Alabanza y Adoración

La Creación de un Adorador (Parte II).

En medio de su prueba, Dios envió a su pueblo un mensaje de tres puntos. Dios ordena a Israel hacer tres cosas en medio de su prueba: “No temáis, Estad firmes. Ved la salvación del Señor.” Su llamado a Israel fue, “Voy a pelear por ti. Simplemente deben mantener silencio. Solo estén quietos, y pongan todo en mis manos. Ahora mismo, estoy haciendo una obra en el reino sobrenatural. Todo esta bajo mi control. Así que no tengan pánico. Confíen en que yo estoy luchando contra el diablo. Esta batalla no es de ustedes.”

Pronto la oscuridad cayo sobre el campamento. Este era el principio de la noche tormentosa y oscura de Israel; pero también era el comienzo de la obra sobrenatural de Dios. Él envió un ángel asombroso y protector para que estuviera entre su pueblo y su enemigo. Yo creo que Dios aun envía su ángel protector para acampar alrededor de todos aquellos que lo aman y le temen ( ver Salmo 34:7).

Pero eso no era todo. El Señor también movió la nube sobrenatural que le había dado a Israel para guiarlos. La nube repentinamente se movió de la parte delantera de Israel a la parte trasera del campamento. Y esta pareció como un muro completamente negro delante de los egipcios. El enemigo de Israel no podía ver una pulgada mas allá de este: “para aquellos era una nube tenebrosa,” (Éxodo 14:20).

Sin embargo, al otro lado, la nube proveía una luz sobrenatural, dando a los Israelitas clara visibilidad toda la noche. “Pero a Israel lo alumbraba de noche; por eso, en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros” (14:20).

Querido santo, si eres un hijo de Dios comprado por la sangre, él ha puesto un ángel guerrero entre el diablo y tu. Y él te ordena, así como le mando a Israel, “No temas. Estad quietos. Cree en mi salvación.” Satanás puede venir contra ti respirando toda amenaza malévola. Pero en ningún momento de tu noche tormentosa y oscura, el enemigo es capaz de destruirte.

Aunque el ejército de Faraón estaba en total oscuridad, ellos aun podían levantar sus voces. Y toda la noche, ellos vociferaron amenazas y mentiras al pueblo de Dios: “Una vez que esta noche haya terminado, será el fin para ti, Israel. Mañana, caerás. Vamos a llevarte de nuevo a la esclavitud. Y si te resistes, vamos a matarte. Tu Dios no puede salvarte. Mejor será que te des por vencido, ahora.”

¿Alguna vez has oído tales voces, del otro lado de la oscuridad? ¿El enemigo de tu alma ha martillado tus oídos toda la noche con mentiras y amenazas? Las tiendas de Israel se sacudieron por esta lluvia de mentiras a través de aquella noche oscura. Pero no importaba cuan alto el enemigo los amenazo. Un ángel estaba en guardia para protegerlos. Y Dios había hecho una promesa a su pueblo. Él ya les había dicho que los llevaría a través de esto.
Yo sé lo que es escuchar
estas voces amenazantes.

Recientemente yo tome un viaje a Europa Occidental, donde tuvimos treinta días de conferencias ministeriales en varios países. Cuando celebramos nuestra sesión final, en Budapest, Hungría, yo estaba cansado. Tan pronto como acabe la predicación aquella noche, mi corazón comenzó a palpitar. Repentinamente, comencé a sudar. Me di cuenta que no podía acabar de dirigir la reunión, así que le pedí a mi hijo Gary, que lo hiciera por mí.

Mientras yo bajaba de la plataforma, oí una voz a mis oídos: “Te estas muriendo, David. Acabas de predicar tu ultimo sermón. Antes que el día acabe, tu corazón latirá por ultima vez.” Era una voz mas allá del muro oscuro. Y estaba llena de mentiras, destinadas a producir temor en mi.

Cuando llegue a mi habitación en el hotel, simplemente no podía descansar. La voz todavía estaba allí, amenazando. Me recordó a otros ministros que habían muerto: “Derrote a aquel pastor amigo tuyo. Y destruí a aquel evangelista que conoces. Ahora tu ministerio, se acaba también.”

¡Y hablar de una noche tormentosa y oscura! Aquellas voces infernales bramaban a mí por horas. Finalmente, me arrodille e invoque a Dios: “¿Señor, que esta sucediendo? ¿Qué estoy pasando? Por favor, ayúdame.” Luego el Espíritu Santo me susurró, “David, estas bajo ataque. Todo esto es por que has trastornado el reino del diablo. Cientos de pastores han sido renovados y están nuevamente encendidos. Estoy complacido con tu trabajo. Pero Satanás esta inquieto y enojado. Pero, no temas. Un ángel poderoso ha sido puesto entre tu y el enemigo. No estas en ningún peligro. Solo permanece quieto y descansa en mi.”

Luego, el mes pasado, vi nuevamente como Satanás habla desde atrás del muro oscuro. La mayoría de los lectores de mis mensajes, saben que mi esposa Gwen, tuvo muchas operaciones de cáncer durante los años. Ella también tiene solo un riñón, porque el otro tuvo que ser extraído. Cada vez que vamos a ver a un nuevo doctor, este sacude su cabeza maravillado al ver el largo historial medico de Gwen y su milagro de supervivencia.

