Cuando hay dos niños en una familia, es casi seguro que uno será complaciente y el otro rebelde.
El niño que tiene una buena disposición es muy simpático. Sonríe dieciséis horas por día, y trata de hacer lo que sus padres desean, ocupado en hacerlos más felices. En realidad necesita los elogios y la aprobación de ellos. Por lo tanto, el deseo de ganar su afecto y aprobación influye grandemente en su personalidad.
El otro niño enfrenta la vida desde el lado opuesto. Se niega por completo a hacer lo que sus padres quieren y trata de tener control sobre ellos. ¿Se da cuenta de cómo estas diferencias de temperamento sientan la base para serias rivalidades y resentimientos entre hermanos?.
El niño rebelde sufre constantemente la disciplina, y tiene que oír amenazas y palabras que lo señalan como tal. Mientras que su angelical hermanito luce su aureola y se deleita en el calor de la aprobación de sus padres. Son lanzados el uno contra el otro por la divergencia de sus personalidades. Y les espera una vida de mutuas heridas y lastimaduras.
Existen algunas otras observaciones acerca del niño de voluntad firme que pueden ser de gran ayuda para sus padres. En primer lugar, es tranquilizador para los padres el que expresen la culpa y la ansiedad que generalmente sienten.
Se hallan envueltos en una lucha emocional que puede conducirlos al cansancio y a la frustración. Nadie les dijo que ser padres podía ser tan difícil, y se culpan a sí mismos por las tensiones que se suscitan. Se habían propuesto ser padres muy cariñosos y eficientes, que cada noche les leerían cuentos a sus angelitos a la hora de dormir. La diferencia entre la vida como realmente es.
Es preciso que los padres sepan que el niño de voluntad firme puede ser difícil de controlar, aun cuando lo traten con mucha habilidad y dedicación. Puede ser trabajo de años el conducirlo a un punto de relativa obediencia y cooperación dentro del núcleo familiar.
Mientras se esté llevando a cabo este plan de entrenamiento, es importante no caer en el pánico. No intente lograr la plena transformació n de la noche a la mañana. Trate a su hijo con sincero amor y dignidad, pero exija que él obedezca las instrucciones y se someta a su liderazgo.
Escoja con cuidado cuáles son las áreas donde vale la pena enfrentarse, acepte su desafío en estos aspectos y obtenga una victoria contundente. Recompense cada acción positiva de cooperación con atención, cariño y elogios. Luego, tómese dos aspirinas y llámeme a la mañana siguiente.
Pero el consejo más importante que puedo darles a los padres de un niño rebelde e independiente, es que deben comenzar a moldear su voluntad durante los primeros años de su vida.
Sinceramente creo, aunque resulta difícil probar mi suposición, que el niño rebelde tiene más posibilidades de desarrollar una conducta antisocial en su vida de adulto. Está más dispuesto a desafiar a las maestras en la escuela, a cuestionar los valores que le han sido transmitidos y a levantar el puño delante de la cara de aquellos que quieran dirigirlo.
Y debo dejar en claro que el cuadro total no es negativo. Podría ser también que el niño de voluntad firme posea mayor carácter y más alto potencial para una vida productiva que su hermanito sumiso. Sin embargo, la realización de tal potencial puede depender de un ambiente hogareño firme pero amoroso durante la infancia.
Así que repito mi advertencia: comience a moldear la voluntad del niño mientras todavía es muy pequeño. Note que no estoy diciendo «quebrantar» , ni «destruir» ni «anular» la voluntad. El cómo hacerlo será el tema de otro artículo.
Tomado del libro: Cómo criar a un niño de voluntad firme, de James Dobson, Editorial Unilit