Noviazgo

Tú, yo y el sexo.

parejaNecesitamos encarar agresivamente el problema del sexo con nuestros jóvenes. Siempre ha habido problemas con el sexo, pero en la actualidad nos encontramos con un tremendo aumento de jóvenes que han tenido o mantienen relaciones prematrimoniales. Entonces, ¿cómo podemos ayudarles?

La prevención de la actividad sexual prematrimonial

«Por favor, pastor, necesito hablar con usted», dijo un muchacho después de la reunión. Más tarde, en el atrio de la iglesia, Juan me pidió si podríamos apartarnos un momento para hablar. Lo reconocí como participante de un retiro donde él y su novia estaban dirigiendo el grupo de jóvenes de su iglesia.

Observé que Ruth, su novia, no se acercó. Juan me dijo que ella sentía mucha vergüenza y que no se animaba a hablar con nadie. Lo mismo, él creía que era urgente buscar ayuda, «porque los dos estamos mal».

«Hemos estado de novios cuatro años», continuó Juan, «con deseos de casarnos, pero primero por mis estudios y después por el bajo salario no hemos podido», comentó Juan. «Fui muy cuidadoso delante de Dios al escoger mi novia y en ser un ejemplo delante de otros. Sin embargo, últimamente hemos caído varias veces. No queríamos hacerlo, y cada vez hemos sentido gran verguënza y nos hemos arrepentido. Pero pasan las semanas y otra vez caemos».

«Hemos pensado en separarnos, pero sabemos que no es la solución. He renunciado al liderazgo de la iglesia porque me siento hipócrita. Nos peleamos más, …andamos mal. Ruth cree que Dios nos va a castigar y que no nos va a perdonar más, siendo que conocemos la verdad y hemos caído de nuevo. ¿Qué podemos hacer?»

Pastoralmente, nuestra respuesta es vital. Hay muchos jóvenes en la misma situación; docenas de ellos. Necesitamos encarar agresivamente el problema del sexo con nuestros jóvenes. Siempre ha habido problemas con el sexo, pero en la actualidad nos encontramos con un tremendo aumento de jóvenes que han tenido o mantienen relaciones prematrimoniales. Podemos acusar a muchos factores: la televisión, la pornografía, la vestimenta, la música, etcétera, pero una acusación acertada no resuelve la situación. Podemos decirles que no deben hacerlo más; sin embargo, ya lo saben. Ese no es el problema. Podemos recomendar que corten la relación. ¿Para que se repita con otra persona?

Muchos de nuestros jóvenes pecan no por rebeldía sino por ser humanos, con presiones reales que necesitan saber conquistar. Lo ideal es que podamos ayudar a todos a prevenir sus problemas, y a ello debemos dedicarnos con sabiduría. Sin embargo, muchos vendrán a nosotros habiendo pecado y con necesidad de ser recuperados. Es por eso que en la segunda parte tratamos la curación.

DEFINIENDO LA PREVENCIÓN

Por un lado, es ver antes lo que puede pasar (y lo que pasará) y por otro, planificar y hacer lo necesario para lograr lo que se desea y no lo lamentable.

La prevención tiene tres áreas fundamentales:

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Dar comprensión del daño causado y de los problemas reales de la relación prematrimonial, así como también el valor y la importancia de esperar.
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Dar pasos prácticos para ayudar a llegar al matrimonio sin haber pecado.
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Fomentar un ambiente donde se faciliten y promuevan las prácticas correctas enseñadas en la Biblia.

La voluntad de Dios es que cada joven pueda llegar a usar su sexualidad para el propósito ordenado por Él mismo. Nuestro trabajo de prevención será ayudar a evitar el uso incorrecto, que resulta dañoso al propósito ordenado por Dios.

Esta definición tiene más importancia de lo que aparenta. Debemos entender y poder comunicar a nuestros jóvenes que el sexo es idea de Dios y fue creado para bendición del hombre y no para su sufrimiento. El Gran Inventor supo qué cosas nos hacen mal, y en su amor y sabiduría lo escribió claramente para evitarnos problemas innecesarios. En otras palabras, lo que deseamos no es restringir sino llevar al máximo el uso correcto.

