Si descubres que tu hijo usa drogas, no niegues la verdad. La adicción a las drogas no se va a desaparecer por sí sola. Por negarlo, sólo estás perdiendo la oportunidad de ayudar a tu hijo. La adiccíón a las drogas es más rápido en los jóvenes que en los adultos, y en cuestión de unos meses, las cosas se pueden poner mucho peor. Es mucho más fácil ayudarlo ahora que después. Si sólo sospechas, averigua. Aprende a reconocer los síntomas y hábitos de la persona que usa drogas. Agencias del gobierno y librerías tienen materiales de gran ayuda para detectar el uso de las drogas en nuestros hijos y en los amigos de nuestros hijos. Infórmate.

En segundo lugar, debes mantener la calma. Cuando estés seguro que tu hijo está usando drogas, no hagas nada al respecto ese día. Déjalo para mañana. Puedes compartir tu descubrimiento con tu esposa y pensar entre los dos sobre el problema, pero no hagas nada ese día. La mente tiene una maravillosa habilidad de reflexionar y descubrir soluciones cuando uno está dormido.

Tercero, no le caigas encima como un bombero apagando un fuego, como si un buen regaño y un castigo vaya a resolver el problema. Ese es el momento de hacerle cuatro preguntas importantes: (1) ¿Cuánto tiempo hace que estas usando drogas? (2) ¿Cuál droga estás usando? (3) ¿Con qué frecuencia? (4) ¿Quieres dejarla? Escucha a tu hijo expresar sus sentimientos. Muchas veces, una conversación amistosa es suficiente para que el hijo o hija abandone las drogas. Castigos duros, como meterlo preso en su cuarto, u obligarlo a eliminar sus amistades (depende de su edad) no ayudan en nada, sino que provocan su ira y eliminan todo incentivo de cambiar.

Es muy importante saber su motivación para usar las drogas y ayudarlo a superar su decisión equivocada. Pero fuera lo que fuera su motivación original, si eres muy duro con él, probablemente el hijo va a decidir seguir usando las drogas para desquitarse contigo por tu reacción insensible. No será mala la idea buscar una muñeca, sentarla en una silla y practicar hablando con la muñeca primero, antes de hablar con tu hijo. Trata de controlar tus emociones y preguntarte, “¿Cómo se oye?” Esta práctica te podrá ayudar a prepararte para una de las conversaciones más importantes de tu vida.

En cuarto lugar, no vayas a probar la cura geográfica. Mudar tu familia para otra parte o mandar al hijo a vivir por otra parte no le va a ayudar en nada. Las drogas están por todas partes. Es más problema de sentimientos y emociones internas que de condiciones externas.

En quinto lugar, debes hacer una evaluación de la seriedad del caso. Hay mucha diferencia entre un niño de doce años que fumó dos cigarrillos de marihuana y un joven de veinticinco, adicto a la heroína y que ya ha cumplido tres años de cárcel por vender substancias controladas. Posiblemente la ayuda profesional es recomendable tanto para el hijo como para su padre, pero buscar la ayuda y los servicios de un psiquiatra son costosos. Hablando de psiquiatras, también puedes consultar con el ministro o algún hermano de la iglesia que sea calificado por su trabajo con jóvenes.

La evaluación del problema envuelve un análisis de sus amistades. ¿Es un acto solitario, o tendrá un amigo que es un adicto crónico? ¿Son las drogas de naturaleza principiante o de nivel avanzado? ¿Son de boca, nariz, o usa jeringuilla? Estas preguntas sirven para ayudar al padre a no perder su balance y tratar de matar moscas con una escopeta. Tampoco debe pensar que una buena charla va a ayudar a un hijo que ya está inyectándose.

En sexto lugar, comprender al hijo y sus sentimientos es más importante que descubrir los hechos. Si suenas como un fiscal en la corte, no vas a ayudar al muchacho. Se va a cansar de contestar las preguntas que incriminan a sus amistades. Nuestro deseo es que se abra su corazón y explique lo que siente en confianza de que queremos ayudarlo y no obligarlo a ayudarnos a satisfacer nuestra curiosidad. Los hechos no son importantes, sino sus sentimientos. “Hijo, dime, ¿qué tú pensabas la primera vez que usaste drogas? ¿Qué sentías al usarlas? ¿Te ayudó? ¿Después que te pasaron los efectos, qué sentiste? ¿Cómo pensabas que íbamos a reaccionar tu mamá y yo al descubrir que tú usas drogas?” Esta última pregunta es muy importante. Lo más importante en todo este asunto de ayudar al hijo es mejorar tu relación con tu hijo. Requiere un esfuerzo de tu parte.

Hay que abrir más canales de comunicación y más oportunidades para que haya comunicación. Tú puedes hacer ver a tu hijo los peligros de las drogas y esto no le va a afectar en nada. Escucha, el uso de las drogas no se debe a la ignorancia, sino la dependencia. Existen necesidades no cumplidas, ansiedades, sentimientos de inferioridad y deseos de un sentimiento de salvación emocional y tales necesidades quedan satisfechas con la amistad. Hay que hacerle ver que no tenemos que escapar de la vida y sus problemas, sino que podemos confrontar cualquier problema u obstáculo y vencerlo. Y el mejor amigo es Cristo, quien vino para damos vida en abundancia y crear en nosotros una imagen nueva de importancia y de un auto estima positiva.

Séptimo, no te rindas. El problema de las drogas existe por la presencia de otros problemas que no vinieron de la noche a mañana y su desaparición puede coger tiempo. Tal y como otros problemas personales cogen tiempo, paciencia, y mucho trabajo, así el problema de las drogas.

En octavo lugar, las drogas pueden ser un problema que recurre. Un día vas ganando y otro día parece que no has hecho nada. No es fácil ser adolescente. No es fácil ser padre. Hay que resistir la tentación de estallar. Con la calma tú puedes ganar la guerra aunque pierdas unas batallas. Es un cuadro triste, pero no hay otro camino. Muchos jóvenes son curados de las drogas por una sobredosis. En vez de esperar que tu hijo esté luchando por su vida en una sala de emergencia de algún hospital, debes ayudarlo ahora, cuando todavía no existe ningún problema. Oyó bien. Antes que tu hijo vaya a probar las drogas, tú y él pueden formar una relación fuerte y sana de padre/hijo y así evitar muchos problemas en el futuro. Hoy es un buen día para demostrar a tu hijo lo mucho que tú lo quieres y que tú siempre vas a estar allí para ayudarlo.

Autor: Elmer N. Dunlap Rouse
Fuente: www.iglesiadecristo.com

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