetivo: adorar al Señor en espíritu y en verdad, no solo de labios, no solo de apariencia, no porque es el momento en el orden culto, ni porque la música es de nuestro agrado, ¡es porque nuestro corazón se ha encendido en alabanza!, ¡es porque el Espíritu Santo ha desatado nuestras ataduras!, ¡es porque el Espíritu Santo nos ha santificado!, ¡es porque las huestes de maldad han tenido que salir huyendo ante la presencia de Dios!, ¡es porque Dios mismo está con nosotros habitando!, ¡Gloria a Dios!. Creo que solo entonces comprenderemos la importancia de designar personas idóneas para la dirección del canto. Muchos ejemplos encontramos en Crónicas, de Quenanías, y de otros que también dirigían, pero con la diferencia que ellos estaban totalmente comprometidos por la causa, totalmente compenetrados en el mover de su santa unción, totalmente aptos para la obra a que habían sido llamados, totalmente bajo la dirección del Espíritu Santo, totalmente habilitados por Dios, ¡totalmente preparados para toda buena obra!. Quienes dirigimos alabanza entramos en guerra al inicio de cada culto, no cantamos para deleite de los asistentes, no cantamos para ser juzgados y premiados, no cantamos jamás por cantar, cantamos para guerrear, cantamos para que huyan nuestros enemigos, cantamos para declarar victoria, cantamos para alabanza de su nombre, cantamos para adorar al único que es digno de recibir la gloria: Jehová es su nombre, el Gran Yo Soy, el que siempre es, el que siempre permanece, el que me ha capacitado para servirle, el que ha invertido tiempo en mi preparación, el que dio a su único hijo con el fin de tenerme a su lado…”Oh Dios, cuán grande es tu amor, no lo puedo comprender, no lo puedo discernir, solo sé que me amas, recibe toda mi vida, es tuya pues tú pagaste por ella, oh Señor capacítame, cada día para que todo mi desempeño sea de tu agrado, para que todo lo que yo haga, sea lo que tú quieres que haga, te amo mi Dios, te amo mi Rey, quiero ser un adorador y guiar a tu pueblo a tu lado”.
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Publicado en Alabanza y Adoración el 2 Abril 2008
Si no morimos en el altar, todos nuestros preparativos serán en vano, y no subiremos como olor grato delante de su Presencia.
“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá;
y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25)
Introducción:
-Mucho hemos estudiado acerca de la preparación del altar para el Señor, si ya lo has preparado, es hora de subir al altar para morir allí.
-Morir en el altar, pues si no morimos, todos nuestros preparativos serán vanos.
-Si no morimos en el altar no habrá olor grato delante de la presencia del Señor.
-Si no morimos no naceremos de nuevo.
-Si no morimos, seguiremos en nuestra vana manera de vivir.
-Es necesario morir.
-Si no morimos de nada sirve todo lo que hemos aprendido acerca de Dios.
-De nada sirve saber tanto de Él si no tenemos un encuentro personal con Él.
-De nada sirve trabajar tanto en su obra si no le conocemos, si no sabemos lo que Él espera de nosotros.
-No es lo mismo saber de Él, que conocerle a Él.
-La única forma de conocer en persona a Dios es muriendo.
-Moisés pidió ver su gloria y Dios le contestó que ningún hombre podría seguir viviendo si le ve.
-Moisés tuvo que morir para ver su gloria y la sigue viendo.
-No sigas viviendo tu vida y comienza a vivir una nueva vida en su presencia.
-No puedes aferrarte a tu manera de ver las cosas, aún en el ministerio, si no has muerto en el altar que preparaste para Dios.
Bosquejo:
1. Salvar mi vida
a. Cuál es mi vida (Porque existo, vivo, y el mundo me seduce y me maneja a su antojo, y en base a eso he establecido mi vida, mi manera de vivir, fingiendo ante los demás).
b. Si la salvo la pierdo (Esta vida a la que me aferro y que trato de disfrutarla al máximo y de protegerla y salvarla, en realidad la estoy perdiendo).
c. No puedo salvarme (No está en mi el hacerlo, nada puedo hacer yo por salvar mi vida, necesito un abogado).
-“Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, Hasta que venga mi liberación”. (Job 14:14)
2. Perder mi vida
a. Dios no puede manifestarse en la carnalidad (Debo morir a mí mismo)
-“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5)
-“Cualquiera que se acercare, el que viniere al tabernáculo de Jehová, morirá. ¿Acabaremos por perecer todos?” (Números 17:13)
-“Donde tú murieres, moriré yo” (Rut 1:17)
-“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24)
-“… cada día muero…” (1 Corintios 15:31)
-“…lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes” (1 Corintios 15:36)
-“…crucificado con Él estoy…” (Gálatas 2:20)
b. Dios no hace pactos con letra chica (“El que quiera seguir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”).(Somos nosotros los que buscamos otras alternativas, llegar a Él utilizando otros cami
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nos, utilizando atajos: Quiero tener su Presencia, quiero ver su rostro, pero sin arrepentirme, sin limpiarme, sin santificarme, sin humillarme, sin dejar lo que me gusta de la carne).
c. Es necesario (De nada vale seguir viviendo una vida sin ningún propósito),
-“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no puede llevar fruto…”
3. Encontrar mi vida
a. Escondida y atrapada en mi carnalidad (Debo vivificarme en Él).
-“porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:13)
-“Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y yo hago vivir; Yo hiero, y yo sano; Y no hay quien pueda librar de mi mano”. (Deut. 32:39)
-“Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:2-4).
-“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3).
