Queridos compañeros de milicia: somos pocos y tenemos ante nosotros una lucha desesperada; de consiguiente, urge que cada uno de nosotros sea lo más útil posible y se esfuerce al grado más alto posible. Es cosa de desear que los ministros del Señor sean lo más escogido de la Iglesia, sí, lo más escogido del universo entero, porque tal es la demanda del siglo, por tanto, respecto a vuestras personas y talentos individuales, os encargo la divisa: ¡Adelante, adelante! Adelante en cualidades personales, adelante en dones y gracias, adelante en la conformidad a la imagen de Cristo. Los puntos que trataré empiezan en la base y ascienden.
En primer lugar, queridos hermanos, creo necesario que me diga a mi mismo y a vosotros que debemos avanzar en aptitudes mentales. No conviene, de ninguna manera, que nos presentemos continuamente en la peor condición
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