Necesitamos recordar que hay una razón central por la cual nuestros jóvenes no deben pecar en el plano sexual: es porque Dios ha dicho «No» a las relaciones fuera del matrimonio.

LAS RAZONES DEL «NO»

Riesgo real de embarazo no deseado.

David nunca pensó que su único contacto con Betsabé produciría un hijo. Todo joven necesita ser consciente de que cada acto sexual conlleva el peligro de crear un embarazo, aun cuando estén «cuidándose». Muchas parejas han aprendido con lágrimas amargas, que ningún método anticonceptivo es seguro. Todos dejan una posibilidad.

En muchos casos, las parejas de jóvenes cristianos que llegan a las relaciones sexuales no se cuidan por la razón de que, para ellos, el cuidarse implica preparar y planificar el pecado. Prefieren «caer», por razones de su conciencia, dando como resultado un índice alto de concepción. Siempre hablan de una sola vez, pero la primera vez lleva a la segunda, y…

Hace poco, en una reunión de jóvenes comenté que sin la consumación del coito, sólo por el toqueteo mutuo, ha habido casos de concepción. Después de la reunión se me acercó una chica que me dijo que justamente eso había pasado con ella. Sin penetración quedó embarazada. El Dr. Wheat, en sus excelentes casetes y libros deja bien explicado este punto.

Cada joven necesita contemplar seriamente qué implicaría tener un hijo. Son muchos los que han descubierto que, por no pensarlo antes, más tarde han tenido que pensar mucho en cómo anunciar y vivir la llegada de ese bebé, o en matarlo y cubrir el pecado mediante el aborto.

El drama que crea en la mente y la vida de la chica el tener un aborto es tremendo. Saber que ha matado a su hijo y ver por la calle a tantos niños que le recuerdan angustiosamente al hijo que podría haber tenido si su novio no la hubiera presionado para realizar el aborto, es terrible. Por otro lado, las infecciones y los problemas físicos producidos por abortos mal hechos, además de la situación engorrosa, a menudo resultan en la imposibilidad de tener hijos cuando se casen, y en algunos casos, la misma muerte de la madre.

La concepción no es un chiste, como han llegado a descubrirlo miles de chicas adolescentes de toda Latinoamérica. Nunca volverán a ser iguales, …y todo por media hora de placer.

Problemas sexuales en el matrimonio.

Durante una clase de sicología pastoral, mi profesor comentó que él acostumbraba siempre a preguntar a la pareja que trae problemas de frigidez, si tuvieron relaciones prematrimoniales. Casi sin excepción, la respuesta era afirmativa. En mi práctica pastoral he comprobado lo mismo. Cuando es así, pregunto al hombre: ¿Cómo era tu novia antes de tener relaciones sexuales? ¿Era cariñosa, dada y disfrutaba de tu cariño? Casi siempre contestan: «Si, mucho». Entonces pregunto: «¿Qué pasó entonces?» Generalmente contestan que ella cambió. Allí les explico lo siguiente: «Tu novia te amaba, te respetaba y lo demostraba con su cariño y afecto aun en el aspecto físico. Ella, confiada, puso su tesoro más valioso en tus manos, convencida de que la amabas y que ibas a cuidarla y apreciarla, sin pensar que la usarías. Tal vez ella no se dio cuenta que su afecto despertaba en ti el deseo físico y tú, por tu lado, entendiste otra cosa. El resultado es que ella siente que ha sido usada; se siente sucia, que su confianza ha sido abusada. En su profundidad se produjo un menosprecio hacia ti, llegando a odiarte por ello. Por otro lado, se siente emocionalmente unida por haber compartido lo más íntimo de su vida. En su interior, también siente miedo de que otro hombre no la acepte cuando llegue a conocer lo que pasó. Entonces, con este conflicto interior busca el matrimonio como medio de seguridad, pero en lo más profundo de su ser te rechaza. Una vez casada, ella se cierra en su intimidad, dando como resultado la frigidez».

Siempre cuento esto a los jóvenes, haciéndoles ver que es más importante tener 40 o más años de felicidad sexual en el matrimonio, que sacrificar eso por unos pocos momentos de placer en el noviazgo.

Las diferencias y las responsabilidades.

