dedvocionDebemos entender que hay cosas que pueden pasar en nuestra relación con Jesús que como una enfermedad invisible puede carcomer la fe que tenemos hoy sin darnos cuenta.

Juan 21: Este capítulo cierra la revelación de Jesús hecho carne. Este capítulo es tremendo, no podría concebir cerrar mejor los 4 evangelios que con ese capítulo en particular porque describe algo en lo que tenemos que reflexionar.

Juan 21:1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera:
Aquí dice: Después de “esto”… ¿Qué es “esto”? Esta historia habla de ese último fin de semana terrible en el que Jesús fue traicionado por Judas, el fin de semana donde todos sus amigos se fueron, el fin de semana en el que fue torturado y en aquella mesa, en aquella cena antes de que todo esto pasara Jesús sabiendo lo que iba a suceder le dijo a sus discípulos “He deseado tomar este vino y partir este pan con ustedes porque voy a sufrir” y les cuenta lo que va a pasar, entonces hay un ruido entre los discípulos cuando empiezan a preguntarse entre ellos qué era lo que iba a pasar con el Maestro, entonces preguntan: “Señor ¿Cómo te vamos a traicionar?”. Pedro, aquel hombre atrevido, aquel hombre que habla muy rápido aparentemente dice: “Señor, aunque todos te dejaren, yo no, yo daría mi vida por ti, que libre Dios a la persona que quiera ponerte un dedo encima, yo lo mato” y volteándose Jesús a Pedro le dice “Pedro esta misma noche antes que el gallo cante dos veces me habrás negado tres”.

Horas después cuando Jesús está siendo apresado, Pedro se lanza sobre aquel hombre y le tira la espada y les aseguro que no iba hacia la oreja, el hombre se escapó de morir. Pedro le cortó la oreja y fue hasta allí donde llegó la lealtad de Pedro, porque cuando notó que Jesús no iba a echarse atrás en su plan salió huyendo y todos los discípulos también, entonces se llevan a Jesús y lo torturan, Pedro no aguantando quedarse atrás anduvo en el patio preguntando qué había pasado con Jesús y entonces tratando de acercarse a una hoguera para calentarse porque hacía frío una mujer lo descubre y le dice: “Tu eres uno de ellos” y Pedro gritó y dijo: “Juro por el cielo que no lo conozco” y se metió detrás de una columna, estaba temblando de pies a cabeza, se quedó mudo, quizá tapándose la boca con la mano preguntándose “¿De dónde salió eso, qué fue lo que dije?”. Poco tiempo después le vuelven a decir “Tú eres uno de ellos” y Pedro entre maldiciones jura otra vez y dice: “Yo juro por el cielo que no conozco a ese hombre” y la pesadez de esa noche de traición comienza a envolver a Pedro con un frío tremendo que no era sólo el frío del aire sino en los huesos, se sentía ese frío de la muerte que estaba tocando las puertas de todos y en el momento en el que estaba con tantos pensamientos en su mente vuelve otra vez las palabras de alguien más diciendo que él era uno de los que andaba con Jesús porque hablaba igual que ellos y juró maldiciendo y entonces el gallo cantó y en ese instante en el que Jesús estaba a la vista de Pedro lo volteó a ver y estoy seguro que en la mirada de Jesús no había un “Te lo dije” sino un “Pedro recuerda lo que te dije que he orado por ti para que después de esto tu seas restaurado, yo te perdono” Pero Pedro no pudo, salió y lloró amargamente como nadie imagina, quizá usted ha estado en un momento como esos y saber que uno ama a Jesús hasta que se da la ocasión para negarlo, a veces con palabras, a veces con hechos.

Cuando reviso la historia mi pregunta es: ¿Qué le había pasado a Pedro, qué le había pasado a aquel hombre que se había tirado al piso cuando Jesús multiplicó los peces, cuando Jesús hizo el milagro y le dijo “apártate de mí que soy hombre pecador y sé que eres un hombre santo”? ¿Qué le pasó a ese Pedro que se tiró al piso y le dijo “yo sé quién tu eres, tu eres el Hijo del Dios Altísimo”? ¿Qué le pasó a ese Pedro que vio a Jesús resucitar y sanar gente? ¿Qué le pasó a Pedro que caminó sobre las aguas bajo la orden de Jesús? Cómo puede una persona que haya vivido, comido, dormido, que ha bebido de esa espiritualidad que Jesús tiene. ¿Qué pudo haberle pasado a Pedro que ni Pedro se dio cuenta?

Hago esta reflexión porque me asusta darme cuenta que uno de los padres fundadores de la Iglesia pasara por una cosa semejante, porque si a un padre de la Iglesia le pasó yo me digo a mí mismo: “A mí me puede pasar también”. Voy a ser más honesto y más sincero… me ha pasado, y asumo que a muchos de ustedes también. El problema es que nos puede pasar y no darnos cuenta, porque Pedro estaba ocupado sanando enfermos, liberando demonios y haciendo la obra que Jesús le mandó a hacer, pero no sabía que en medio de todo lo maravilloso que vivía a raíz de que vivía bajo la sombra del Maestro en algún momento dejó que algo pasara con él y su relación con Jesús y por eso estoy hablando de esto, porque reconozco que esta es una iglesia llena de deseo y pasión por Jesús, esta palabra viene a manera de ánimo y de advertencia, porque su propio Pastor que me decía “Yo me resisto a la idea que un día se hable del avivamiento que hubo en Guatemala, por eso estamos discipulando a la gente”.

