Vivimos en tiempos donde todo es muy acelerado, la globalización, celulares, televisión, Internet, etc. Nos invitan al famoso: llame ya, adelgace ya. Creo que éstas corrientes tal vez han ingresado en nuestras iglesias buscando cierta celeridad en distintos procesos que a veces desemboca en “ministre ya”, olvidando la esencia de cada actividad.

La música tiene un poder tan grande en nuestras vidas que puede despertar los sentimientos mas sublimes, como también impulsar a la violencia y hasta todo tipo de pasiones carnales. Algunos creen que la música es solamente el arte de combinar los sonidos, sin embargo dista mucho de esto.

Un compañero del conservatorio, de 17 años de edad, excelente pianista, le pedía al profesor que quería tocar el concierto N°3 de Rachmaninov, y siempre le respondía que no; el alumno insistía, decía que casi la sabía de memoria, que conocía la digitación; hasta que el profesor le dijo que todavía no estaba preparado para ese concierto, porque aún no conocía el amor de una mujer, la pasión y la pérdida, por la muerte de ella.

En un programa de televisión de búsqueda de talentos una chica tuvo que cantar “Las olas y el viento”, en el ensayo el profesor le dijo: – Imagínate que…, pero ella interrumpió diciendo que nunca estuvo en el mar. Vio fotos, videos, pero nada fue suficiente hasta que la llevaron a la playa y su forma de interpretación cambió.

Yo pregunto ¿cuánto mas nosotros, con respecto a la música dentro de la iglesia?

El propósito de la música dentro del ámbito cristiano es primordialmente alabar a Dios; es un medio para expresar nuestro sentir hacia Dios, a través del canto y nuestros instrumentos.

Expresar
significa manifestar los pensamientos o impresiones por medio de la palabra, de los gestos o de las actitudes. Dar a conocer. Sin embargo a mucha gente que cree que la alabanza es bíblica, justa y apropiada, no le resulta fácil empezar a alabar a Dios. Entonces surgen excusas como disposición, temperamento, timidez o que no exteriorizan lo que sienten. El hecho es que la Biblia no excusa a nadie en este asunto. David dice, “Todo lo que respira alabe al Señor” (Sal 150:6). Si usted respira, entonces tiene que alabar a Dios.

“Los muertos no alaban al Señor, ni ninguno de los que descienden al silencio” (Sal 115:17).

La alabanza es principalmente la expresión de admiración y aprobación. La alabanza es primeramente un conocimiento interior, personal. Después, es una expresión externa de esa apreciación interna. No se convierte en alabanza hasta su expresión externa. Mientras permanece dentro del corazón y de la mente, es admiración, muy buena pero no es alabanza.

Cuando encuentra su expresión y se convierte en algo sonoro o visible, entonces es alabanza. Esto provoca cierto pesar en mi corazón al ver a músicos y cantantes no alabar o “expresar” cuando no están sobre el púlpito. ¿Será que hay que alabar sólo cuando me toca cantar o tocar? Bueno, ni hablar cuando no expresan en el momento de la ministración. A veces los veo cantar: “Este es mi deseo, honrarte a Ti”, cuando sus rostros parecen decir “deseo estar en la pileta tomando sol”. O los veo tocar: “toma mi corazón es tuyo”, pero la expresión de sus caras dice “ni a mi novia se lo doy”. O chicos encargados del proyector mascando chicle y preocupados por tanto calor.

Los cristianos deberíamos ser la gente más gozosa de la ciudad, nuestro regocijo debería ser obvio y evidente ante toda la comunidad.

Volviendo al tema anterior donde hablábamos de la celeridad de los procesos, me pregunto como estamos preparados para ser parte del “Ministerio de Alabanza”. Algunos piensan que por poseer cierto talento o habilidad musical es suficiente para formar parte de ésta área tan importante dentro de la vida de la iglesia. Me llegó hace poco el siguiente mail, que yo bauticé:

Elementos mínimos, básicos e indispensables para hacer:

- Motivación y Mansedumbre
- Unción y Unidad
- Santidad y Sanidad
- Integridad e Inspiración
- Comunicación y Consagración
- Adoración y Alabanza

Motivación: ¿Dónde esta tu corazón? ¿Cuál es tu motivación para envolverte en la música cristiana? Si tus motivos son el de ministrarle a las almas y darle la gloria a Dios tendrás éxito, si no, fracasarás.

Mansedumbre: Dios resiste a los que se enaltecen, y habita con los de humilde corazón. Si no tienes tu cabeza asegurada en tu cuerpo y los pies firmes en la tierra, te estas preparando para una gran caída. La mansedumbre se demuestra en la forma de ser, modesta, pero asegurada. Uno trae de lo mejor que tiene para ofrecerle al Señor, y El se agrada de nuestros esfuerzos. Si vestimos y actuamos como si fueranos a aparecer en “Domingo Espectacular”, Dios nos llevará a un “Lunes de Humillación”.

Unción: La música debe de ser ungida y así le damos oportunidad al Espíritu Santo de ministrar a través de ella.

Unidad: La música debe de ser una que traiga al pueblo de Dios unidad de espíritu. Debe de unir al pueblo en una onda espiritual que alaba y espera de Dios una bendición nueva.

Santidad: La música debe de motivar al pueblo a participar de la santidad de Dios y disfrutar de un estilo de vida que es caracterizado por los frutos del Espíritu. Esta música te pone a “danzar en el Espíritu” y no a ¡”bailar en la carne”! Música que nos acerca a Dios y nos aleja de los apetitos carnales.