La mujer es muy diferente al hombre. A ella le gusta el cariño y el afecto sin unirlo al sexo. Tiene que haber experiencia sexual previa y/o todo un tiempo preparatorio para que ella «entre en clima» de deseo sexual. Para el hombre es muy difícil estar besándose y acariciándose con una mujer sin que se despierte el deseo sexual enseguida en él. El hombre cristiano necesita aprender que es su rol (y no el de la mujer, como todo el mundo dice) ejercitar dominio propio y respetar a su novia. Es un fracaso grande cuando la novia tiene que frenar con un «no» al novio.

Por su parte, nuestras chicas también necesitan aprender que el hombre es diferente a ellas. Muchas veces, incitan al hombre al descontrol por su forma de vestir, de tocar y mostrar afecto. Lo que para ella puede ser afecto puro, despierta una gran pasión en el hombre. No es que él sea «un bruto», sino que fue creado de una forma diferente. Ella necesita entender eso. Ha sido interesante hacer escribir a los muchachos de un grupo sobre la vestimenta y las cosas que ellos encuentran provocativas y luego, compartirlas con las chicas. ¡Grandes han sido las sorpresas!

El placer sexual no es un mero acto sino una habilidad desarrollada.

Todos los matrimonios que disfrutan el verdadero placer sexual en pareja han encontrado que requiere tiempo y una ambientación correcta el desarrollar la relación sexual para que sea realmente placentera y una unión profunda; no es un mero acto animal. Lamentablemente, cuando los novios juegan con el sexo, en la mayoría de los casos, la experiencia para la mujer es tan desagradable que torna negativa su actitud por años y algunas veces, para siempre. La seguridad del matrimonio es el único marco adecuado –por sus características integrales– para «aprender» y desarrollar la práctica sexual.

Pérdida de confianza y desarrollo de celos.

Cuando una persona casada me consulta sobre su problema de celos, trato de averiguar si tiene alguna buena razón o evidencia para pensar eso. Si esa razón no existe, pregunto si tuvieron relaciones prematrimoniales. Casi siempre la contestación es «sí», o al menos muchas luchas sobre el tema.

La razón es sencilla: cuando una persona ha visto que su novio/a, contra todo su deseo y amor, resistía la tentación sexual, sabe que esa persona también resistirá la tentación que llega desde afuera en el matrimonio. Pero si no ha habido control y la persona que ahora tiene celos debió poner freno, la base de confianza ha sido destruida y la semilla de duda ha sido plantada. «Si no pudo dominarse conmigo, ¿podrá con otra?»

Muchos maridos se han quejado de los celos falsos de sus esposas, cuando ellos fueron los que sembraron abundantemente la desconfianza en ellas. El novio sabio nunca hará que su novia tenga razón de dudar de su dominio propio.

La adicción sexual.

Existe también el poder adictivo del sexo prematrimonial. Como con las drogas, el comienzo es fácil, pero la liberación difícil. Siempre comenzó con un beso, después dos, un abrazo, la caricia, después… Hay una ley muy sencilla en el mundo de los estímulos y es la siguiente: cada vez se requiere más estímulo para mantener el mismo nivel de placer. En las relaciones sexuales o presexuales, las personas buscan formas para mantener y crear placer.

La primera vez es más por curiosidad que por pasión sexual: «para probar»; luego encontraron que ello dominaba su mente y sus deseos a tal punto que sus vidas empiezan a girar alrededor de lo físico, dejando casi de hablar y de desarrollarse en las otras áreas de su relación. Pronto ven que a su pareja le están faltando elementos básicos. Es el comienzo del fin.

La muy jactanciosa libertad sexual que los investigadores sobre el sexo y sus discípulos insisten en que compartamos va a convertirse en una nueva esclavitud… En el centro de la nueva ideología hay una metáfora mal colocada… Es la idea de que el sexo es una «fuerza biológica», una energía impersonal, una de las presiones coercitivas de la naturaleza que existen, le guste o no al hombre…

Cuando uno estudia la investigación en la conducta sexual animal y humana… se va haciendo claro que esta noción de sexo como fuerza biológica es seriamente inadecuada y aun engañadora, especialmente cuando se la aplica a seres humanos. La posibilidad más probable es que la conducta sexual humana esté en la naturaleza de un hábito, apetito o aun adicción adquiridos.