-Una mariposa no es mariposa hasta que el gusano muere.
b. Volver a la vida planificada por Dios para nosotros (Debe comenzar a cumplirse el plan de Dios para mi vida), (Somos águilas viviendo como gallinas).
c. Vivir en Él (Ya no le imito, ahora acciono de acuerdo a sus pensamientos en mí).
-“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20)
Conclusión:
-Moisés finalmente pudo ver la gloria del Señor. Pero tuvo que morir para verlo. Morir a sí mismo, a su entorno, a sus sueños, a su futuro.
-Al Principio solo pudo ver las espaldas de Dios, cuando Dios pasó, la Biblia relata que puso Dios a Moisés en la hendidura de una roca y puso su mano sobre Él para protegerlo de su presencia.
-La Roca era Cristo y la hendidura que nos esconde es Cristo al estar “en” Él, o sea dentro de Cristo. Por lo cual aprendemos que debemos escondernos en Cristo.
-Cuando Jesús estuvo en la tierra, o sea cuando Dios estuvo entre nosotros físicamente, se transfiguró en un monte, en presencia de sus discípulos, y aparecieron Elías y Moisés que conversaban con Él. Sus rostros brillaban como “relámpagos”. (Lucas 9:28 al 36)
-Finalmente una nube los cubrió, la nube era la presencia manifiesta de Dios, la cual los discípulos temieron entrar, al igual que sus antepasados al pie del monte Sinaí, no quisieron ver el rostro de Dios, pues temían morir. Solo escucharon la voz de Dios diciendo: “Este es mi hijo amado, a Él oíd”.
-Sin embargo Moisés podía hablar a cara descubierta dentro de la nube de gloria de Dios.
-Las palabras de Jesús dichas a Nicodemo vuelven a tomar fuerza hoy mas que nunca: “Tendrás que renacer”.
-Para renacer debemos morir, morir en el altar de adoración.
-Un altar planificado, pensado, resignado, de obediencia, de dolor, de determinación, de verdad.
-Ya no hablaremos de nuestra pasada manera de vivir, ni de las victorias ganadas mientras estábamos en la carne.
-Desde hoy debemos hablar de lo que Cristo ha hecho, hace y hará a través de mí, “…pues ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi”
-Ven al altar… está preparado para ti.
-¿Estás tu preparado?.
-Ven y hazlo, renacerás y todo será diferente, te lo aseguro.
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Publicado en Jóvenes el 2 Abril 2008
El verdadero amigo “hiere”. ¿Qué significa eso? Que el verdadero amigo nos dirá la verdad aunque nos duela. Proverbios 17:17 dice: “En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.” Esto nos señala una característica fundamental de un verdadero amigo: la fidelidad. “En todo tiempo ama el amigo”.
La amistad –como todas las cosas verdaderas– no se halla en el mundo. O difícilmente. La amistad en el mundo suele sustentarse sobre intereses particulares, sobre conveniencias. La verdadera amistad, en cambio, es una confraternidad. Es decir, es la relación “de hermanos” que se produce entre personas sin parentesco de sangre.
Este es el “amor fraternal” que Pedro pone casi al final de la escalera de las virtudes cristianas (2 Ped.1:5-7). Es el amor de hermanos que da su característica a la iglesia de Filadelfia.
Ahora bien, una de las características de este amor es su fidelidad. Este amigo no te abandona en el día malo, o cuando tú ya no eres próspero. No te desconoce cuando has perdido tu buena posición económica.
Al contrario, este amigo fiel te levanta cuando has caído, y te socorre en la aflicción. “Es como un hermano en tiempo de angustia.” Precisamente es en el dolor es cuando la amistad es probada. Si es verdadera, el tal amigo será más noble, más desinteresado, y más generoso precisamente en ese momento.
Otros rasgo que caracteriza al verdadero amigo está dado en Proverbios 27:6: “Más se puede confiar en el amigo que hiere que en el enemigo que besa” (Versión Popular).
El verdadero amigo “hiere”. ¿Qué significa eso? Que el verdadero amigo nos dirá la verdad aunque nos duela. Nos sacará de nuestro engaño, nos derribará de nuestras presunciones, pondrá una nota de cordura en nuestros momentos de necedad.
El verdadero amigo se expone, incluso, a ser incomprendido, pero por causa de que su amor es altruista y desinteresado, dirá la verdad, aunque duela.
Los falsos amigos nos adulan, nos palmotean la espalda, sólo con el fin de obtener algún provecho. Es preciso estar apercibidos contra tales artimañas, para no caer en el engaño.
El Señor Jesús es el mejor amigo del hombre. El dijo a los discípulos: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (1 Juan 15:15).
El murió por todos los hombres, para salvarlos de la condenación eterna. Esa es la prueba de amor genuino. Pero, aun más allá, a sus íntimos, a los que le han recibido y le aman, Él los honra tremendamente al declararlos sus amigos.
Estos deberían sólo conocerle como Señor, porque no olvidan su pequeñez, sin embargo, ellos saben en lo íntimo de su corazón que, si hacen su voluntad, pueden considerarle su amigo. ¿No es maravilloso?
Juan 13:1 dice: “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.” Esta última frase puede traducirse también “hasta el extremo”, o “hasta lo sumo”).
El verdadero amigo ama hasta el fin, hasta lo sumo. ¿Qué significaba eso para el Señor Jesús? Amar a sus amigos hasta dar la vida por ellos. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Este es el verdadero amor fraternal.
Teniendo este ejemplo sublime, podemos ver si calza con él cualquier otra forma de supuesto amor o amistad. Habiéndolo probado en nuestra propia vida, podremos distinguir claramente cuál es el la amistad verdadera, y cuál no lo es.
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