Sanidad: Cuando se ministra en la música que verdaderamente agrada a Dios, debemos de estar en la expectativa de que milagros de sanidad para las emociones, cuerpo, y mente pueden suceder.

Integridad: Si quieres ser activo en la música, tu vida tiene que ser integra para con Dios. Lo que haces en secreto le tiene que agradar a Dios. No puedes ser de doble ánimo. Si en el pulpito “demuestras una vida santa”, pero con tus amistades vives “la vida loca”, no te consideres un seguidor de Cristo.

Inspiración: La música que agrada a Dios te permite entrar en una inspiración de alabanza que sale de lo más profundo, y esta te permite ser espontáneo en la música misma y en la ministración. ¡La música sale inspirada e inspira al oyente!

Comunicación: ¿Cuál es el mensaje de la alabanza? Algunos himnos parecen ser más canciones pop con mensajes superficiales que alabanzas a Dios que comunican el evangelio. Tienen mas ritmo que razón. Mucho estilo, ¡pero poco contenido! Analiza bien lo que vas a decir en tu alabanza, no sea que la confundan con una canción popular. No dejes que ese coro que va a las mil se convierta en un “merengazo” ¡que te lleva al fracaso! Recuerda, la velocidad no necesariamente conduce a la bendición.

Consagración: El músico/cantante tiene que consagrar su vida, su canto, su talento a Dios. Cuando te dedicas a Dios en todo, todo te saldrá bien para la Gloria de Dios.

Alabanza: La música debe de ser una llama que enciende el fuego de la alabanza en el pueblo de Dios.

Adoración: Ensalzamos a Dios con todo nuestro ser y talento y entonces la alabanza se intensifica mas convirtiéndose en una adoración verdadera que abre las puertas para que Dios se manifieste y se mueva como a Él le place.

Sólo le agregaría Actitud que simplemente es la forma de actuar. Nuestra predisposición al servicio puede no ser de tiempo completo pero si debería ser a corazón completo. Debemos tomar este ministerio con la responsabilidad y rigurosidad de un trabajo, estamos haciendo guerra espiritual.

Escuché alguna vez que el diablo puede soportar sermones y profundos estudios de la palabra por horas, pero no soporta ni un minuto de verdadera alabanza y adoración a Dios. La música en la iglesia nunca puede ser simplemente diversión, porque no estamos divirtiendo a nadie, es un arma poderosa que ha ganado batallas no sólo físicas sino también espirituales.

Si la música representa apenas, diversión y algo que te “gusta hacer”, tenés un lindo “hobby”, pero si a través de tu canción te rendís enteramente a Dios, le hablas a muchos de quién es Dios y los momentos de intimidad con Dios son el verdadero placer; entonces éste es tu lugar en la obra del Señor. Estoy cansado de escuchar: “es muy sensible”; “tiene su carácter”; “tiene tal o cual apellido”, “prefiero que toque en la iglesia y no en otro lado” ó “si hago eso se resiente mi talento”.

El ministro de alabanza debe administrar algo que tiene, debe guiar al pueblo (sin duda el ingrediente mas importante de la iglesia son las personas), a la alabanza; a aquellos a los que Dios mas ama; a aquellos por los que envió a su Hijo Jesús a morir en este mundo. Entonces no importa si “tal canción es vieja” o “la hago en tal tonalidad para que no pierda brillo”, lo importante es que la iglesia cante, que la iglesia conozca lo que ya experimentó el que dirige.

Debemos tener cuidado en la elección de letras, ritmos y estilos. Que podamos tocar/cantar “A los pies de Jesucristo” en ritmo de Reggae, Ska, Punk, Rock ó Tango sólo me hace un buen músico, lo que me hace un buen ministro es llevar a la iglesia a la alabanza y adoración. Los músicos que ofrecemos alabanzas con nuestros instrumentos deberíamos intentar hacerlo excepcionalmente bien.

Ya sea que toquemos el bajo, el teclado, el triángulo o nuestras voces, tenemos que esforzarnos por “tocar hábilmente” (Sal 33:3). Esto no significa necesariamente una habilidad en la precisión. No es el ofrecimiento de una habilidad humana de gran destreza. Se trata de una habilidad espiritual más bien que de un talento natural. La habilidad reside no sólo en tocar el instrumento o cantar, más también en la interpretación que agrada al Espíritu.

Entiendo que estamos en un proceso, en un camino de ser como Cristo, tal vez no tengamos todos los ingredientes necesarios para ser un ministro de alabanza y estemos buscando íntimamente la voluntad de Dios por sobre todas las cosas; pero si después de 10 años de tocar/cantar en la iglesia nuestra actitud es la misma estamos en serios aprietos.

Dios es soberano, y puede usar a quien le plazca. Solo me refiero a que no alcanza con saber algunas combinaciones armónicas ó cantar con determinado ímpetu. Uno de los cinco mejores cantantes de mi iglesia es diácono y aparte está a cargo de la intendencia y el mantenimiento. Con esto quiero decir que no sólo por poder realizar una actividad, significa que la tengo que hacer sí o sí. Creo que si tenemos los elementos arriba mencionados podemos trabajar en la alabanza y también en cualquier área de la iglesia.

Recordemos que Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:24), no seamos simples “toca-coritos”.

Fuente: www.iglesiaelfaro.org

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