La motivación sexual se cultiva en grado sumo. Podríamos, por lo tanto, descondicionarnos progresivamente y en forma considerable reducir nuestros deseos sexuales si quisiéramos. En una sociedad aparentemente resuelta a desarrollarlos en su nivel más intenso, esto podría no ser fácil, pero ciertamente es posible…

La idea de la fuerza biológica anima a la gente a desarrollar el apetito, a la vez que provee una excusa para negar (desconocer) su responsabilidad en eso. De aquí, que hoy tenemos adictos al sexo y todas las ansiedades de nuevo estilo.

Enfermedades transmitidas por el sexo.

Todo el mundo habla del problema del SIDA, para lo cual únicamente existe una vacuna segura: el sexo, única y exclusivamente con un cónyuge sano toda la vida. Pero si bien esta enfermedad es «imparable», hay otras que son mucho más fáciles de adquirir y muy dañinas, con dolor y trastornos en las personas y hasta en los hijos. Por ejemplo, la Chlamydia. Millares de personas tienen esta enfermedad, que en muchas ocasiones no presenta síntomas visibles y muchos ignoran que la poseen pero que puede llevar a la infertilidad, tanto de uno como de otro miembro de la pareja, y, en ocasiones, causar la muerte del feto. A veces infecta los ojos, los oídos y pulmones del bebé o desemboca en su muerte posterior. La Gonorrhea, que muchos creían desaparecida con el descubrimiento de la penicilina; sin embargo, está en aumento con variantes resistentes a los tratamientos. Herpes genital, sin curación aún. Miles sufren esta enfermedad, que puede ser devastadora emocionalmente. Se estima que 80% del cáncer genital proviene de esta enfermedad.

En una encuesta que hicimos en Buenos Aires, encontramos que el 30% de las jovencitas creyentes solteras y el 50% de los varones habían tenido relaciones sexuales. Muchos de ellos lo habían hecho con más de una persona, especialmente entre los que se habían convertido durante su juventud. Más de uno había tenido contacto con prostitutas, quienes suelen tener algunas de estas enfermedades. Generalmente se piensa que con medicamentos es posible la cura total, sin embargo, varias de ellas han quedado sin sanar y otras permanecen escondidas.

Ser activo sexualmente antes del matrimonio reduce la probabilidad de llegar o permanecer en el matrimonio.

«Después de haberlo hecho, a la mañana siguiente, me sentí confundida e insegura; entonces fui a ver a mi novio. Encontré que él había cambiado; no quería hablarme, me trató mal y me dijo que no quería verme más».

No todos los primeros encuentros terminan así, pero miles de chicas lo han vivido. El caso de Amnón y Tamar es un ejemplo bíblico de esto (2 Sa. 13.1-14). Otros siguen un tiempo más con las tensiones, la desilusión y la concentración en lo físico. Una vez iniciada la actividad sexual antes de desarrollar otros aspectos de la relación, generalmente trae dificultades para lograr esto último. La pasión sexual lleva a concentrarse en lo físico, que es la parte que menos asegura el éxito matrimonial.

Los que sobreviven a esta segunda etapa encuentran que la batalla no ha terminado. La mayoría terminará en el divorcio y las razones son múltiples: culpa, celos, frigidez, falta de habilidad en resolver problemas, falta de desarrollo de una relación íntegra, etcétera. Si la pareja no desarrolló dominio propio, hábitos de resolver problemas correctamente, amor y preocupación por el otro, le queda poca esperanza para el matrimonio. Después, como no tienen estas áreas cultivadas, fallan en la comunicación, el compromiso, el amor que les ayuda a resolver los problemas exitosamente. Sin arreglo espiritual profundo, el matrimonio, generalmente, se desintegra. Ellos no lo querían así pero no pudieron escapar a las consecuencias de sus actos y fallas. No lo quisieron pero lo facilitaron.

Culpa

Varios me han confesado que su sentido de profunda culpa y suciedad destruyó su relación con Dios, su autoimagen, la frescura de su propia vida. ¡Cuántos han llorado delante de Dios, no una sino docenas de veces y por años, sin encontrar alivio al tormento de su conciencia y del Acusador de los santos! Cuando han perdido su comunión con Dios y esa relación vital, sienten que están condenados a ser ciudadanos de segunda categoría para siempre. Se identifican con Esaú, pensando que no hay solución para ellos. Algunos se pierden, como resultado, en las drogas, el sexo desenfrenado y hasta en el suicidio.

