El orden divino en la alabanza: la música espiritual (3a parte)
¿Cómo reconocer la música espiritual? ¿Cómo saber si la música utilizada en nuestras iglesias es correcta para alabar a Dios? Algunos piensan que la música es amoral, que por tratarse de un arte no es posible calificarla como mala o buena, pero esto es en realidad un error. La música es una expresión del espíritu de quien la crea y ministra directamente al espíritu de quien la escucha. Por esa razón Saúl recibía refrigerio en su espíritu cuando David tocaba el arpa (1° S. 16:23). Por eso es muy importante aprender a distinguir el fuego extraño en nuestra alabanza (ver entrega anterior).
La proporción entre los componentes de la música
Así como el ser humano se compone del espíritu, alma y cuerpo, la música se compone de melodía, armonía y ritmo. Cualquier tratado de teoría musical lo menciona en ese orden.
El discípulo aprende a través de sus experiencias. Muchas de sus experiencias, pero no todas viene por sus sentidos. El aprendizaje es generalmente mejor cuando el alumno usa más de un sólo sentido a la vez. El buen maestro o líder recuerda, sin embargo, que no todas las experiencias pueden provenir de sus sentidos. Hay muchas clases de experiencias, algunas son experiencias de la realidad como golpearse el dedo con un martillo o ir de viaje, algunas son ficticias o imaginarias, por ejemplo cuando se toma parte en una comedia o drama.
El segundo elemento que encontramos referente a la santidad del Altar del Incienso es el fuego de Dios que quema el incienso para elevar el aroma correcto. El fuego debía tomarse del altar de los sacrificios y ser depositado en el incensario del sacerdote para que éste lo pudiera mecer y así llenar toda la casa del Señor con un aroma delicado. El fuego del altar, es figura de la música que proviene de Dios. La música es un catalizador que eleva la adoración de los santos. El fuego es muy importante y Dios se refiere en tres ocasiones al “fuego extraño” que los hijos de Aarón ofrecieron a Jehová (Lev. 10:11; Num. 4:4; 26:61).
Se dice que nosotros los latinoamericanos somos machistas y que en nuestras casas se hace lo que nosotros decimos y no lo que nuestras esposas dicen. Pero yo he sido testigo muchas veces de hogares donde ese dicho de los latinoamericanos no se cumplen, puesto que en muchos hogares que yo he visto, los que dirigen la casa son las mujeres y no los hombres.
Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dado la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. Efesios 4:1-8
El Altar del Incienso del Tabernáculo de Moisés nos muestra el orden divino para la adoración (Ex. 30:1-10). Aunque no estaba dentro del lugar santísimo, donde se encontraba el Arca del Pacto y donde descendía la presencia de Dios, era el mueble más cercano a ese lugar, solo separado por un velo (He. 9:4, se refiere a él como un mueble perteneciente al lugar santísimo). Cuando Jehová le ordena a Moisés que construya ese altar, le da instrucciones precisas sobre sus dimensiones y los materiales con los que debía estar fabricado. El Altar del Incienso, situado frente al Arca del Pacto, es una figura de nuestra adoración dirigida a nuestro Señor Jesucristo.
El liderazgo cristiano es algo muy peculiar porque al contrario del liderazgo secular, el liderazgo cristiano es un llamado de parte de Dios. Una selección. Dios nos llama, nos separa y nos impone una carga que demanda abnegación de parte de aquel que lo recibe y acepta.
El noviazgo como se practica en la actualidad es realmente una invención humana. En la Palabra de Dios no se menciona la palabra «noviazgo», ni hay alguna referencia a una relación entre hombre y mujer o dinámica similar al noviazgo tal como se entiende ahora. Las palabras «Novia» y «Novio» aparecen en el Antiguo Testamento para referirse a quienes contraen nupcias en una boda. En el libro de Cantares se usa la palabra «amiga», pero no es una «girlfriend» como se conoce ahora, sino que se refiere a la esposa.