Liderazgo

7 pasos para capacitar a sus líderes

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Daniel Diaz Nauto
Escrito por Daniel Diaz Nauto

El estilo de su liderazgo puede ser el factor más importante en el desarrollo de nuevos obreros en su ministerio.

Capacite a sus santos
Carlos me llamó y me pidió: «Pastor, tengo un amigo en el hospital. ¿Podría visitarlo para llevarle la palabra de Dios?» Yo soy el primero en creer que un ministerio hospitalario debe ser parte de las actividades de la congregación local, pero en esta ocasión particular respondí: «Carlos, mi función como pastor es capacitarte para la obra del ministerio, no cumplirla yo en tu lugar. ¿Por qué no visitas tú a tu amigo y le presentas la palabra del Señor? Luego me puedes compartir tu experiencia de manera que yo pueda ayudarte a seguir creciendo en este servicio».

La tarea de capacitar a otros exige esfuerzo y perseverancia Como usted se podrá imaginar, luego de cortar la llamada, me asaltaron las dudas. «¿Habré sido muy duro con Carlos?» —me pregunté. «¿Será que simplemente estoy optando por el camino del menor esfuerzo?». Pero después de meditar por unos minutos arribé a esta conclusión: La capacitación de los santos para la obra del ministerio es mi principal función. Desempeñar yo el trabajo del ministerio es el camino más sencillo, pero mi compromiso de capacitar al pueblo de Dios me insta a soportar situaciones por las que algunos se sentirán incómodos. El amor hacia ellos, sin embargo, me moverá a insistirles a que aprendan a efectuar el trabajo del ministerio, así cada uno acabará ocupando su lugar correspondiente en el cuerpo de Cristo. Seguramente, esta es una de las razones que movieron a Jesús a desafiar a los Doce a que ellos mismos dieran de comer a los cinco mil.

La tarea de capacitar a otros exige esfuerzo y perseverancia. Quisiera sugerir que el proceso comenzará cuando nosotros, los pastores, estemos dispuestos a rediseñar el trabajo de llevar adelante nuestro ministerio.

Redefina su función
Comience a evaluar su función como líder. Según Efesios 4 la tarea primordial de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros es capacitar a los santos para la obra del ministerio, no llevar adelante ellos mismos esa tarea. Muchos pastores creen teológicamente en el concepto del sacerdocio universal del creyente, pero, en la práctica, viven como si solamente ellos fueran los llamados y capacitados para el ministerio. Hasta su lenguaje delata su perspectiva, pues hablan de un llamado «al ministerio de tiempo completo».

No es suficiente con que usted tenga en claro su función. Debe proclamarlo públicamente, enseñando a las personas a las que sirve que su tarea primordial es formarlos. Además, afirme el valor de los dones y las capacidades observadas en sus discípulos. Demuéstreles que usted realmente cree en la riqueza del cuerpo de Cristo, manifestada en cada miembro.

Diseñe estructuras apropiadas
Si usted no crea las estructuras necesarias para que las personas puedan experimentar y ejercitar sus dones, sus enseñanzas al respecto no fructificarán. Más bien, les dará motivos para sentirse frustradas, pues no encontrarán el espacio para utilizar sus dones. Por ejemplo, no surgirán otros predicadores en la congregación si usted insiste en ser el único que comparte la Palabra con ellos. Muchos domingos no predico, permanezco en la reunión para que otros hermanos de la congregación me ministren con la Palabra. Es una de las maneras en que demuestro mi convicción de que, entre nosotros, existen muchos predicadores.

Conozca sus prioridades
Las prioridades en el ministerio pocas veces se refieren a elegir entre lo bueno y lo malo. En la mayoría de los casos giran entorno a escoger lo mejor entre muchas opciones buenas. En el caso que compartí al inicio de este artículo, hubiera sido bueno que yo visitara a la persona hospitalizada; pero la posibilidad de capacitar a otro para esa obra era una opción aún mejor que la primera.