Miedo.

Hay miedos que florecen. La hija de un pastor me confesó que vivía aterrorizada, temiendo que al salir algún tema de conversación relacionado con el sexo alguien vería su vergüenza. Otras no quieren ir al médico cuando lo necesitan por miedo a ser descubiertas.

Recordemos también el miedo a ser abandonada, que es un miedo justificado, siendo que, como hemos dicho, sucede a menudo. La muchacha piensa que por seguir diciendo «sí», no lo perderá; sin embargo, su culpa, su ira contra él aumenta y se manifiesta en las conversaciones, los paseos, etcétera. El único lugar donde están bien es en la cama. Los días están contados para tal pareja.

El juicio de Dios contra el pecado

No podemos burlarnos de Dios ni escondernos de Él, como algunos lo han comprobado con amarga tristeza, y como 1 Tesalonicenses 4.6 enseña claramente, hablando del pecado sexual: «…que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado». David encontró esto en su propio cuerpo, «Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mi tu mano. Se volvió mi verdor en sequedades de verano» (Sal. 32.3, 4). Después, por años, sufrió con los problemas resultantes en su familia. Dios no juega con el castigo a los pecados sexuales, y el joven sabio debe saber esto y no jugar con el sexo. Si esta fuera la única razón por la cual las personas deben obedecer a Dios en este punto, sería suficiente razón e igualmente la más tremenda. Las otras bien pueden ser algunas de las formas del castigo de Dios.

PASOS PRÁCTICOS PARA NO CAER

Como pastores, líderes y padres siempre debemos hablar de uno y otro punto: el por qué esperar y cómo hacerlo. Si no hablamos de los dos, entonces tendremos problemas. Recordemos que nuestro mundo ha cambiado mucho en los últimos 20 años. Si el joven trabajara en el cómo no caer, deberá ser convencido de que hay razones buenas y fuertes para hacerlo; hoy todos están diciéndole: «¡Hazlo! Es natural; es bueno, divertido», «Reprimirte te va a hacer mal; no seas tonto».

El joven necesita buenas convicciones si aspira ganar la batalla. Una vez asumidas las convicciones necesitará las herramientas para batallar o terminará fracasando.

La sensibilidad y el deseo sexual en sí no están mal.

Son naturales y un tesoro que debe ser guardado para disfrutarlo al máximo, en su tiempo. Siempre trato de ayudar a los jóvenes a ver al sexo como un don de Dios, cuyo propósito es traer bendiciones y placer, pero es frágil y requiere un empleo correcto. Es entonces cuando deben mirar adelante, para cuando puedan hacerlo lícitamente; asimismo, deben aprender que pueden arruinarlo todo si no ponen el cuidado que los lleve por el camino recto y bueno.

Siempre digo a las parejas que es natural, es hermoso que ellos deseen ardientemente tener relaciones con su novia a medida que van creciendo en unión y amor. Es como la comida; cuando se tiene hambre y se siente el aroma de la carne sobre las brasas, el deseo aumenta, y al fin, cuando todo está preparado, ¡cómo se disfruta! Sin embargo, si no se espera y se come antes de estar cocinada, lo que hubiera sido riquísimo termina siendo de poco agrado. Lo mismo pasa con el sexo (1 Co. 6.12-20).

Preparar el campo.

Proverbios 24.27 dice: «Prepara tus labores fuera, y disponlas en tus campos, y después edificarás tu casa». Un hombre debe preparar primero su medio de vida antes de fundar su familia. La primera concentración del joven deberá ser prepararse para ganar el pan y, después, prepararse para casarse.

Ya son muchos los lugares donde los jóvenes salen a divertirse solos mucho antes de los 18 años. La iglesia debe promover una actitud correcta en este sentido. He visto a muchos padres preocupados porque sus hijos de 15 ó 16 años no tienen novia, y muchas son las bromas, directas e indirectas, sobre el tema; todo pone presión sobre el joven que, por su edad, ya es sensible a esto. ¡Qué gran error!