Recientemente, Gwen batalló contra una infección en la vejiga. En la oficina del urólogo, el doctor nos dijo, “Temo prescribir medicina para esto. Esto puede dañar su único riñón.” Mientas miraba a mi esposa vi lagrimas llenando sus ojos. Y pude oír la voz dentro de su cabeza en aquel momento: “Tu único riñón va a fallar. Solo es cuestión de tiempo para que venga otra infección.”

¡No!, Me recordé a mí mismo. Como le dije a Gwen mas tarde, “Cariño, tienes un ángel entre tu y aquel enemigo mentiroso. Dios esta a cargo de tus años. No importa la batalla tu enfrentes ahora mismo, él tiene un plan para ti. Tú estas en el centro de su voluntad, así como en la palma de su mano. Y él tiene todo el poder para sobrepasar esto.”

¿Por que Dios permitió que Israel pasara por toda una noche tormentosa, cuando él podría haber pronunciado hablado una mera palabra, y calmar los elementos?

Durante aquella larga noche en Egipto, azotó una tormenta. La Escritura dice: “Moisés extendió su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirara por medio de un recio viento oriental que sopló toda aquella noche. Así se secó el mar y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21). La palabra hebrea para “viento“ aquí significa “exhalación violenta”. En otras palabras, Dios exhaló su aliento toda la noche. Las tiendas donde habitaban los israelitas debieron haber sido sacudidas ferozmente mientras poderosos torrentes soplaban a través el campamento.

Mientras escribo esto, estamos viendo tales poderosas fuerzas del viento en los terribles incendios de California. Cada día, los medios de comunicación traen reportes de cómo estos impredecibles vientos de Santa Ana han expandido estos fuegos consumidores. Y aquellas tormentas de viento están durando días y hasta semanas. El daño que están causando no puede ser calculado.

Esa es la clase de fuerza que debe haber soplado a través del campamento de Israel. El viento tormentoso que Dios había traído era tan poderoso que comenzó a partir las ondas del mar: “Por recio viento… volvió en mar en seco y las aguas quedaron divididas“(14:21).

¡Que tormenta debió haber sido aquella! Y que tiempo temeroso debió ser para Israel. Aquellos vientos feroces seguro sumaron a su temor, mientras oían al enemigo llamar desde mas allá del muro oscuro: “Ustedes son como muertos ahora. Aun si ustedes sobreviven la tormenta, no nos sobrevivieran a nosotros. Todo se acabo. Ustedes y sus hijos no lo sobrevivirán.”

Yo le pregunto, ¿qué hacia Dios aquí? ¿Por que permitiría tan terrible tormenta de viento toda la noche? ¿Por qué simplemente no ordeno a Moisés que tocara las aguas con su manto, y partiera las olas sobrenaturalmente, como ocurrió mas tarde con Elías y Eliseo? ¿Qué posible razón tuvo Dios para que permitiera que esta terrible noche aconteciera?

Había una sola razón: El Señor estaba haciendo adoradores. Dios estaba obrando todo el tiempo; usando esta terrible tormenta para hacer una senda para su pueblo que los sacara de su crisis. Sin embargo, los israelitas no podían verlo en ese momento. Muchos estaban ocultándose en sus tiendas, temblando de miedo y enojados con Dios. Pero aquellos que salieron fueron testigos de un glorioso espectáculo de luz. Ellos también contemplaron la gloriosa vista de olas remontándose, grandiosos muros de agua levantándose para formar un camino seco a través del mar. Cuando el pueblo vio esto, ellos debieron gritar: “Miren, Dios ha usado el viento para hacer un camino para nosotros. ¡Alabado sea Dios!”

Yo creo que la luz sobrenatural provista por esa nube es una imagen de la Palabra de Dios. Nosotros podemos estar escondidos durante una noche tormentosa y oscura, interrogando a Dios. Pero él ha provisto una luz para que veamos que él esta haciendo un camino ante nosotros. Ciertamente, la misma tormenta que nos esta atemorizando es la manera de Dios para formar un camino claro de liberación. Y él usara ese camino para sacarnos de la tormenta. Pero para ver esto, tenemos que venir a la luz de su Palabra, para maravillarnos de sus obras de liberación.
Fue allí, en tierra seca en medio del Mar Rojo,
que Dios busca formar adoradores de su pueblo.

A la mañana siguiente, el campamento entero vio la maravilla que la tormenta había causado: poderosas aguas amontonadas a cada lado. Y ante ellos había un camino de tierra seca, cortando directamente a través del Mar Rojo. Ahora bien, el Señor les mando que marcharan a lo largo de este sendero seco a través del mismo mar.

Tu puedes pensar, “No tomo mucha fe para que Israel obedeciera. Después de todo, ellos estaban sobre tierra seca.” Pero imagínate ir mirando aquellos altos muros de agua. Debió haber una presión como las cataratas del Niagara detrás de ellos. La pregunta era ahora, ¿Aguantaran esos muros? El pueblo probablemente pensó, “Señor, contestaste nuestras oraciones hasta este punto. Tu nos has guiado con seguridad hasta aquí. Pero aun hay peligros delante. ¿Nos protegerás?”

