alabarEl Salmos cien nos da una pauta, nos ofrece una clave, nos enseña cual es el camino para llegar a Dios, tres verbos, una triple invitación. “Cantad, Servid, Venid” y una triple afirmación, verso tres, y otras ves tres invitaciones verso cuatro. ¿Cómo se llama este camino? Alabanza y adoración.

1. ¿Qué es la alabanza?

No es extraño oír referencias a “la alabanza y la adoración” como si fueran entidades idénticas, o por lo menos se combinaran para formar un todo completo. La alabanza y la adoración son actividades que cooperan mutuamente, y con frecuencia son muy semejantes en la manera de expresión exterior, pero no son la misma cosa.

Cada una tiene su propia esencia y propósito. Algunas iglesias son muy expresivas en su alabanza pero muy introvertidas cuando se trata de la adoración. Y para otras, parece relativamente fácil entrar a la dulzura de la adoración, pero todavía no han aprendido la dinámica de la alabanza. El equilibrio de las dos es más fácil una vez que se reconozcan las diferencias y funciones de la alabanza y la adoración.

1. La esencia de la alabanza

No es difícil entender el concepto de la alabanza, pues hace parte de la vida cotidiana. Se “alaba” a los hijos cuando agradan a los padres; se “alaba” a los empleados por un trabajo bien hecho; y hasta se “alaba” a los perros cuando hacen bien los trucos.

Alabar significa hablar bien de alguien o de sus cualidades, de hecho el primer versículo en el cual se menciona el verbo alabar en la Biblia no está utilizado con referencia a Dios, sino con referencia a la belleza de una mujer, la esposa de Abraham, Sara. Genesis 12:15 dice: “…y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.”

La palabra hebrea usada aquí es halal que significa «Alabar, celebrar, glorificar, cantar, alardear». Encontramos halal más de 160 veces en el Antiguo Testamento De esta palabra proviene aleluya.

Con todo, la alabanza más excelente es la que se dirige a Dios, o algo que se expresa a otros acerca de Dios. Algunas definiciones dadas a la palabra “alabar” en el diccionario destacan su sencillez: “elogiar, celebrar con palabras; decir de algo o alguien cosas que significan aprobación”. Obsérvese el enfoque bidireccional de la alabanza inherente en estas definiciones: Se alaba a Dios directamente al exaltarlo o expresarle admiración; se le alaba indirectamente al hablar bien de Él o exaltarlo delante de los demás. La alabanza se puede dar directamente a Dios, o se puede expresar a otros con referencia a Dios.

La alabanza se preocupa de quién es Dios y lo que ha hecho. Enfoca a su carácter incomparable y los actos maravillosos que ha hecho a favor de sus hijos. Cuando Dios hace algo glorioso por ellos, les encanta elevarle sus alabanzas. Sin embargo, la alabanza no es sólo la reacción de agradecimiento de ellos a su provisión; la alabanza es también muy apropiada aun cuando no se tenga un regalo particular de Dios en mente. Él es digno de alabanza simplemente por ser quién es. Salmos 48:1; Salmos 96:4; Salmos 149:1.

Un aspecto distintivo de la alabanza concierne a su esencia extrovertida. Se caracteriza por la celebración y la alegría, y se expresa con cantos, gritos, expresiones orales, el toque de instrumentos musicales y otras formas externas. Don McMinn dice: “La alabanza debería ser mas parecida a una fiesta que a un funeral” Y Marcos Witt dice: “Muchos equivocadamente hemos pensado que el acercaron a Dios con alegría es sinónimo de irreverencia, cuando la Biblia no tan solo nos enseña que ésta es la forma sino que lo ordena”.

El estudio del Antiguo Testamento, especialmente de los Salmos, revela con claridad que el pueblo hebreo era muy emotivo y expresivo en su alabanza y adoración delante de Dios. Salmos 145:3 Que no se diga que los cristianos contemporáneos son demasiado modernos o refinados para rivalizar con el entusiasmo hebreo por Dios. Dios es glorioso y enérgico y merece la aclamación entusiasta de sus hijos.

El que sólo ha contemplado las maravillas de Dios todavía no ha entrado en la alabanza, La meditación no es alabanza. La alabanza comienza con la mente puesta en Dios, pero entonces esos pensamientos se deben poner en acción para que sean alabanza. Hay personas muy queridas en las iglesias que cruzan los brazos, bajan la cabeza, fruncen los labios y dicen: “Esta es mi manera de alabar al Señor.” Están equivocados porque, primero que todo, no existe una cosa tal como “ni manera” de alabar al Señor; sólo existe “la manera de Dios” que se ha demostrado con claridad en las Escrituras. Y en segundo lugar, la Biblia demuestra que la alabanza se ha de declarar o manifestar. El Salmos 66:8 exhorta: “Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, y haced oír la voz de su alabanza.” La alabanza existe cuando se expresa o demuestra. Es decir, es imposible alabar con la boca cerrada y el cuerpo agachado. En esa posición se puede adorar, meditar, orar o dormir, pero no alabar. El profeta exclamaba:

“Levanta fuertemente tu voz… levántala, no temas” Isaias 40:9. Hay formas de alabanza orales y las que no lo son, pero cualquiera que sea la forma de demostrar la alabanza, los demás se dan cuenta de que ocurre.