No podemos separarnos completamente de las influencias del mundo, pero no debemos insinuar ni alentar las parejas demasiado jóvenes. Por otro lado, conozco varios jóvenes que, por «disfrutar de la vida», hoy, cuando deberían estar ya casados, no pueden hacerlo porque no tienen el empleo que se los permita. ¡Qué triste!

Cásense cuanto antes.

Si uno ha esperado, como hemos recomendado hasta tener «su campo preparado» para entonces buscar una novia, cuando haya encontrado la persona correcta y esté seguro de ella, debe empezar a planificar el casamiento. Esperar es disponerse a la tentación innecesariamente.

Emilio era un joven excelente de 28 años, con un buen trabajo y deseos de casarse. Sin embargo, iba pasando el tiempo y no lo hacía. Sentía la presión y la lucha; sin embargo, todavía no había podido comprar todas las cosas que necesitaban para su futuro hogar, por lo que pensaban que «no podían casarse». Emilio compartió conmigo la lucha que estaban teniendo en mantener la pureza de la relación.

–¿Tus abuelos tenían heladera, lavadora, electricidad, etcétera, cuando se casaron? –, pregunté.

Me miró un poco sorprendido y dijo:

–No.

–¿Piensas que cuando se casaron fueron infelices hasta que los consiguieron? –

–No creo–, me contestó.

Con una sonrisa le dije:

–El problema es que eres materialista y das más importancia a cosas secundarias que a lo principal. Tus abuelos, y a lo mejor tus padres, se casaron sin todas esas cosas y, poco a poco, luchando juntos, las consiguieron. Parte de la alegría de la pareja es luchar juntos para avanzar. Tú estás tratando de comenzar donde ellos llegaron después de años de luchar juntos.

Definir límites y convicciones antes de llegar a los problemas.

¿Quién puede resistir el momento de pasión, si no tiene bien definidos sus límites y convicciones? Es necesario pensar y establecer de antemano esto, y los padres deben tomar tiempo deliberadamente y tratar estos temas difíciles.

Casi siempre, cuando una pareja ha tenido problemas en este punto, ante una pregunta mía han dicho que sus padres no hablaron del tema con ellos. Es raro encontrar un joven cuyo padre le haya hablado algo, y es raro también que las jovencitas hayan escuchado algo más que de su menstruación… Después los padres se preguntan: «¿Cómo pudo hacer esto mi hija? Recuerdo aquella persona que en su niñez no entendía por qué en la iglesia predicaban tanto contra el adulterio; como niña pensaba que adulterio era tratar de ser adulto, jamás le habían explicado el término, ¡pero sí le predicaban sobre eso!

Los niños reciben mucha instrucción práctica hasta la edad de 7 u 8 años; de allí en adelante los padres, generalmente, dejan de instruir en forma práctica. El niño necesita ser instruido en forma creciente, no sólo en lo que debe hacer sino por qué debe hacerlo. Especialmente al entrar en la adolescencia, es cuando está en el proceso de hacer sus propias «reglas de juego»; él desafía y pregunta para lograr un entendimiento propio. Cuando sus padres, por vergüenza o pereza, evaden el tema, el niño aprenderá en la calle y mal. Después nos lamentaremos sabiendo que fue por nuestra falla al educarlo.

Como pastores debemos alentar a los padres a hablar con sus hijos estos temas y también guiarlos en cómo hacerlo. No es mala idea tener un grupo de estudio para padres. La razón por la cual la mayoría de los padres tienen problemas en hablar con sus hijos, es porque nunca hablaron con ellos ¡y no saben cómo hacerlo!

–Mamá, ¿tuviste relaciones cuando estabas en el colegio?–, preguntó una hija adolescente a su madre, quien era una nueva creyente.

Por un momento, la madre dudó en qué contestar, pero se decidió por la verdad dolorosa.

–Sí hija, las tuve–

–¿Qué pasó? ¿Te gustaron?–, preguntó la hija.

Otra vez la pausa, la duda, y la verdad:

–La verdad es que tuvimos un aborto–, contestó la mujer, y le contó todo el dolor y el desastre en que resultó esa experiencia.

Cuando la madre terminó, la hija, agradecida, dijo:

–Ahora sé con quién debo hablar si tengo preguntas o problemas–.

