Alabanza y Adoración

El orden divino en la alabanza: el Incienso (1a parte)

El Altar del Incienso del Tabernáculo de Moisés nos muestra el orden divino para la adoración (Ex. 30:1-10). Aunque no estaba dentro del lugar santísimo, donde se encontraba el Arca del Pacto y donde descendía la presencia de Dios, era el mueble más cercano a ese lugar, solo separado por un velo (He. 9:4, se refiere a él como un mueble perteneciente al lugar santísimo). Cuando Jehová le ordena a Moisés que construya ese altar, le da instrucciones precisas sobre sus dimensiones y los materiales con los que debía estar fabricado. El Altar del Incienso, situado frente al Arca del Pacto, es una figura de nuestra adoración dirigida a nuestro Señor Jesucristo.

Lo primero que encontramos en el mandato de Dios para conservar la santidad de este altar es que estaba prohibido quemar sobre él “incienso extraño” (Ex. 30:9). El incienso corresponde a la materia prima de nuestra alabanza, es decir, las palabras que utilizamos en ella. En Ap. 8:3,4 encontramos que el incienso era agregado a las oraciones de los santos –esto es a sus palabras— después de un periodo de silencio. La alabanza requiere de palabras por definición, de acuerdo a lo que dice He.13:15: “Así que, ofrezcamos por medio de él á Dios siempre sacrificio de alabanza, es á saber, fruto de labios que confiesen á su nombre”.

Así como no hay sahumerio posible sin incienso, tampoco hay alabanza posible sin el uso de palabras. Interpretar instrumentalmente un canto, es decir, la música sin la letra, puede servir como tema de fondo al final de una predicación, o para acompañar un tiempo de oración, o simplemente para ejercitar un instrumento, pero no es suficiente para la adoración a Dios, pues ésta requiere del componente verbal. Mucho menos si se trata de un performance de instrumentos musicales, que se compone de una secuencia de acordes o ritmos que, bien ensamblada, puede oírse bien, pero que no constituyen una alabanza como tal.

Introducir conceptos ajenos o contrarios a la Palabra de Dios en la letra de nuestra alabanza es ofrecer un incienso extraño al Señor. En la actualidad, hay muchos cantantes y grupos cristianos cuyas composiciones musicales no mencionan explícitamente a Dios. Con el fin de hacer producciones comerciales y que puedan venderse en el mercado más amplio posible, tanto religioso como secular, los mensajes de estos compositores usan ciertas expresiones bíblicas para que los cristianos las identifiquen como música evangélica, pero sin llegar a mencionar a Dios abiertamente, y así pasar desapercibidos como música secular a fin de ser aceptados por el público no cristiano.

Recuerdo el concierto de un grupo evangélico español, que tocaba al aire libre, en la Puerta del Sol, en un evento de corte evangelístico; lo único que había en la letra de la canción era: “Imparable, imparable es el amor, imparable es el amor, imparable es el amor…” ¿El amor de quién?, me pregunté. Los jóvenes se acercaban curiosos atraídos por la música, tan rítmica, tan actual. Se notaba que los muchachos se lo estaban pasando muy bien, pero no era más que la “tocada” de una banda como cualquier otra, sin mensaje evangélico concreto, sin hablar explícitamente de la salvación de Jesucristo y, por consiguiente, sin producir en aquellos jóvenes una pizca de conciencia de Dios.

Hay letras muy poéticas en ciertas alabanzas cristianas y que pueden pasar como válidas, pero son en realidad puntos de vista personales, inclusive muchas de ellas difieren de lo que la Palabra de Dios dice. Por ejemplo, los cantos dirigidos al Espíritu Santo podrían parecer correctos, pero la Biblia nos dice: “Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás” (Ap. 5:13). En ninguna parte de la Biblia encontramos una adoración al Espíritu Santo, por lo que debemos ser cuidadosos cuando escogemos un canto que se refiera a esa persona de la Trinidad.

El incienso extraño es muy fácil de identificar, tiene un color y aroma distintos al incienso de Dios y se puede detectar inclusive desde antes de quemarlo. Si la letra de una alabanza no resiste el análisis de la Palabra de Dios puede desecharse sin dificultad. Las composiciones que no mencionan a Dios, que solo hablan de la naturaleza, del hombre mismo, o de conceptos contrarios a las verdades bíblicas, por muy poéticas que sean, desprenderán un aroma ajeno que difícilmente será recibido en las alturas (Ex. 30:34-38).

Fuente: universocristiano.com

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Ingrid San Martin

Ingrid San Martin

Editora general de la red PoderyGloria.