Algunos santos temen alzar la voz en la congregación porque alguien podría oírlos o reconocerlos como malos cantantes. Las alabanzas de Dios no se limitan a los que tienen buena voz. Si uno no puede cantar, debe expresar en forma oral las alabanzas de Dios. Si alguien es mudo, puede mostrar las alabanzas de Dios en las expresiones del rostro y el cuerpo.

Vale repetir que no se alaba a Dios de una manera propia. Algunas iglesias se enorgullecen de suministrar un ambiente libre donde la gente puede alabar a Dios a su modo. Eso está bien, pero los cristianos necesitan hacer algo más que sólo alabar de acuerdo con sus sentimientos y deseos. Nunca crecerán y madurarán en sus expresiones de alabanza hasta que estén dispuestos a alabar de la manera que agrada al Señor, del modo que Él quiere que se le alabe.

Las Escrituras muestran con claridad. los modos variados de expresar la alabanza. Las formas bíblicas de alabanza comprenden el espectro de maneras posibles de alabar al Señor, pero Dios no quiere que se imiten sus alabanzas mediante la adaptación legalista a sus demandas. Más bien, quiere que se le alabe de manera auténtica y genuina, incorporando las formas bíblicas de alabanza como sacrificio voluntario. Por eso, si el levantar las manos no es mi manera de alabar a Dios, entonces hay que hacerlo como forma congregacional de alabanza hasta que se convierta en parte natural y genuina de la expresión de alabanza a Dios.

Muchas veces la alabanza es una función de la voluntad. Hay que tener la voluntad y determinación de alabar al Señor, aunque no se tengan deseos de hacerlo. La alabanza no depende de los sentimientos, pues se basa en la grandeza de Dios que es inmutable. David dijo: “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre” Salmos 103:1. A veces uno se siente seco en el espíritu, y entonces uno debe decirle al alma “¡Bendice al Señor, alma mía!” La alabanza debe funcionar según la voluntad y no según las emociones. Hebreos 13:10-15.

Se puede preguntar: “Pero, ¿cómo puedo alabar cuando me siento deprimido?” La respuesta se puede hallar en los Salmos, pues los escribieron hombres que también sufrieron profundas depresiones emocionales. Un salmista describe sus sentimientos de esta manera: “Mi alma está abatida en mí.” Entonces se pregunta: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?” Luego se dice con firmeza: “Espera en Dios.” Su declaración siguiente muestra de modo hermoso la disciplina de la alabanza: “Porque aún he de alabarle” Salmos 42:5-6. El Señor quiere que todos los creyentes lleguen al punto en que decidan alabarlo sin importar cuáles sean los sentimientos y circunstancias.

Cuando se tiene verdaderamente la impresión de la grandeza de Dios, la alabanza viene con facilidad. Una manera deleitosa de concentrarse en el carácter de Dios es estudiando sus nombres. La alabanza en el Antiguo Testamento se interesaba en el nombre de Dios. “Alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno.” Salmos 54:6. “Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre” Salmos 34:3.

Los hebreos alababan el nombre de Dios porque para ellos el nombre de una persona indicaba su carácter. Una vez oí al doctor Judson Cornwall decir que los hebreos aun esperaban unos años para dar el nombre a sus hijos, para escoger nombres de acuerdo con su personalidad. A Dios le agradó esa costumbre y decidió revelar su carácter a los israelitas dándoles varios de sus nombres.

Esto es lo que ocurrió en Exodo 15:26, cuando el Señor dijo: “Pueden llamarme “Jehová-rafah”, pues yo soy el Señor que los sana.” En Génesis 22, Dios se reveló como “Jehová-jireh” cuando quería mostrar que proveería lo necesario a su pueblo. En el último versículo del libro de Ezequiel, Dios dio su nombre “Jehová-sama” que significa “Jehová está allí” Ezequiel 48:35. Dios revelaba su omnipresencia nunca deja ni abandona a los suyos. Por lo tanto, es propio que la alabanza enfoque todo lo que representan los distintos nombres de Dios dados en las Escrituras.

2. ¿Por qué se debe alabar al Señor?

Primero que todo, se le alaba porque así se ordena en su Palabra Salmos 150:1. Obsérvese que Dios no pide que se le alabe. Porque los reyes no piden sino que ordenan. Uno podría preguntar: “¿Por qué Dios exige la alabanza? ¿Es un egoísta que se complace en la adulación?” No es que Dios necesite las alabanzas, sino que sabe que sus hijos necesitan alabarlo. La alabanza no beneficia a Dios (Él es Dios, ya sea que se le alabe o no); Dios ha ordenado la alabanza para el bien de sus hijos.

Samuel Tippit dice: “Eso no significa que el propósito de la alabanza es obtener algo para nuestro beneficio, ya que la verdadera alabanza y la verdadera adoración, no se originan con la necesidad del hombre sino con la dignidad de Dios”. Pero Sólo mediante la alabanza se puede entrar en la relación debida con Él. Sin un corazón agradecido que alabe a Dios, nunca se crecerá en la gracia de Jesucristo. Salmos 100:4.