Para ordenar sus prioridades usted debe anticiparse a las consecuencias de sus propias acciones y decisiones. Para ello pregúntese en cada circunstancia si el camino escogido es el que producirá mayor fruto para el ministerio. En cada situación me resulta útil plantearme las siguientes preguntas: • ¿Hay alguien en mi grupo que realice mejor esta tarea que yo? • ¿Es esta una oportunidad para capacitar a otros? • ¿Esta actividad encaja bien con los objetivos y las metas que me he propuesto para el ministerio?

Delegue con fe
Confiar en otros para que desarrollen un proyecto siempre procede de una actitud de fe. Muchas veces queremos convencernos de que no les delegamos responsabilidades a las personas porque ellas no están listas para cargar con ellas. Con frecuencia, sin embargo, el problema no radica en la incapacidad de ellos sino en los temores de nuestros propios corazones. Para confiar en otros usted deberá enfrentar estos temores. Si no ha trabajado nada para capacitar a los demás quizás sus temores estén bien fundados; no obstante, si ha invertido en sus vidas confíe en que su esfuerzo no ha sido en vano.

Busque su reemplazo
Es muy fácil trabajar de tal manera que usted y yo nos volvamos indispensables para la continuidad del ministerio: simplemente necesitamos centrar todas las decisiones y actividades en nuestra propia persona. El problema se verá cuando usted salga de ese ministerio, por el motivo que sea, pues toda la estructura se desmoronará, porque ya no está la persona que la sostenía.

El ministro sabio comienza a trabajar, desde el primer día, para aquel momento en el que otros lo sucederán. De esta manera asegurará que la transición generada por su salida sea lo más manejable posible. Lejos de socavar su propio ministerio, preparar a su sucesor le abrirá puertas para que avance a nuevos y mayores desafíos en el servicio a Cristo, pues al que ha sido fiel en lo poco se le encargarán asuntos mayores.

Celebre la diversidad
A medida que sus discípulos se vayan afianzando en el servicio aproveche cada situación para animarlos y reconocer, en público, su aporte al ministerio. Esta es una de las maneras más claras para que usted revele su convicción de la riqueza de la diversidad de dones que existen en el Cuerpo. Además del impacto de este proceder en la congregación, se genera también ánimo y confianza en el corazón de las personas que usted capacita, pues ellas comprueban que su aprobación y apoyo es genuino. Aun cuando las personas fracasen en sus intentos de ejercitar sus dones, jamás olvide que su tarea consiste en edificar y levantar, no en destruir ni humillar.

Descentralice actividades
Uno de los elementos que inhiben el crecimiento de los individuos es la tendencia, en la iglesia moderna, de centrar sus actividades y programas en un solo edificio, el salón donde se reúnen. Para muchas personas esto implica un obstáculo porque sus compromisos y horarios no les permiten desarrollar un ministerio en ese lugar. No obstante, sí disponen de tiempo y voluntad para trabajar en otros proyectos fuera de ese ámbito, como servir en sus propios barrios o lugares de trabajo.

Para que ellos puedan crecer hacia estos objetivos es importante que usted, como líder, ayude a la congregación a entender que el ministerio es fruto de la acción de los hijos de Dios, ya sea reunidos como cuerpo, o dispersos por los diferentes lugares donde llevan adelante su vida cotidiana. De esta manera podrán surgir gran diversidad de ministerios que no necesariamente requieren de la estructura centralizada de la iglesia.

Conclusión: Las actitudes y convicciones que sustentan su propio ministerio pueden contribuir más al levantamiento de nuevos líderes que las acciones directas en el servicio. La capacitación de los santos comienza a ser parte de la realidad de nuestros ministerios cuando creemos, en nuestros corazones, que ella es el eje central de nuestra vocación de liderazgo. ¡Todo lo demás fluye de esta convicción!

Fuente: Soy Cristiano

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Daniel Diaz Nauto

Director, Editor, Webmaster entre otras funciones de la Red PoderyGloria. Hace 12 años se dedica a la informatica, amante a la fotografía y estudiante de teología. Le gusta disfrutar de aquella música que llega a lo profundo del corazón.