Debemos entender que hay cosas que pueden pasar en nuestra relación con Jesús que como una enfermedad invisible puede carcomer la fe que usted y yo tenemos el día de hoy sin darnos cuenta, como le pasó a Pedro, hasta que la tentación delata la enfermedad que tiene un corazón que una vez estuvo encendido por Jesús, ¿Qué fue lo que Pedro perdió? Lo defino en una sola palabra, Pedro perdió la “DEVOCION”, devoción es un concepto no muy hablado, es una palabra ambigua el día de hoy porque yo cuando pienso en esa palabra es cuando yo tenía ocho años y veía pasar a una señora toda vestida de color café, con túnicas largas, un cordón en la cintura y un escudo que tenía un corazón y una llama encendida, cuando miraba a estas señoras pasar le preguntaba a mi mamá por qué ellas se vestían así y ella me decía que ellas eran “devotas de”. En mí país me hablaban de personas que caminaban de rodillas por kilómetros y me explicaban que eran personas “devotas de” entonces no me gustaba esa palabra, pero esa palabra es poderosa.

Devoción es la actitud de corazón con que el hombre está dispuesto y es pronto para honrar a Dios y hacer su voluntad, y me doy cuenta al usar esa definición añadida a otro concepto que dice “afecto profundo”, o también otra definición que dice “práctica piadosa no obligatoria”. La definición que yo le doy ahora es: “Conexión de corazón a corazón, de ojo a ojo con Jesús que nos revela que él es nuestro Dios y que nosotros le pertenecemos con todo nuestro ser a él”. Ese vínculo que descubrimos el día que por primera vez le vimos a los ojos y supimos que aunque habían tres mil personas él nos estaba hablando a nosotros y nos estaba llamando, o como me sucedió a mí cuando una mujer en el parque de mi pueblo que se acercó a mí mientras yo jugaba y me habló de Jesús y en los ojos de ella descubrí los ojos de Jesús, un brillo, un amor de Dios que yo nunca había sentido hasta en ese momento que me hablaron de Jesús supe que el tiempo se había detenido, como que todo lo demás había perdido color y de pronto lo tenía en frente mío diciéndome “Estoy tocando a la puerta y llamo, ábreme la puerta” y supe en ese momento que él me deseaba.

Jesús descubre a Pedro mientras él trataba de pescar otra vez después de la resurrección cuando les llama y sucede el milagro de la multiplicación de los peces otra vez, Pedro salta al agua y nada tan rápido como puede y llega a la orilla de la playa y vea lo que dice en Juan 21:9 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Jesús mismo está cocinando para Pedro.

Cuando uno pierde la devoción a Dios esa prontitud, esa disposición de hacer su voluntad y adorarlo, el único lugar donde se recupera no es haciendo cosas para Jesús, es estando con Jesús, el único lugar donde Pedro podía recuperar eso era sentado con su Maestro como lo hacía cuando todo comenzó. Nunca dejes de invitar al Maestro a sentarse en la mesa de tu casa a tomar el café contigo, hablar a solas porque sólo en ese lugar cuando uno descubre a Jesús pensando en uno, mirándolo a uno, se enciende el fuego otra vez.

La segunda cosa que aviva la devoción en el corazón de la gente es la confrontación. Jesús a Pedro “Pedro ¿Me amas?” Y Pedro contesta “Si Señor, te quiero”. Segunda pregunta, “Pedro ¿me amas?”, si Señor “te quiero”, tercera pregunta “Pedro ¿entonces me quieres? Y Pedro entristecido, descubierto le dice: “Señor, se ve qué tu lo sabes todo porque hasta el viernes creía que yo te amaba” (amor ágape, sinónimo de “devoción” afecto profundo, amar a alguien con mente, voluntad y emociones al punto de estar dispuesto a sacrificarse por esa persona). Pedro creía que amaba a Jesús, pero para recobrar la devoción es necesaria la confrontación de Jesús que nos enseña que no estamos donde creíamos. Necesitamos una obra de arrepentimiento que nos despierte a decir: “Yo te quiero, pero quiero amarte, no te quiero querer como un amigo”, esa era la respuesta de Pedro: “Yo te amo” pero ese “te amo” en griego significa te quiero como un amigo, Jesús vuelve a preguntarle “¿Me amas?” y Pedro vuelve a responderle que “te quiero” y Jesús vuelve a preguntarle hasta que no puede más con su autoengaño y le dice: “tu lo sabes todo Señor”. La segunda cosa que necesitas es aceptar la confrontación de Dios.

La tercera cosa es en la escuela de la dependencia. Jesús le dice a Pedro: “Pedro, hoy inicias un proceso nuevo en tu vida porque estoy a punto de irme, pero lo que va a pasar entre tú y yo va a ser más fuerte que cuando caminaba físicamente contigo” y le explica: “Cuando eras joven, inmaduro ibas a donde querías y hacías lo que te daba la gana y fallaste porque has vivido en la fuerza de tu carne, pero viene un día en el que serás maduro alguien te va a tomar las manos y te va a llevar a dónde no querías ir”. Le estaba diciendo a Pedro que iba a ser guiado por otro. A mí me gusta hacer lo que me da la gana, soy un ser humano, me gusta ir a donde quiero, me gusta tratar de demostrarle a la gente y a Dios que yo puedo, lo triste y difícil es que tengo que llegar a un punto en el reconozco que no puedo y que necesito que otro venga me tome las manos y me guíe y eso sólo pude pasar cuando aprendo a depender completamente de él.

Pídele a Dios que te examine, que saque todo lo que tus ojos no ven y que te guíe en el camino eterno, porque sólo él puede hacerlo, pon tu corazón delante de él y ríndete para que él haga su voluntad en ti.

Autor: Danilo Montero, tomado de ministros.org

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