A través de buenos libros también podemos ayudar para un conocimiento mayor. También las charlas o conferencias de personas capacitadas son importantes en campamentos y programas de jóvenes. Siempre necesitamos asegurarnos de antemano la posición de quien abordará el tema. Algunos han sido más influenciados por Freud que por la Biblia, terminando con posiciones conflictivas. Sin embargo, muchos médicos y sicólogos cristianos pueden ser de gran ayuda.

Hay que recordar: ¡Las convicciones sólidas devienen de la información sólida y convincente! Y las convicciones sólidas son la base de las decisiones duraderas; sin ellas, fácilmente las decisiones cambiarían en los momentos de emoción.

Tres acciones necesarias para la victoria sobre las pasiones juveniles.

«Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor» (2 Timoteo 2.22).

La pasión sexual es fuerte y seductora.

Uno no puede jugar con ella sin tener problemas. Es natural disfrutar los cariños y besos, pero quien haya tomado la decisión de no caer tendrá que evitar que estas situaciones se prolonguen. También hay que huir de la basura de la pornografía de revistas, libros y películas que despiertan la pasión y el deseo. No hay forma de que uno pueda estar viendo estas cosas sin aumentar la lucha en la mente y el cuerpo. La mente es el órgano sexual más grande.

Los padres deben cuidar de no proveer la oportunidad. No es que los jóvenes planifiquen caer y estén pendientes de la salida de los padres para tener relaciones (algunos, tal vez, sí). La mayoría de las veces no lo planearon; sólo querían estar solos. Incluso se sentirían ofendidos si sus padres insinuaran que ellos estaban buscando la ocasión. Es que ellos mismos no conocen bien su poder y su dinámica sexual. Los padres sabios, entonces, no acusan sino que evitan proveer oportunidades para la carne de sus hijos.

Sin embargo, no podemos siempre cuidar a nuestros jóvenes; no es nuestro trabajo ser sus policías sino ir formándolos y enseñándoles. Necesitan que hablemos honestamente del poder sexual y de la necesidad de huir de situaciones propicias para caer. El joven debe entender que es responsable de no proveer para la carne si quiere alcanzar la victoria.

Seguir la justicia, la fe, el amor y la paz.

La vida no debe ser «sólo huir» sino también lograr y crecer en el bien. Gálatas 5.16 dice: «Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne». Sobre todo una relación profunda y creciente con el Señor Jesucristo resultará en bendición, riqueza y poder para vivir correctamente. Aparte de Él nunca habrá buen fruto.

La tendencia natural de toda pareja es abandonar todas sus actividades y amigos, concentrándose en ellos mismos. Sin embargo, hacer esto es reducir su probabilidad de tener una pareja exitosa. Al comienzo tienen «diez mil cosas» para compartir que «nunca han contado a otro» y esto es hermoso. Con el tiempo, esas cosas se terminan y para compartir sólo queda, aparentemente, el cuerpo. Es vital que toda pareja aprenda a buscar el bien, el crecimiento y el servicio significativo si buscan mantener una relación vital. Es en este punto que tantos casados fracasan, terminando en una pareja aburrida y sin vida, por no buscar el nutrimiento apropiado. Muchos se concentran en lo físico para llenar su vacío y las carencias personales, pero terminan con un peor sentido de vacío y de baja autoestima.

«Con los que invocan al Señor con un corazón puro».

Hay que huir, hay que seguir, pero, en tercer lugar hay que hacerlo con otros que tienen ambiciones espirituales. «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres» (1 Co. 15.33). Las buenas compañías ayudan.

Siempre hay que recomendar a las parejas que eviten la tendencia tan natural de estar solos por mucho tiempo y sí estar con otros haciendo cosas buenas.

Nuestro trabajo pastoral necesita ser «sumergido» en oración y sabiduría, para que la mente de la persona aconsejada pueda ser renovada en el entendimiento de la verdad y transformar así su vida (Ro. 12.2). Es en la renovación el entendimiento que las personas son cambiadas. Si no han entendido no van a cambiar.

Orar juntos como pareja cada vez que van a salir de paseo y al volver.

Esa fue mi experiencia personal: tomar la costumbre de orar honestamente antes y saber que deberemos orar juntos después. Eso fue de gran bendición; es difícil pecar si uno ha orado y sabe que tiene que orar otra vez. Si uno de la pareja no está dispuesto a orar, puede ser una buena indicación sobre qué compañero estamos buscando.