La segunda razón para alabar a Dios es que Él se entrona en la alabanza Salmos 22:3. Le encanta la alabanza. Se complace tanto en ella que se rodea y cubre con ella. Se alaba a Dios porque a Él le agrada.

Ahora quiero enfocarme a un versículo que es fundamental de mucho de lo que se dirá más adelante. Isaias 60:18 contiene una clave que abrirá muchos pasa es al estudiar el tema de la alabanza. Ese versículo dice: “A tus muros llamaras Salvación, y a tus puertas Alabanza.” La clave es esta: En muchos pasajes que hablan de puertas se encuentra un principio relacionado con la alabanza. Esta clave se ajusta a un versículo relacionado: “Ama Jehová las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob” Salmos 87:2. Al Señor le agradan las alabanzas (puertas) de Sión más que todas las moradas de Jacob. No cabe duda de que Dios responde a sus hijos cuando lo alaban.

En tercer lugar, hay poder en la alabanza. Cuando el creyente deja de pelear sus batallas y se pone a alabar a Dios que ha dicho que peleará por él, Dios queda en libertad para desatar su poder y provisiones a favor del creyente. Se ampliará esta idea en la sección sobre la alabanza como arma en la lucha espiritual y se verá que la alabanza trae victoria, poder, liberación y bendición 2 Cronicas 20:15-22.

En cuarto lugar, se alaba a Dios porque es bueno alabar al Señor Salmos 92:l. Es agradable que los rectos lo alaben Salmos 135:3. Conviene que sus santos lo bendigan.

En quinto lugar, se alaba a Dios porque Él es digno de la alabanza Salmos 48:1; Apocalipsis 4:1. Tómense en consideración estas hermosas palabras de Martín Lutero: “Una persona no puede alabar a Dios solamente, a menos que entienda que no hay nada en ella digno de alabanza, sino que todo lo que es digno de alabanza es de Dios y de Él procede”. Puesto que Dios es eternamente digno de alabanza, porque es el Bien infinito y nunca se puede agotar, por eso lo alabarán por siempre jamás.

En sexto lugar, Dios creó al hombre para que lo alabe. Esto aparece con claridad en las Escrituras. Jeremias 13:11 demuestra que Dios llamó a la casa de Israel a Israel precisamente para su alabanza, renombre y honra. Esto hace eco en 1 Pedro 2:9, que dice: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” Dios ha escogido a los creyentes con el propósito expreso de que declaren sus alabanzas. Isaías lo expresó muy bien: “Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará” Isaias 43:21.

Muchas personas del mundo actual anhelan la satisfacción y la buscan desesperadamente donde no deben. Nunca encontrarán satisfacción completa en su ser interior hasta que entren en una relación debida con Dios por medio de la alabanza. A. W. Tozer dijo bien: “El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir, vivir y estar a la diestra de Dios Padre fue restaurar a sus hijos la joya perdida de la adoración; para que ellos vuelvan y aprendan de nuevo a hacer aquello para lo que fueron creados en primer lugar: adorar al Señor en la hermosura de la santidad.” La alabanza no debiera ser una tarea difícil y ardua de dominar, sino que debiera fluir de la vida del modo más natural. Es en efecto una tendencia normal inherente al cristiano, puesta en él a propósito por el Creador y Padre. La alabanza es una de las cosas más naturales que el creyente puede hacer.

3. ¿Cuándo se debe alabar?

El creyente alaba a Dios, primero que todo, cuando así lo quiere Santiago 5:13. También se alaba a Dios cuando no se quiere Salmos 42:5. A veces la gente acusa: “Su alabanza es puro emocionalismo”; Pero el emocionalismo sigue el dictado de las emociones de uno.

La alabanza es una disciplina que requiere la iniciativa del creyente a pesar de sus emociones. El emocionalismo surge cuando se entra a la alabanza solo si se quiere, y se refrena cuando no se tienen deseos de alabar. No alabar cuando uno no se siente listo para ello es verdadero emocionalismo, es decir, permitir que las emociones dicten el nivel de alabanza. La verdadera alabanza es la antítesis del emocionalismo; se alaba a Dios con entusiasmo ya sea que se tengan ganas de alabarlo, o no.

Obsérvese, por favor, que aunque la alabanza no es emocionalismo, sí es emocional. Conviene alabar al Señor de manera emocional. Dios creó las emociones, y la alabanza es el modo más noble de expresarías. En el Magnificat, María dijo: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” Lucas 1:46-47.

Otra consideración es que el mejor tiempo para alabar al Señor es ahora mismo. A veces el creyente se excusa de su falta de alabanza así: “Señor: Tú sabes que te alabé de veras con todo el corazón el domingo pasado; y sé que entiendes, Señor, que estoy cansado hoy. Mi espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.

Como te alabé con tanto entusiasmo el domingo pasado, sé que no te importa si descanso un poco hoy.” ¿Quién no se ha convencido alguna vez de que se ha ganado un día para no alabar? Todos lo hacen. La Biblia no estipula que se haga la alabanza de una semana en un día. El cuerpo humano no tiene manera de almacenar la vitamina C; o la quema toda o la desecha. De modo semejante, no se puede almacenar la alabanza. Ahora es el momento de alabar al Señor.