En este punto, Dios deseaba que su pueblo viera que él tenia un plan en mente para ellos todo el tiempo. Primero, él quería que ellos reconocieran que él había sido Dios para ellos todo camino. Él deseaba que ellos supieran que nunca les fallaría, que él tenia el mundo entero (incluyendo a sus enemigos) en sus manos todopoderosas. Estas personas ya habían experimentado sus bendiciones. Ellos habían visto sus promesas cumplidas en cada fase.

Ahora aquí estaba la prueba más grande de todas. Ante de ellos había un camino que los guiaría a la seguridad. En este momento crucial, Dios quería que su pueblo viera aquellos muros y creyera que él sostendría el agua hasta que ellos llegarán seguros al otro lado.

Sencillamente, Dios quería una fe para su pueblo que declarara: “Aquel que comenzó este milagro para nosotros lo terminara. Él ya nos ha demostrado que es fiel.”

“Mientras miramos atrás, vemos que todos nuestros temores, fue tiempo perdido. No debimos temer cuando vimos a los egipcios acercándose. Dios levantó un muro sobrenatural de tinieblas para protegernos de ellos. Y no debimos temer a sus amenazas a través de le noche. Todo el tiempo, Dios nos proveyó con una luz iluminadora, mientras nuestros enemigos estuvieron cegados por la oscuridad. Nosotros también perdimos tiempo al temer a aquellos feroces vientos, cuando todo ese tiempo Dios estaba usándolos para hacer nuestro camino de escape.

“Ahora vemos que Dios desea solo hacernos bien. Hemos visto su poder y gloria a favor nuestro y ahora hemos determinado no vivir mas en temor. No nos importa si aquellos muros de agua se derrumban. Vivos o muertos, somos del Señor. Y estamos en sus manos todo el tiempo. Así que, deja que vengan las olas, si quieren. Como nuestro padre Abraham, estamos buscando una ciudad cuyo constructor y hacedor es Dios.”

Hubo una razón por la que Dios quería este tipo de fe para Israel en este punto. Ellos estaban a punto de enfrentar un viaje a través del desierto. Ellos soportarían privaciones, peligros y sufrimientos. Así que dijo: “Yo quiero que mi pueblo sepa que solo les haré bien. No quiero que tengan miedo de que van a morir cada vez que enfrentan peligro. Yo quiero un pueblo que no tenga miedo de la muerte, porque ellos saben que yo soy digno de confianza en todas las cosas.”

Nunca hubo un instante en que Dios iba a dejar caer aquellos muros de agua. Y él quería la confianza de su pueblo confiara ahora, en este lado del mar. De esa manera, cuando ellos salieron seguros del otro lado, este seria su reposo. Él quería verdaderos adoradores, un pueblo que lo adoraría en todo tiempo, en todas las situaciones.

Ves, un verdadero adorador no es alguien que danza después que la victoria es ganada. No es la persona que canta alabanzas a Dios una vez que el enemigo ha sido vencido. Eso fue lo que hicieron los Israelitas. Una vez que llegaron al otro lado, cantaron y danzaron, alabaron a Dios y enaltecieron su grandeza. Sin embargo, tres días después, este mismo pueblo murmuro amargamente contra Dios, en Marah. Estos no eran adoradores – eran gritadores superficiales. Ellos no habían aprendido de la naturaleza de su amoroso Padre en su tiempo de dificultad. Ellos no habían echado mano del amor de su Señor todopoderosos en medio de su tormenta.

Un verdadero adorador es aquel que ha aprendido a confiar en Dios en la tormenta. La adoración de esta persona no esta solo en sus palabras, sino en su estilo de vida. Su alma esta en reposo en todo momento, porque su confianza en la fidelidad de Dios es inconmovible. El no tiene temor del futuro, porque el ya no tiene temor de morir.

Gwen y yo vimos tal fe inconmovible en nuestra nieta, Tiffany. Sentados al lado de su cama en sus días finales, contemplamos en Tiffany una paz que sobrepasaba todo nuestro entendimiento. Ella me dijo: “Abuelito, quiero irme a casa. He visto ha Jesús, y él dijo que quiere que este allá. No quiero mas estar aquí.” Nuestra Tiffany de doce años de edad había perdido todo temor a la muerte y privaciones.

Ese es el reposo que Dios quiere para su pueblo. Es una confianza que dice, como Pablo, y como Tiffany: “Vivo o muerto, yo soy del Señor.” Esto es lo que hace un verdadero adorador.

Pido a Dios que todos aquellos que leen este mensaje puedan decir en medio de su tormenta: “Si, la economía puede derrumbarse. Si, todavía puedo estar enfrentando una noche oscura y tormentosa. Pero Dios se ha probado fiel a mí. No importa lo que venga, yo descansare en su amor para mí.”

Autor: David Wilkerson.

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Ingrid San Martin

Ingrid San Martin

Editora general de la red PoderyGloria.