En este artículo queremos presentar las causas que llevan a la homosexualidad y las posibilidades de que quienes luchan con dificultades homosexuales logren un cambio.

Hace más de diez años apareció el libro de la Dra. Elizabeth Moberly Homosexuality: A New Christian Ethic (Homosexualidad: Una nueva ética cristiana), que revolucionó el pensamiento cristiano sobre la homosexualidad. Después de años de investigaciones, Moberly ofreció una nueva comprensión de las causas de la homosexualidad.

Antes, especialmente por la influencia de Freud, se pensaba que el problema residía en la dificultad para relacionarse con el sexo opuesto, inconveniente que nacería en la primera infancia. Moberly desafió esta posición y afirmó que la dificultad radicaba en la relación con el mismo sexo, especialmente con el progenitor del mismo sexo.

Cuando nace un varón se enfrenta con algunas tareas emocionales significativas. Nacido del cuerpo de una mujer (su madre) tiene que “desidentificarse” con ella para identificarse con la figura masculina (su padre). Debe recibir de su padre el amor, la aceptación y la confirmación necesarios para seguir en su proceso de desarrollo psicosexual.

Si por alguna razón esto no llegara a ocurrir, surgirían consecuencias graves para el niño, una de las cuales puede ser la falta de madurez emocional psicosexual que lleva a una orientación homosexual. Esta carencia de una relación positiva, íntima y satisfactoria con el padre engendra un vacío emocional y necesidades insatisfechas que la madre no puede suplir porque es un asunto de varones.

Muchas circunstancias rompen la relación entre el hijo y el padre: padres violentos que no se acercan a sus hijos con una actitud positiva; padres ausentes física y/o emocionalmente; hombres que no logran una relación físicamente afectiva con sus hijos (muchos porque nunca la tuvieron con su propio padre). Algunas niños “piensan” inconscientemente: “Si ser hombre es ser como mi padre, no quiero ser hombre…” ¿Qué les queda? El vacío de identidad o identificarse con una figura femenina.

Con las niñas puede suceder algo parecido, pero como nacen de una mujer, el proceso de identificación es más sencillo, ya que la misma madre les sirve de modelo. Quizás por esta razón haya una proporción de una lesbiana por cada cuatro homosexuales. Si la niña no hace el proceso de identificación con una madre que apruebe y confirme su feminidad, puede sobrevenir el lesbianismo.

Volvamos al ejemplo del varón. El niño va creciendo con el vacío del amor y de la aceptación que necesita de su padre. Al ingresar en la nueva etapa de la pubertad, la necesidad de amor paterno se erotiza, justo en un momento de descubrimiento y experimentación sexuales propios de esa edad. En esa situación el niño es muy vulnerable a un encuentro homosexual.

Como dice un amigo mío: “El chico sale en búsqueda del amor de su padre en los brazos de otros hombres”. Si siguen los encuentros con otros hombres, el descubrimiento del sexo anónimo, o la ilusión de haber encontrado “la persona” en la compañía de otro hombre, se establece el patrón de conducta que lleva a un estilo de vida homosexual. En otras palabras, el joven busca satisfacer una necesidad emocional con la actividad sexual, por lo que la actividad sexual nunca resolverá el problema.

Sy Rogers, ex presidente … de Exodus Internacional de Norteamérica, me comentaba que el 80% de quienes lo buscaban en su ministerio solicitando ayuda para abandonar la homosexualidad, tenía una historia de abuso sexual en la infancia o adolescencia.

Esto no significa que todas las personas que son abusadas sexualmente serán homosexuales, sino que el abuso sexual contribuye a inhibir el desarrollo psicosexual posibilitando en algunas personas inclinaciones homosexuales.

Por lo que ya hemos dicho, podemos entender por qué las madres no pueden resolver la situación de sus hijos varones. Sucede que ellos necesitan el amor de su padre, un hombre que los ame y les confirme su sexo.

Por esto de nada vale decir: “Fui madre y padre de mis hijos”. Quizás las mujeres pueden cumplir el rol de padres, pero no logran brindar a los hijos varones el amor de un hombre, que tanto necesitan.

Al considerar la estructura y la dinámica familiares de nuestra cultura, apreciamos el grave problema que enfrentamos como sociedad. Lamentablemente, la crianza y la educación religiosa de los hijos han sido delegadas a la mujer.

Me acuerdo de una amigo que me comentaba sobre un conocido suyo que lloró en su presencia al admitir que su hijo era homosexual: “Hice lo que consideré era lo mejor: entregué mis hijos a mi esposa para que ella los criara”.

En líneas generales, a los hombres en nuestra cultura se les ha enseñado a ser machos, a no demostrar sus emociones —mucho menos a otro hombre o a su propio hijo. Es hora de enseñar a los hombres a ser “machos espirituales”: firmes pero tiernos; con decisión pero con comprensión; líderes pero atentos a los deseos de la familia; además fieles a sus esposas, amorosos y con aprobación para con sus hijos. Es la manera de prevenir la homosexualidad.

Pero ¿cómo podemos ayudar a las personas que ya se encuentran en esta situación, que ya son homosexuales? Me gustaría compartir con ustedes algunas ideas provenientes de mi práctica psicoterapéutica.

“Tomado del Consejero Bíblico http://www.luispalau.net, usado con permiso.”

Artículos Relacionados