El escritor del Salmos 42 se halló con el síndrome del “domingo pasado”: “Me acuerdo de estas cosas… de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía?” Salmos 42:4-5. En esencia decía: “El domingo pasado estuve cantando y gritando con más fuerza que todos, tocando la pandereta, y dirigiendo al pueblo de Dios en las alabanzas.

El culto de adoración de la semana pasada fue glorioso, Señor; Pero, ¿qué pasa esta semana? ¿Por qué estoy tan malhumorado e indispuesto?” ¿No ha experimentado el lector que al salir de uno de esos éxtasis con Dios, se encuentra en una depresión emocional? Si ese es el caso, no es el tiempo para apoyarse en la experiencia pasada y pensar: “Pagué mi deuda la semana pasada.” Es el momento para decir con el salmista: “Aún he de alabarle.”

Las Escrituras hablan del levantarse temprano a bendecir al Señor Salmos 57:8. La Biblia también menciona la alabanza al Señor tarde por la noche Salmos 119:62. Los levitas de la época de David servían delante del Señor veinticuatro horas al día. Esos músicos “de día y de noche estaban en aquella obra” 1 Cronicas 9:33. Imagine estar en el tumo de medianoche con el deber de ofrecer alabanza continua delante del Señor. Aquellos hombres ciertamente sabían lo que significa alabar al Señor.

El Señor ha llamado a sus hijos, en calidad de sacerdotes del Nuevo Testamento, a que “ofrezcamos siempre a Dios… sacrificio de alabanza” Hebreos 13:15, lo cual se hace posible por la plenitud del Espíritu Santo. La palabra sacrificio (Griego thusia) viene de la raíz thuo, verbo que significa matar por un propósito. La alabanza con frecuencia requiere que matemos nuestro orgullo, temor dejadez o cualquier cosa que amenace disminuir nuestra adoración al Señor.

El meollo del asunto es que hay que alabar al Señor en todo tiempo Salmos 34:1. No importa la hora del día, ni dónde se encuentre uno, siempre es conveniente bendecir al Señor.

¿Es apropiado alabar al Señor en la adversidad, cuando todo sale mal? La respuesta se hace oír: ¡Sí! El profeta Habacuc del Antiguo Testamento dio su remedio para cuando todo sale mal:

Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya frutos,
Aunque falte el producto del olivo,
Y los labrados no den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vacas en los corrales;
Con todo, yo me alegraré en Jehová,
Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
Habacuc 3:17-18

Una traducción moderna de este pasaje podría ser así:

Aunque la economía sea inestable,
y el desempleo aumente,
aunque el comunismo crezca,
y el terrorismo abunde,
aunque el auto falle
y mi esposa se quede varada en el centro,
aunque mi hijo se rompa un brazo
y se agote el seguro médico,
aún me gozaré en el Señor,
estaré alegre en Dios mi Salvador.

No es hipocresía alabar al Señor en la adversidad; ese es precisamente el tiempo cuando hay que levantar la voz en alabanza a Dios. Es la voluntad de Dios que se ofrezcan acciones de gracias en todas las situaciones en que se encuentre el cristiano.

4. ¿Dónde se debe alabar?

Si se ha de alabar al Señor en todo tiempo, se concluye que también se le debe alabar en todo lugar. Un versículo aun habla de alabar al Señor cuando se está en casa y en la cama Salmos 149:5.

El Salmos 113:3 declara: “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.” A primera vista esto parece significar que desde la alborada hasta el anochecer se debe alabar al Señor. Esa es una aplicación apropiada de ese texto, pero todavía hay otra manera de interpretarlo. Como el sol sale en el oriente y se pone en el occidente, este versículo declara que desde el oriente hasta el occidente, a través de todo el horizonte, se ha de alabar el nombre del Señor. Si se pudiera viajar bastante lejos para ir más allá del este o el oeste, se estaría en una tierra donde no se necesitaría alabar al Señor.

Las Escrituras ponen muy en claro que hay ciertos lugares donde la alabanza al Señor es apropiada. Parece que Dios da importancia primaria a la alabanza en la congregación de los santos. Parece complacerse de modo especial en las alabanzas de la congregación. Muchos versículos de los Salmos respaldan lo dicho Salmos 22:22,25; Salmos 26:8,12; Salmos 27:4; Salmos 35:18; Salmos 68:24-26; Salmos 69:9; Salmos 107:32; Salmos 122:1.

Más adelante se tratará de los muchos beneficios que resultan de la alabanza a Dios en la congregación. Seguro que el Señor se complace en la unidad y la variedad características de la adoración congregacional. Hay un tipo especial de unidad cuando el Pueblo de Dios levanta la voz con la misma melodía y palabras al unísono en alabanza a Dios.

Con todo, hay lugar para mucha diversidad de expresión en la alabanza y la adoración congregacionales. Hay quienes sugieren que los adoradores se deben levantar y sentar, alzar las manos, aplaudir, hablar y cantar juntos, todo el tiempo. En ocasiones eso puede ser propio, pero el Espíritu de Dios inspira esa unidad, sin que uno tenga que exigirla. Con frecuencia, es muy conveniente que una amplia variedad de expresiones de alabanza y adoración asciendan simultáneamente.