El cultivar tiempo con el Señor, en pareja, fortalece la conciencia en el sentido de agradarle y obedecerlo. Él nos ha creado con sexo y con impulsos sexuales, pero Él nos ha enseñado a usarlo dentro del matrimonio. Compartir tiempo con Él, juntos, fortalecerá la relación de los «tres» y la lealtad que nos debemos.

Desarrollar autocontrol es invertir en el futuro.

Para el novio no hay forma más rápida de perder el respeto de su novia, que el obligarla a decir «no» y ser ella quien frene la embestida. El hombre sabio sabe que debe controlar su pasión. El autodominio del hombre es fundamental para el éxito sexual en el matrimonio y es óptimo cuando se desarrolla en el noviazgo. Esta es su gran oportunidad de hacerlo.

Cuando ellos se casan, entran en un ambiente tremendamente estimulante. En la luna de miel se puede comenzar y sellar el fracaso sexual del futuro. Él verá a su esposa desvestirse y se encenderá en la pasión. Despertará a la mañana y encontrará a la mujer que tanto ama a su lado. El calor de su cuerpo, etcétera, despertará otra vez la pasión. La hora de la siesta llega, y nuevamente la pasión. Si él no sabe controlarse, antes de terminar la luna de miel la esposa se sentirá usada y creerá que lo único que a él le interesa es el sexo. Muchos hombres piensan: «Bueno, es legítimo, ¿por qué no?». Sin embargo encuentran que su esposa empieza a escaparles, a no estar cerca, porque ella ve que siempre todo termina de la misma forma. Cuando el hombre no tiene este control terminará «quemando» la relación sexual con su esposa. El sexo para ella se ha vuelto tedioso y huye. El hombre se siente rechazado y, en muchas ocasiones, la semilla de la infidelidad ha sido plantada. La clave está en el dominio propio del hombre, y el noviazgo le da la oportunidad para adquirirlo.

Es vital rechazar los razonamientos engañosos.

Las jóvenes necesitan advertir la mentira de «si me amaras, te entregarías», contestando «si me amaras, no me pedirías». Muchos piden una «prueba de amor» a su pareja. Si en el tiempo que llevan juntos no se pudo comprobar si el amor era verdadero, poco se ganará con una hora en la cama. El mantenerse puros es la mejor prueba de amor que un novio o novia pueden guardar para sus esposos.

Necesitan comprender que el «estamos enamorados y vamos a casarnos» no legitima nada, y que justo por estar enamorados y deseando casarse es que deben esperar para garantizar el éxito y no plantar las semillas de futuros grandes problemas. Si no han podido casarse hasta ahora, la posibilidad de tener que apurarlo por un embarazo no va a ayudar mucho.

En jóvenes que entran en el noviazgo con experiencia sexual de un noviazgo anterior, el razonamiento suele ser: «¿Lo hiciste con otro, y conmigo, a quien dices amar más, no quieres hacerlo?», a lo que su pareja podrá decir: «No quiero volver a echar a perder lo nuevo que Dios está haciendo en mí. Él me limpio y no para volverlo a arruinar. Seré limpio/a para ti porque Dios me limpió, y lo disfrutaremos en Él y como Él lo ordenó».

Una buena idea es, en un grupo de jóvenes dividido por sexos, hablar sobre los diferentes razonamientos que han escuchado y pensar en cómo contestarlos en el futuro. En diferentes culturas y edades hay variaciones en los razonamientos.

Buscar pareja únicamente entre quienes comparten las mismas convicciones.

No es suficiente que sea creyente; algunos jóvenes «creyentes» nunca crucificaron sus deseos y pasiones. Al comienzo del noviazgo deberán hablar y entenderse sobre cómo mantener la pureza en la relación. Si uno de los dos no comparte esas convicciones es recomendable que se separen. Los jóvenes que quieren jugar antes son los que suelen jugar después.

Fuente: Desarrollo Cristiano.

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Daniel Diaz Nauto

Daniel Diaz Nauto

Director, Editor, Webmaster entre otras funciones de la Red PoderyGloria. Hace 12 años se dedica a la informatica, amante a la fotografía y estudiante de teología. Le gusta disfrutar de aquella música que llega a lo profundo del corazón.