cantaresEspero que esté usted descubriendo el maravilloso carácter de la Biblia, su agudo discernimiento y la manera tan profunda de sondear la vida humana. Las Escrituras nos fueron dadas con el propósito de que pudiéramos entendernos a nosotros mismos y a nuestro Dios y los libros del Antiguo Testamento contribuyen de una manera asombrosa a esta comprensión.

En la actualidad el Cantar de los Cantares está considerado como posiblemente uno de los libros más confuso y difícil de la Biblia, pero seguramente le sorprenderá saber que durante todos los siglos del cristianismo ha sido uno de los libros más leídos y amados de todos.

Durante la sombría época antes de la Reforma Protestante, cuando los albiguenses huyeron de la iglesia Católica y John Huss llevó a su pequeño grupo de cristianos hasta Bohemia, este fue uno de los libros de la Biblia que se leía, se citaba, al que se hacía referencia y memorizaba con más frecuencia, pues les servía de gran consuelo.

En los días posteriores a la Reforma, en los tiempos de amarga persecución de los Firmantes de Escocia, de los cuales salió la Iglesia Presbiteriana bajo el liderazgo de John Knox y otros, este fue una vez más uno de los libros que se leyeron con más frecuencia y que más se citaban. Les sirvió a los Firmantes de mucho consuelo y sostuvo el espíritu de aquellos hombres y mujeres, a los que daban caza como si fuesen animales, por las montañas y los valles estrechos de Europa.

Este es el último de cinco libros del Antiguo Testamento. Job es el primero, luego viene Salmos, Proverbios y Eclesiastés y finalmente el Cantar de los Cantares. Cada uno de estos libros revela uno de los elementos básicos del hombre. Job es la voz del espíritu, la parte más profunda de la naturaleza del hombre, que es por lo que el libro de Job es y será siempre un misterio para nosotros. Según palabras de uno de los salmos, es uno de los libros en el que “un abismo llama a otro y podemos leerlo sin reconocer lo que tiene de profundo. Es casi imposible agotarlos. He aquí la voz del hombre clamando a Dios, en medio de su dolor y su lucha. Job dice: “Oh si yo pudiera saber dónde hallar a Dios. (Job 23:3)

Los libros de los Salmos, Proverbios y Eclesiastés forman una trilogía en la que se destaca la voz del alma. El alma del hombre se compone de tres partes: la mente, las emociones y la voluntad y en estos libros nos encontramos con la expresión de estos elementos de la personalidad del hombre. Salmos es el libro del corazón, de las emociones, y en él hallamos reflejadas todas las emociones conocidas por el hombre.

Este es el libro que podemos leer cuando sentimos fuertes emociones en nuestra vida para encontrar un salmo que sea la respuesta, que refleje y supla la necesidad de nuestro estado de ánimo. Por eso es por lo que los Salmos han sido siempre una porción tan amada de las Escrituras.

El libro de Eclesiastés es la voz o la expresión de la mente del hombre. Es una interrogante penetrante sobre la vida, que busca respuestas, y en este libro encuentran expresión todas las filosofías que el hombre ha descubierto. El Eclesiastés nos habla acerca del hombre que está buscando respuestas. Y la respuesta que halla, debido a que enfoca la vida solo desde el punto de vista intelectual, es que todo es vanidad y vacío, que todo cuanto hacemos y vemos es inútil. Eso es lo que descubre la mente que no tiene a Cristo.

El libro de Proverbios es la expresión de la voluntad del hombre, resumida en los proverbios que más se han citado. “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. (Prov. 3:5-6)

El libro de Proverbios es la expresión de la voluntad del hombre, resumida en el que es el proverbio más citado: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. (Prov. 3:5-6) La mente y el corazón deben aplicar juntos el conocimiento de modo que la voluntad escoja lo que es justo. En todo el libro de Proverbios encontramos que lo que se enfatiza es el gobierno de la voluntad.

Ahora bien, si el libro de Job es el clamor del espíritu, los Salmos, Proverbios y Eclesiastés son el clamor del alma, el Cantar de los Cantares es, sobre todo, el clamor del cuerpo en su anhelo más esencial ¿y cuál es el anhelo esencial del cuerpo? El amor. Por lo tanto, el tema del libro es el amor. Es un cántico, un poema de amor oriental y esto es algo que no podemos negar.

Es sencilla y absolutamente eso. Es una revelación de todo lo que pretendía Dios que fuese la función que llamamos sexo. Es el sexo tal y como Dios deseaba que fuese, no solo como una actividad física, sino como la expresión de toda la naturaleza del hombre.

Porque el sexo es algo que impregna nuestras vidas y al menos en eso Freud tuvo razón. Pero la respuesta sexual y su impulso nos afectan más que en el aspecto físico, también nos afecta emocional e incluso espiritualmente y Dios nos hizo de ese modo y no hay nada de malo en ello, pero ahí es donde se desvió el concepto victoriano del sexo.

Fue llevado a extremos por el enemigo. (Que es siempre la actividad del demonio, llevar las actitudes acerca del sexo a posturas extremas.) Por lo que el sexo se convirtió en algo mojigato, como si fuese un tema que no se podía mencionar, como algo para estar encerrado en un cajón y que era preciso mantener oculto, tras una cortina.

Pero no es así como se habla acerca del tema en la Biblia. En ella, el sexo, al igual que cualquier otro tema, se enfoca con sinceridad y se trata abiertamente, expresándolo tal y como Dios quiso que fuese. De modo que para empezar y sobre todo, el Cantar de los Cantares es un cántico de amor, que describe con franqueza y al mismo tiempo de una manera pura cómo el hombre y la mujer se deleitan el uno en el cuerpo del otro. No hay nada de pornográfico ni de obsceno en ello, nada libertino. Al leerlo se dará usted cuenta del enfoque tan precioso y púdico del que se vale para hablar sobre el tema.

El libro llega hasta nosotros en lo que podríamos llamar una forma de comedia musical. Los personajes son Salomón, el joven rey de Israel, ya que este libro fue escrito al principio de su reinado, en toda la belleza y esplendidez de su juventud, y la sunamita, que era una sencilla campesina de una belleza extraordinaria, que se enamoró del rey cuando se disfrazó como pastorcillo y se puso a trabajar en una de sus propias viñas al norte de Israel.

En el libro de Eclesiastés, Salomón nos dice que realizó expediciones para descubrir cómo era la vida a distintos niveles. Una vez se disfrazó como un sencillo pastorcillo y bajo esta guisa conoció a la joven. Se enamoraron y una vez que se hubieron prometido amor mutuamente, se marchó y estuvo ausente durante un tiempo y es entonces cuando la sunamita llora y le busca en su soledad.

A continuación nos encontramos con el anuncio de que el rey, en toda su gloria, va a ir a visitar el valle. Si bien la muchacha está interesada en este hecho, no es algo que le preocupe demasiado porque su corazón anhela y echa de menos al joven del que está enamorada, pero de repente le llega la noticia de que el rey quiere verla. El se la lleva y se casan en el palacio.

La comedia tiene lugar en Jerusalén, la capital de Israel, y un coro de cantantes, conocido como las hijas de Jerusalén hace, de vez en cuando, una serie de preguntas de gran importancia durante el relato sobre los acontecimientos que conducen al noviazgo, el compromiso y el matrimonio. La muchacha sunamita habla sobre ellos en tres ocasiones y es interesante darse cuenta de que “sunamita es la forma femenina de Salomón. Por lo que podemos llamar a la joven la Sra. Salomón. Ella es la novia, y leemos acerca de su encuentro con el joven, su noviazgo, la fortaleza, los métodos y los deleites del amor.

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