El incienso usado en el lugar santísimo de Moisés se componía de varias fragancias diferentes para producir lo que Dios deseaba. Como símbolo, esto demuestra que la variedad de la alabanza en la congregación le complace mucho a Dios. Algunos pueden estar de pie, otros de rodillas, algunos con las manos levantadas y otros danzando. Esto no es desorden, sino variedad ordenada.

Algunas personas no distinguen entre la unidad en el cuerpo de Cristo y la uniformidad con una norma establecida. Dios creó individuos con personalidad única, y el Señor se complace cuando cada uno le expresa lo que tiene en el corazón de conformidad con su personalidad. Al Señor no le agrada la uniformidad que se puede obtener sólo mediante el control y la manipulación sociales. Le complace la unidad que viene en el Espíritu, cuando todos se unen al Señor único en adoración y amor. De modo que hay que alzar la voz junto con los santos de la congregación, sin descuidar la asamblea, y unánimes magnificar y exaltar el nombre del Señor.

Otro lugar donde es especialmente conveniente cantar alabanzas a Dios es delante de todos los hombres y las naciones Salmos 40:3; Salmos 96:3. Por estos y otros versículos se ve claro que la alabanza de Dios nunca fue exclusivamente para los oídos de los santos. Dios siempre se ha propuesto que su alabanza se declare delante de los incrédulos y el mundo, para que oigan hablar de las proezas de Dios y observen el canto de sus alabanzas gloriosas. El Salmos 40:3 expresa lo que pasa cuando a los pecadores se les confronta con las alabanzas de Dios: verán y temerán, y pondrán su confianza en el Señor.

5. ¿Cómo se debe alabar al Señor?

Como se dijo antes, no se alaba al Señor de un modo particular, sino de la manera que Él quiere, como se ha expuesto en las Escrituras para beneficio de los creyentes. Con el examen de la Biblia se determina la manera como Dios quiere que se le alabe.

El levantar de manos es una forma común de alabanza hallada en numerosos pasajes de las Escrituras Nehemias 8:6; Salmos 28:2; Salmos 63:4; Salmos 134:2; Salmos 141:2; 1 Timoteo 2:8; y otros). ¿Alguna vez se ha preguntado el lector por qué la Biblia dice que se alcen las manos hacia el Señor? Las siguientes son unas razones destacadas de por qué el Señor ha inculcado esa forma de alabanza en los creyentes.

Primero, hay que volver al tabernáculo del AT, donde Moisés se encontraba con Dios. Numeros 7:89 lo llama “el tabernáculo de reunión”, donde Moisés y el Señor hablaban. Este versículo dice que el Señor le hablaba a Moisés “de encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines”. 1 Samuel 4:4 declara que el Señor Todopoderoso moraba entre los querubines”.

Las alas de aquellos querubines se extendían sobre el arca del pacto con el propiciatorio, y las puntas de las alas se tocaban por encima. Cuando se alzan las manos al Señor, se puede imaginar ese acto como una representación moderna de esos querubines, siendo los brazos extendidos la contraparte de sus alas. Es allí, entre las alas de los querubines (las manos levantadas), donde el Señor dijo que se encontraría con los suyos. 1 Crónicas 13:6 habla de “Jehová Dios, que mora entre los querubines [del arca], sobre la cual su nombre es invocado”. En tanto que los creyentes levantan las manos hacia Él y mencionan su nombre, Él les habla y se comunican.

Yo veía una segunda razón para levantar las manos en la manera como mi hijo me saludaba cuando todavía era muy Pequeño. Cuando yo volvía a casa de la oficina, a la hora de la cena, él me saludaba junto a la puerta con las manos extendidas y una mirada que decía: “¡Levántame, papá!” Él quería que le diera un abrazo muy estrecho. De modo semejante, cuando extiendo las manos hacia el Señor, le digo: “Levántame, papá Dios. Abrázame junto al corazón. Quiero estar cerca de ti.”

Durante mi tiempo de oración privada, descubrí un tercer valor del levantamiento de las manos. Me di cuenta de que cuando tenía las manos levantadas hacia el Señor, podía concentrarme mejor en la tarea de la oración, y no se me distraía la mente en otras cosas impertinentes. A muchos les cuesta trabajo impedir las distracciones en los cultos de alabanza, y el levantamiento de las manos les ayuda a controlar esa tendencia.

Como cuarta consideración, pregúntese el lector lo que haría si alguien se le acercara por detrás, le pusiera un revolver en la espalda y dijera: ” ¡Manos arriba!” ¿Qué haría? Correcto. Levantaría las manos. El ladrón exige esa postura porque con los brazos levantados la persona queda en una posición vulnerable e indefensa. El boxeador baja los brazos al pecho para protegerse de su oponente.

Al cruzar los brazos, se asume una posición de protección. Al levantar las manos, sin embargo, se le dice al Señor que se quiere abrir el corazón y la vida a su Espíritu Santo. Esta es una de las cosas más difíciles de hacer. Se aprende pronto a mantener a otros a distancia, y a seleccionar a los que de veras se les permite acercarse a uno.

Si verdaderamente se quiere agradar al Señor en la alabanza y la adoración, hay que bajar las defensas y darle acceso a lo más recóndito del corazón. Muchas veces se puede saber qué tan abierta está la gente al Señor sólo con observar la posición del cuerpo, y si tienen los brazos cruzados o levantados hacia el Señor.

Por último, al levantar las manos se recibe simbólicamente todo lo que Dios hace en la vida del creyente. Así se indica la buena voluntad de aceptar y recibir todo lo que Dios tiene para sus hijos. Hay personas que se preguntan por qué pasan por tiempos difíciles y piensan que Dios es su enemigo. Estas personas necesitan extender los brazos para recibir la amable disciplina del Señor, descansando en la seguridad de que Él sabe más acerca de su situación que ellos mismos, y que Él obra en su vida para bien. Al extender los brazos hacia el Señor, el creyente demuestra cuánto lo anhela.

Otra forma común de alabanza en el cuerpo de Cristo hoy día es el palmoteo. Sólo un versículo, Salmos 47:1, en toda la Biblia habla directamente de gente que bate las manos o palmotea para alabar a Dios. (Hay algunas referencias a ríos que baten las manos y árboles que dan palmadas de aplauso Salmos 98:8; Isaias 55:121. ¿Es posible que la falta de referencias al palmoteo dé una indicación sobre la importancia y el valor relativos de esta forma de alabanza? El palmoteo en la alabanza es propio, pero tal vez se exagera a veces o se le da mucho énfasis.

He estado en cultos de alabanza donde había mucho palmoteo y toque de panderos, pero cuando el palmoteo terminaba y se acababa el ruido, no quedaba nada. Era como “metal que resuena, o címbalo que retiñe”. No había profundidad en la alabanza, era sólo ruido. Es importante que se una el palmoteo al corazón que asciende hacia el Señor porque, sin la participación del corazón, el palmoteo carece de significado. Al estudiar las formas hebreas de la alabanza, no se tiene la impresión de que el palmoteo fuera para llevar el compás. Más bien, tenía el propósito de ser sólo otra forma de “aclamar con júbilo” al Señor.

Los hebreos hacían mucho ruido en sus expresiones de alabanza al Señor, y todavía es propio que se alabe a Dios con aclamaciones de júbilo. Cuando el corazón rebosa de alabanza a Dios, la reacción humana normal es dar expresión a esa alabanza con gritos de júbilo y palmoteo. Sin embargo, hay que tener cuidado de que la alabanza constituya más que sólo ruido y que sea una reacción profunda del corazón hacia Dios.

El AT está repleto de referencias al toque de instrumentos musicales en alabanza a Dios. Martín Lutero dijo: “El diablo odia la música porque no puede soportar el regocijo… Satanás puede sonreírse con afectación pero no puede reír; pude mofarse, pero no puede cantar”. Las actitudes de Lutero y Calvino respecto del uso de la música muestran un desacuerdo con relación a la verdad de un estilo cristiano particular.

“Lutero había proclamado abiertamente su deseo de usar toda la música disponible, incluyendo la más obviamente secular, para el culto en la iglesia . . . Calvino, rechaza absolutamente la implementación de recursos musicales existentes, en su comentario al Salmo 33, dice: Los instrumentos musicales para solemnizar las alabanzas de Dios no serían más apropiados que la quema de incienso, el uso de luces y velas, y la restauración de otras sombras de la ley”.

Se han escrito panfletos y artículos para tratar de demostrar por qué no se debieran usar instrumentos musicales en las iglesias; los escritores de la mayoría de tales declaraciones procedían de un ambiente eclesiástico histórico donde se prohibía el toque de instrumentos Los que usan instrumentos musicales en la alabanza deben tener cuidado de no depender demasiado de ellos, a tal punto que cuando la música termine, cesen la alabanza y la adoración.

La alabanza debe ascender a Dios aun cuando no se disponga de instrumentos; Samuel Tippit dijo: “La música es un vehículo, y por si sola no es adoración. Por el contrario, es un medio por el cual el creyente lleva al corazón de Dios los sentimientos más profundos de su corazón. Es un método para expresar nuestro amor a Dios. Sin embargo, el método nunca debe remplazar la esencia de la adoración.” “Por lo tanto, debemos tener debemos tener cuidado de no permitir que nuestra música se una gran exposición de nuestro talento”. pero Dios ha ordenado el uso de instrumentos musicales para facilitar la alabanza.

Al crear al hombre, le dio sensibilidad musical para reaccionar a la buena música, debemos tener en cuenta que los componente de la música son ritmo, armonía y melodía. Los ritmos (pulsaciones) motivan el cuerpo, las armonías (sonidos dulces) motivan el alma, y las melodías (las palabras) o lo que confesamos motivan el Espíritu. Concerniente al profeta Eliseo se dice: “Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová fue sobre Elíseo” 2 Reyes 3:15. La música ayudaba a crear la correcta atmósfera para los ejercicios de devoción espiritual. Ver. 1 Samuel 10:5.

El AT demuestra que los instrumentos musicales son algo más que cosas que se tocan para acompañar la adoración, y que son en si una alabanza a Dios Salmos 150:3-5.

Otra forma de alabanza es la posición de pie. En el tabernáculo del AT Dios dio instrucciones explicitas para que se hicieran muchos muebles según ciertas especificaciones para ponerlos en el interior; pero no incluyó sillas. Los sacerdotes estaban de pie delante del Señor en la realización de su servicio. La posición de pie es una expresión apropiada de alabanza para los creyentes contemporáneos que son el sacerdocio del NT. Hay muchos versículos en la Biblia que muestran que estar de pie es una postura propia para la alabanza y la adoración 2 Cronicas 5:12; 2 Cronicas 7:6; 2 Cronicas 29:26; Salmos 135:2; Apocalipsis 4:9-11.

La posición de pie desempeña dos funciones importantes en la alabanza. La primera tiene que ver con el respeto. Cuando hay una reunión de signatarios y entra el presidente del país, todos se ponen de pie por respeto a su posición. ¿Por qué, pues, cuando los hermanos se reúnen para celebrar la presencia del Rey de reyes se quedan sentados? En la escena de la adoración celestial de Apocalipsis, el Rey está sentado en el trono, y todos los demás están de pie alrededor. Él se sienta, y los creyentes se ponen de pie.

La segunda función de la posición de pie es para indicar que se pone atención. Sé que cuando me siento mi capacidad de concentración tiende a disminuir. Se me neutraliza la mente y me pongo a divagar. Una variedad asombrosa de ideas puede aparecer en la mente cuando es el momento de orar o alabar al Señor. La mente es el campo de batalla de Satanás, quien se deleita en distraer al creyente de la adoración al ponerlo a pensar en preocupaciones y problemas.
La exhortación es a “ni [dar] lugar al diablo” Efesios 4:27, y el estar de pie puede ayudar a evitar las tácticas del diablo al mantener la mente alerta. Cuando la alabanza es vibrante y real, la gente no quiere sentarse; cuando el culto es lento y aburrido, todos quieren sentarse. El estar de pie va junto con la alabanza, porque cuando la congregación se levanta todos se sienten estimulados a permanecer alerta y contribuir al culto.

Las posiciones de rodillas, inclinado y postrado del creyente son muy a propósito en la alabanza o la adoración Salmos 95:6; Apocalipsis 19:4. La forma más dominante de adoración que se ve en el cielo en Apocalipsis es la postración. Muchos himnos se refieren a la inclinación delante del Señor en adoración, pero es muy rara la iglesia que practica tal forma de adoración al cantar estos himnos. Es apropiado representar lo que se le dice al Señor. Si al cantar se menciona el levantamiento de las manos hacia el Señor, hay que hacerlo; si se canta sobre la inclinación y la postración delante de Él, entonces conviene hacerlo así.

Algunas iglesias se regocijan delante del Señor, pero muy rara vez parecen entrar a la dimensión del temor reverente en la presencia de Dios. Hay un versículo que une esos dos polos muy bien: “Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor” Salmos 2:1. Todo el gozo y el regocijo deben fluir de una actitud de amor y temor delante del Altísimo.

El canto es probablemente la forma más común de alabanza que se emplea hoy día. Las Escrituras están tan llenas de admoniciones a que se cante al Señor que no citaré ninguna referencia aquí, pero los Salmos en particular abundan en ellas.

Alguien podría preguntar: “¿Por qué no expresar la alabanza hablando solamente? ¿Por qué hay que cantarla?” La respuesta está en la belleza de la música. Supóngase, por ejemplo, que en una congregación se rece: “Aleluya, aleluya, aleluya.” Eso no beneficiaría mucho a nadie, ¿verdad? Ahora imagínese lo que pasa cuando se cantan esas palabras sencillas con la hermosa tonada bien conocida. El corazón se eleva al Señor, y el espíritu se conmueve en la presencia de Dios.

Esta es una experiencia ultrarracional en la que uno más uno es igual a tres, en la que las palabras más la música son igual a algo más que palabras y música. Las palabras de la canción pueden ser muy significativas, pero cuando van acompañadas de la melodía embellecedora, el mensaje de la canción se puede expresar con mucho más significado. Dios ha dado la música como regalo muy especial, Pues sabe cuánto ayuda a levantar el corazón del creyente en alabanza a Él.

Se debe alabar al Señor en forma audible. La alabanza no es alabanza hasta que se exprese en voz alta Salmos 26:7. Cuando le enseñábamos a nuestro hijo Joel a ir al baño, lo alabábamos como refuerzo positivo para indicar la satisfacción que nos daba su uso del inodoro. Si tan sólo lo hubiéramos mirado pensando en su desempeño, se hubiera quedado en pañales mucho más tiempo. Al expresar nuestra admiración, invocamos el instrumento de la alabanza y él respondió de modo favorable. En realidad no se alaba al Señor hasta que se alabe en voz alta. Lo que se piensa de Dios debe ser audible antes que se considere alabanza.

La alabanza debe ser manifiesta. La alabanza que no es audible, debe ser visible. La alabanza puede ser hablada, o se puede expresar por los movimientos del cuerpo. Por eso la danza es una forma apropiada de alabanza. Algunas personas consideran que la danza no es una forma válida de alabanza, pero un vistazo a cualquier concordancia demuestra que la danza se encuentra en varias partes de las Escrituras, por ejemplo, en Exodo 15:20-21; 2 Samuel 6:14-16; Salmos 30:1; Salmos 149:3; Hechos 3:8.

El valor de la danza está en la acción física que exige. Requiere que se pongan a un lado las inhibiciones y se haga uso de todo el cuerpo. El apóstol Pablo hizo una declaración que aclara esta verdad. Dijo: “No vino primero lo espiritual sino lo natural, y después lo espiritual” 1 Corintios 15:46, (NVI). Primero es lo natural, luego lo espiritual. Se debe iniciar una acción física para conocer una acción espiritual subsecuente. La meta es la acción en el espíritu, pero a veces no se logra hasta que se ponga en acción el cuerpo; de allí el valor del levantamiento de las manos, la inclinación, la danza, etcétera.

El Señor dice que hay que amarlo de todo corazón, alma, mente y fuerzas Marcos 12:30. ¿Cuántos han deseado poder expresar su amor al Señor de manera más abundante, incluso con todas las fuerzas? La danza es un medio para lograrlo. David danzaba delante del Señor con mucho ánimo porque era la única manera de poder dar completa expresión al corazón. Si alguien quiere alabar al Señor con toda su fuerza en la congregación, no se debe acostar en el suelo y hacer flexiones de pecho, pues esa no es la forma bíblica de alabar a Dios con toda la fuerza, pero la danza sí. El hombre es una criatura muy física, y el Señor se complace cuando los creyentes lo alaban con todo su ser: espíritu, alma y cuerpo.

Algunos pastores temen permitir la danza en sus iglesias porque creen que se perderá el control; pero ¿hasta dónde los ha puesto la conservación de tradiciones en el pasado? Es más fácil contener a un fanático que levantar un cadáver. A demasiados santos de Dios se les ha impedido la entrada a una experiencia más profunda en el Señor, sólo porque los pastores no estaban dispuestos a iniciar una acción física. Tengo una advertencia fuerte para los que no danzan o quisieran desanimar a los que lo hacen: Cuídense de lo que dicen en contra de la danza. Si Dios está en ella, nadie prosperará hablando mal de ella. Hay que aprender la lección de Uza, quien tocó el arca de Dios y murió. Hay que tener cuidado de no tocar nada que sea de Dios, porque algo morirá en el espíritu del que trate de detener lo que Dios hace.

La danza no tiene valor en sí, pero la acción espiritual que puede producir es valiosa. Por lo general, si el creyente se abstiene de acciones físicas delante del Señor, es una señal de que también se abstiene de acciones espirituales delante de Él. La intervención de Dios se ve impedida por las reservas del espíritu. Si el creyente retiene la alabanza en el corazón, limita el movimiento de Dios en medio de él; pero si quita los impedimentos físicos y es bastante sencillo para danzar delante del Señor con todas sus fuerzas, descubrirá que las barreras espirituales también desaparecerán, y Dios tendrá mayor libertad de acción en él.

La aclamación también es una forma de alabanza. Las Escrituras exhortan a “aclama[r] a Dios con voz de júbilo” Salmos 47:l. (Véanse los Salmos 66:1; Salmos 1:13; Salmos 95:1-2; Salmos 98:4-6. La palabra hebrea hilel, de donde procede “aleluya”, significa “gritar en voz alta o dar un grito, especialmente un grito de alegría”.

Los Israelitas eran famosos en Canaán por su grito de combate . Cuando alzaban la voz para gritar, el enemigo comenzaba a temblar de miedo. Ellos sabían bien lo que el grito representaba y como, comenzando en Jericó, ese grito de batalla inició la victoria de Israel. Era un grito de alabanza. Es un triste día para la Iglesia cuando el grito de alabanza ya no se oiga.

Hablar en lenguas es una manera hermosa de alabar al Señor Cuánto se aprecia el precioso don del bautismo del Espíritu Santo que Jesús le dio a su Iglesia, junto con la señal de hablar en lenguas. El creyente halla una liberación muy grande o puede expresar sus alabanzas al Señor, directamente de su espíritu a Él. Los que todavía no han tenido la experiencia de hablar en lenguas deben desearla de veras. La alabanza carecerá de cierto dinamismo y flujo hasta que el creyente conozca la bendición de la alabanza en otras lenguas bajo la dirección del Espíritu.

No importa cuándo, dónde, ni cómo se alabe al Señor, hay que lo con todo el ser Salmos 103:1. En Marcos 12:30 Jesús destacó el mandamiento más importante de todos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” Este es el pináculo de la alabanza: amar y alabar a Dios con todas las fuerzas del ser completo del creyente.

A menudo, al cantar el Salmos 103:1, he observado personas que cantan sin convicción las palabras: “Y bendiga toda mi ser su santo nombre. “Ya es hora de que se deje de usar expresiones gastadas en la alabanza, y se comience a reforzar las palabras con movimientos físicos que reflejen el corazón rebosante de alabanzas. En esto se resume la alabanza, en que se haga con gozo.

Fuente: Iglesia Latina.

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